sábado, 29 de abril de 2017

«El infierno está lleno de gente» Segundo acto y Entremés de Juan Gatillo.











                            
 Segundo acto de tres de mi comedia surrealista sobre la realidad intemporal y también reciente... Y un entremés clásico (satírico) en verso, previo al acto final que publicaré próximamente.

Si hay alguna errata, discúlpenla. Faltan detalles por pulir y lo escribí todo subido a un elefante muy nervioso.

 Aquí está el primer acto:

http://paraguascongoteras.blogspot.com.es/2017/04/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html
  

 La versión final con los tres actos, la publicaré aquí mismo en PDF.





                                                           2º Acto:


 Despacho de abogado del presidente del Gobierno, en un bonito chalet de las afueras. Al fondo y a la izquierda de la escena, una mesa amplia con sillón de cuero y un ordenador.

A la izquierda de la mesa, una silla cómoda para las visitas –de perfil al público, no de espaldas—. A la derecha de la mesa, una taquilla cerrada. Más allá de la taquilla, la entrada a un vestidor cubierta por una cortina. Entre la taquilla y el vestidor, en la pared, numerosos diplomas.

En el flanco izquierdo de la habitación, dos puertas. Entre ambas, un sencillo perchero de pie.  La puerta más lejana a la platea da a la calle, y queda cerca de la mesa. La más cercana a la platea es corredera y encierra un misterio…

  En el flanco derecho, está la salida al jardín, y también una vidriera que permite ver un poco la vegetación. Cerca de la cristalera hay un gran sofá, al borde casi de la escena. Colocado éste en diagonal, mirando a la platea. De forma que se pueda ver desde la mesa de despacho a quienes están sentados, y también los pueda ver el público.

Se abre el telón, y Alicia está vestida de andar por casa, leyendo un libro en el sofá. Suena el timbre de la calle y se levanta a abrir. Entra un hombre vestido como un campesino, con una bolsa en la mano)

AGRICULTOR

 Buenos días, venía por lo del anuncio…

ALICIA

Sí, siéntese ahí (le indica el sofá). No tardarán en atenderle.

(Él se sienta en el sofá con la bolsa, en el extremo más cercano a la mesa. Y ella en el otro extremo con su libro, que en realidad es una guía de viajes. Él intenta ojear la guía, incomodando a Alicia que se aparta más de él. Enseguida se oyen voces procedentes del jardín, y entra un guardaespaldas vestido de chándal y con gafas oscuras. Comprueba el interior del despacho con actitud profesional, llevándose la mano al pinganillo de su oreja)

GUARDAESPALDAS (Mirando hacia el jardín)

 Todo en orden, puede pasar señor presi… (Se interrumpe a media palabra y disimula, pensando en el agricultor sentado) Adelante…

 (El presidente entra en chándal oscuro y con gafas oscuras también, trotando para no perder la forma. Al mismo trote, le acompaña dentro otro guardaespaldas, también con ropa deportiva y gafas. El primero que entró, se une a los otros en el trote, como en un calentamiento conjunto a tres, muy coordinado. El presidente se quita las gafas y mira su reloj, dando por terminado el ejercicio)

PRESIDENTE (Resoplando)

 ¡Suficiente! Setenta pulsaciones en ejercicio intensivo. Ahí lo dejo, no sea que me infarte (Y a los guardaespaldas):

 »Podéis iros. Y quitaos las hombreras, para que no os reconozcan

 (Se quitan las hombreras bajo la chaqueta de su chándal, y hacen mutis. Se va primero el que entró antes en escena. Y el presidente detiene a tiempo al otro, que casi sale al jardín):

 Tú espera, Juan. Ven un minuto (El aludido se acerca al presidente cuando el otro ya se ha ido, quitándose las gafas)
 
JUAN (Muy serio, con las hombreras y las gafas en la misma mano)

 ¿Qué se le ofrece, señor?

(El presidente ha acudido a la taquilla junto a la mesa. Se quita la chaqueta del chándal. Debajo tiene una camisa de vestir. Se pone una americana de la taquilla sobre ella, y también una corbata con el nudo ya hecho)

El PRESIDENTE (Mientras se viste)

 No seas tan formal, hombre. Entonces ¿os vais hoy por fin Marta y tú?

JUAN (Más relajado)

 Sí, y quiero agradecerle de nuevo todo lo que ha hecho por nosotros. Yo a ella la amo tanto… ¡fue un flechazo! Apenas nos conocemos hace un mes. Y de pronto, nos vamos los dos juntos a vivir a otro país…Es una locura, pero así se cumplirán los sueños de  ambos, gracias a usted. Yo, seré guardaespaldas del presidente de los Estados Unidos… ¡Es increíble! ¡El sueño de todo guardaespaldas! ¡Y Marta, podrá usar su formación académica por fin, como intérprete en la ONU! ¡Muchas gracias, de verdad!  

PRESIDENTE

 Bueno, bueno… De nada, pero lo tuyo es un intercambio diplomático… Y solo estarás en periodo de prueba, no lo olvides. Tendrás que cumplir bien, o volverás aquí…

JUAN (Muy sensato)

 Lo sé. Daré la talla.



PRESIDENTE (Por Marta)

Y ella ya veremos…El caso es que sois jóvenes, y es bueno que exploréis nuevos horizontes. Y por mí que no quede, espero que sea para bien

 JUAN

 No le defraudaremos. Gracias de corazón (Le estrecha la mano al presidente, y repara en Alicia). ¡Hola Alicia! No te había visto… Gracias a ti también por presentarnos a Marta y a mí. Ahora soy el hombre más feliz del mundo (Marta se levanta para saludarle, y él toma juntas sus manos y se las besa)

 ALICIA

 No me las des, Juan. Hacéis buena pareja. ¿Ya os marcháis, entonces?

 JUAN

 Sí. Esta misma tarde, espero. Marta fue a buscar los billetes de avión. Y luego irá a comprar cosas para el viaje… ¡está tan ilusionada!

 ALICIA

 Lo sé, está loca por irse. Es su gran oportunidad…

PRESIDENTE (A Juan)

 ¿Por qué no vas con ella? Venga, tómate el resto del día libre. Total, es tu último día aquí


JUