sábado, 11 de marzo de 2017

Dos pesadillas y media.








Tengo la rara capacidad de modificar voluntariamente mis sueños cuando duermo, si es que estos me desagradan o me aburren. A veces cambio tanto los detalles en ellos, que desvirtúo el escenario entero. Y termino despertando, porque mi propio sueño me parece demasiado absurdo ya para seguir creyéndolo. No es una alegoría. Me ocurre exactamente así, al dormir. Aunque es verdad que, con la vida consciente (si es que existe tal cosa ¿estamos de verdad despiertos del todo alguna vez?) me pasa algo parecido, igual que a todo el mundo: me dejo llevar por el engaño (propio o ajeno) sólo hasta cierto punto. Y cuando ya no aguanto más la farsa, hago mutis o cambio de canal.

 Segismundo consideraba una vulgar “ficción” la vida, porque en ella cualquier bien era pequeño. Para Hamlet, la ficción (el sueño) era la muerte misma, en cambio. Así que se preguntaba si morir sería lo mismo que soñar, después de todo. Y añadía que lo único que alejaba al ser humano de procurarse un final en masa como especie en un suicidio colectivo, ante la evidencia de una vida tan llena de pesares e injusticias, era la posibilidad de que ese sueño de la muerte fuese la pesadilla peor de todas. Mucho más cruda aún que el tormento de estar vivo y coleando en aguas turbias (y turbulentas, como en un mal sueño).

 Yo, pesadillas tengo pocas. Pero cuando las tengo, las recuerdo bien. A veces, uso mi capacidad para modificar los sueños con el fin de suavizarlas un poquito. Si sueño que un tigre me ataca, lo convierto en un gato. Si sueño que me ahogo en el mar, me salen branquias…  Aunque, como en la vida (relativamente) consciente, esa cuya “pesadumbre” no se iguala a nada según un célebre poema del normalmente positivo y cantarín Rubén Darío (lo escribió tras la pesadilla de perder a un buen amigo), a mí hay malos sueños que sí me ganan la partida. Y otras veces no, pues al final puedo yo con ellos. Y como en la propia vida en general, cuando pierdo alguna vez, siempre acabo despertando...

 Ahí van tres (angustiosos) sueños reales míos como muestra, muy recientes. No me los invento. Ni una coma. Los cuento tal como sucedieron, sin añadido ni adorno literario alguno.

El primero lo pude cambiar. El segundo, no. Y el tercero cambió él solito a mi favor, con un giro inesperado propio de una película de suspense.

 Disfruten la literatura de mis sueños, que yo gocé (más bien padecí) en aquello que antaño  llamaban algunos “el cine de las sábanas blancas”. El más barato, por cierto, y de paso el menos previsible: los malos (como yo) también salen ganando en él alguna vez, cuando tienen la suerte de vencer sus pesadillas.   

   
                                                                                   UNO

Un hombre de larga camisa blanca invadió mi dormitorio. Llevaba un cuchillo en la mano, y se lanzó contra mí para apuñalarme, sin más preámbulos. Me levanté de la cama en mi sueño (que sentí real, creyendo que él me despertaba), y le planté cara con valor. Pero no pude frenar su intención homicida. Me clavaba el cuchillo una y otra vez, con saña. Y yo sentía ese dolor terrible desgarrándome la carne. Pero me seguí enfrentando a él, sin desfallecer pese al terrible sufrimiento (el dolor físico soñado lo siento como verdadero). Le miraba fijo a sus desmesurados ojos de loco. Trataba de disuadirle, de convencerle. No sé qué palabras le dije (ya no recordé eso al despertar). Pero sí sé que le hablé como a un sensible ser humano, y no como al monstruo que me agredía cruelmente sin previa explicación y sin misericordia alguna.  

 Llegado a un punto de dolor insoportable mío (que no consiguió hacerme despertar) el criminal cedió al final a mi tozuda entereza. Cuando su cuerpo adulto se encogió sin más. Transformándose en un inocente bebé, que terminó descansando plácidamente en mis brazos salpicados por mi propia sangre.  Al final desperté, fue demasiado estresante la experiencia. Pero no lo hice angustiado, sino pensativo…

 (Por si acaso, no lo hagan ustedes en casa: ni siquiera en sueños. No actúen como yo. Mejor escóndanse, o huyan si pueden).
                                                                       

                                                                                   DOS


No sé por qué, estaba a la puerta de un aula de preescolar, sin animarme a entrar dentro. Había una maestra y niños en babi, la típica bata protectora azul. Un hombre con aspecto de mendigo (que quizás era yo mismo, quién sabe) sí pidió acceder. La maestra le invitó dentro. Pero con él se coló en el aula un macaco, un pequeño mono que enseguida trepó a un elevado estante en el que reposaban unos cubos geométricos con letras del abecedario. Mientras la maestra y el mendigo charlaban entre sí sin verle, observé cómo el primate ordenaba aquellas letras, hasta lograr una combinación extraña, para mí incoherente. Pero cuando hizo eso, en el liso muro del aula se abrió un hueco, de repente. Y fue como si se abriese la misma puerta del infierno, entonces. Se asomaron allí dos seres monstruosos, con un aspecto similar al Saturno devorador del cuadro de Goya. Tras ellos, se intuían más monstruos goyescos. Y mi reacción fue salir huyendo despavorido, en cuanto pusieron el primer pie fuera de esa insólita ventana oscura. 

 En mi carrera al aire libre, me encontré en una ciudad desierta. Como si yo estuviera allí en absoluta soledad, amenazado en la evidencia de mi condenación propia (es un decir, no soy creyente). Todo parecía estar a medio hacer, lleno de obras públicas: sacos de cemento, picos y palas, grúas… pero sin gente. Cerca de una hormigonera, pasé por encima de una especie de nicho de cemento seco enmarcado en madera, similar a una tumba en el suelo. De hecho, asomó de él el brazo de un esqueleto, que intentó agarrarme el pie, aunque conseguí zafarme. Y esa vez sí desperté angustiado, pese a salir relativamente airoso.

                                

                                                                                  TRES

Me molestaban los odiosos ladridos del perro del vecino, en plena noche. Me despertaron (o eso pensé yo, pues en la realidad seguía durmiendo), y aproveché para ir a la cocina a beber agua, envuelto en una bata. Lo hice orientándome a oscuras, como hago siempre. Pero al volver a mi dormitorio me despisté, maldiciendo al perro que seguía ladrando. Y, en vez de dirigirme a la cama, me encaminé a un gran espejo en el lado opuesto. El cual no existe en la realidad (en mi realidad), sólo estaba en ese sueño...  Cuando lo intuí y me di cuenta del error, ya me había llevado el espejo por delante. Pero no lo rompí ni me hice corte alguno: lo atravesé limpiamente. Y me encontré, sin más, en plena calle, frente al edificio donde vivo…

 Por fortuna llevaba unas llaves de casa en la bata (suelo bajar con ella puesta la basura), así que abrí el portal y luego la puerta de mi domicilio, sin problemas. Me encaminé de nuevo a mi dormitorio en la penumbra. Ya no se escuchaban los ladridos, y sentí que algo no encajaba. Sí era mi casa, con igual distribución y arquitectura, pero no lo era del todo. Me dio miedo encender la luz para acabar de comprobar el cambio. Por algún raro motivo, prefería no saber…  Todo era casi idéntico allí, pero variaban algunos detalles: el pasillo que crucé hasta mi habitación era exacto al mío, pero se vislumbraba un pequeño cuadro en la pared, que antes no estaba. En el dormitorio había una estantería con libros, la que queda justo enfrente de mi cama. Pero me pareció que faltaban algunos volúmenes… Y la propia cama era casi exacta a como es la mía. Pero las perfectas esferas de madera que la adornan en sus cuatro ángulos, estaban algo achatadas en los polos, en mi sueño. Como el planeta en el que mi cama gira y gira (lo mismo que mis ilusiones) junto a las demás camas del mundo…

 Por un instante, temí haberme equivocado de piso. Pero eso (pensé) no tenía sentido: las llaves de mi bata abrieron bien la puerta. Y, una vez que estuve bajo el edredón envuelto en sábanas, identifiqué bien mi propio olor allí, mi calor y mi particular presencia.   

 Simplemente, preferí ignorar los cambios leves. Sólo quería dormirme de una vez (aunque ya estaba dormido), y me hundí más en la almohada. Entonces me atravesó un escalofrío, en plena oscuridad. Me di cuenta de que no estaba solo en aquella habitación a medias mía y también soñada a medias. Noté una respiración profunda, y enseguida un cálido aliento. Y humedad.
  
No quería hacerme daño alguno. Tan sólo me lamió la mano, mansamente.  



                
                                                                              *   *   *

Eso es todo. Ahí quedan tres sueños de los que terminé despertando. Aunque quizá no del tercero… Desde que lo soñé, tengo un nuevo amigo que me acompaña por las noches. En total silencio.



Bonifacio Álvarez.

10 comentarios:

  1. Boni, pues yo si sueño-vivo que salgo a la calle en pelota o casi, deambulo un poco por la ciudad desierta, pateo a un jabalí que come desperdicios en un bidón del back street de una churrería, y regreso a casa, abro la puerta con el llavín, noto un olor distinto al habitual, un cuadro infame que desconozco está colgado sobre la consola del hall, voy derecho al dormitorio, me acuesto.... y noto que alguien está durmiendo a mi lado, extiendo la mano por debajo de las sábanas, toco muslo satinado que no es de la familia y..., pues que me quedo.
    Saludos, Boni.

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  2. Tú sí te meterías en casa del vecino (y su parienta)... Ya sabes, a las malas te tocará esconderte en el armario.

    Yo de los muslos imprevistos no me fío. Una vez se coló un súcubo, así todo sensual, por la ventana de mi dormitorio. Pero sólo quería conversación (tengo mala suerte).

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  3. Peor hubiera sido que te tocara íncubo y quisiese holganza.

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    1. En ese caso, atravesaría de vuelta el espejo. Para desentenderme, digo...

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  4. Sueños, un asunto que conviene tratar de la forma más rigurosa que cabe. ¿Hay un velo que confunde la realidad con ellos y viceversa? Qué se lo cuenten a Segismundo, mi personaje de teatro preferido. Peor sería como en los famosos versos del gran poeta alemán, Heinrich Heine, que sólo fuésemos retazos oníricos de otro, en este caso de un Dios que además esté ebrio. Por lo que sus efusiones serán tan disparatadas como una humanidad que se enzarza continuamente en conflictos irresolubles, en vez de soñar con nuestras vidas: "
    " La vida y el mundo son el sueño de un dios ebrio, que escapa silencioso del banquete divino y se va a dormir a una estrella solitaria, ignorando que crea cuanto sueña... Y las imágenes de ese sueño se presentan, ahora con una abigarrada extravagancia, ahora armoniosas y razonables... La Ilíada, Platón, la batalla de Maratón, la Venus de Médicis, el Munster de Estrasburgo, la Revolución Francesa, Hegel, los barcos de vapor, son pensamientos desprendidos de ese largo sueño. Pero un día el dios despertará frotándose los ojos adormilados y sonreirá, y nuestro mundo se hundirá en la nada sin haber existido jamás. " Muy buena entrada, Bonifacio. Aun cuando no sea más que un sueño, no te perdonamos que bajes la basura con batín. Tus rendidos admiradores te veíamos luciendo un pañuelo de Hermes con la gracia de Umbral ( se lo había regalado dicen que un gran de España). Te pedimos, dado que puedes modificar los sueños a voluntad, que te acuestes y te levantes de smoking, para no desmerecer la imagen que nos hemos formado de ti, a tenor de tus brillantes post. Es broma, Bonifacio, espero que no te haya sentado mal y cuídate.

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  5. Creo que Descartes tenía razón en que, al menos, tenemos la certeza de nuestro propio “yo”, y eso sí que no es un sueño. Otra cosa es que ese “yo” sea múltiple, y se mueva en planos que no podemos comprender y, como mucho, logramos intuir a veces (por ejemplo, en nuestros sueños).

    Hoy, por ejemplo, tuve un sueño hermoso, que es demasiado personal e íntimo para contarlo aquí. Y precisamente ese sueño, me hizo sentir más real y vivo, muy lejos de ser el mero objeto del sueño de un tercero.

    Yo eso de los pares conciencia/inconsciencia, realidad/ficción, razón/irracionalidad (que son versiones de lo mismo), lo veo como un iceberg que a veces emerge más o menos. Por ejemplo, emerge bastante cuando el despertador suena, y mucho más cuando muere un ser querido (por ejemplo) y la realidad nos abofetea. Pero ese iceberg siempre tiene una zona sumergida permanente, que está lejos de nuestra visión y entendimiento. Porque parte de nuestra propia consciencia (uno de los dos cabos de la cuerda) está siempre hundida en esa misma zona, y no podemos verla desde fuera para analizar bien lo que es. (A esa incertidumbre de base, se agarran las creencias religiosas y esotéricas, pretendiendo falsamente tener una respuesta)

    En resumen, creo que la vida no es un sueño en sí (ni nosotros lo somos), pero sí que es algo soñado (ficticio) en buena parte.

    Como lo que te dije de ver la realidad a través de un periscopio en un submarino hundido. Vamos girando el instrumento para construir el panorama total exterior que nos envuelve, sumándole instantáneas (eso hace la ciencia). Pero no podemos ver el submarino nunca (salvo quizás el periscopio por fuera, cuando asoma en nuestros sueños). Y no podemos verlo porque siempre estamos dentro de él, sencillamente.

    P.D. No lo conté todo. La basura la bajo en una bolsa de Gucci ¿qué pensabas?. Y pañuelo no, pero sí llevo bufanda (en invierno, claro. Sospecho que umbral se ponía el pañuelo hasta en la playa).

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  6. Por lo que veo eres un freudiano contumaz( es broma). Estoy de acuerdo con la importancia del mundo de los sueños y la ligazón que existe con la consciencia. Aflora con vehemencia y dureza cuando nos pone frente a sucesos dramáticos, y en muchas ocasiones, está silente mientras estamos imbuidos en la molicie cotidiana.

    Un abrazo, y no sé por qué, pero casi todas nuestras conversaciones derivan en filosofía/psicología. Por ahí te mueves cómodamente. Yo me tendré que sentar en el diván, ya que últimamente estoy demasiado filosófico.

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  7. No me creerás, pero venía pensando en lo de Freud para contestarte, y un señor mayor me golpeó sin querer con su paraguas cerrado (ni siquiera estaba lloviendo). Y me trabó con él, encima. Tuvimos que parar los dos.

    Te diré lo que repito en estos casos.

    Como todo lo que hace furor en un momento histórico, el psicoanálisis se "trabó" también al pretender explicarlo absolutamente todo... bajo su paraguas. Incluso lo que no cabe debajo. Y degeneró en una especie de religión laica dogmática (lo mismo pasó con el marxismo, por ejemplo).

    Pero en cuanto al funcionamiento del inconsciente (y los sueños) Freud no desbarró tanto, si se leen sus libros bien. Su error (y el de sus discípulos) fue, repito, prentender abarcar todo y rellenar huecos de manera poco o nada científica (con palabrería, muchas veces). En todo caso, donde él no llegó a la hora de explicar bien nuestra interacción con la parte oculta/dormida de nuestra mente (que sí que existe, y que él intuyó bien), tendría que llegar la ciencia moderna (como la física cuántica, por ejemplo), si es que logra hacerlo. Aunque no parece que esté por la labor siquiera. Tiene otras prioridades. Y Freud cavó su propia tumba teórica al desbarrar demasiado, como para que le sigan la corriente hoy día, fuera de las pocas escuelas psiconalíticas que quedan (y que son pura endogamia).

    En todo caso, no se pueden responder las preguntas más difíciles sobre nuestra conciencia y su interacción con el medio físico, metido en un despacho mesándose la barba. Aunque seas Freud.

    Otro abrazo.

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  8. Esa foto me lleva a los tiempos de "Historias para no dormir". El mismo tema de la puerta entreabierta de la habitación a oscuras. Solo falta el alarido de terror...

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  9. Yo siempre pienso en el protagonista de El corazón delator, de Poe. Cuando gira el picaporte de la puerta del viejo lentísimamente, y luego va asomando dentro la cabeza también de forma parsimoniosa, para entrar secretamente a matarle.

    Ibañez Serrador creo que adaptó algún cuento de él en esa serie, por cierto.

    Y sí, recuerdo haber visto la cabecera con la puerta y el letrero de "Historias para no dormir". Aunque yo no había nacido cuando la emitieron y no vi reposiciones (si es que las hubo).

    Saludos y gracias por asomarte a mi puerta.

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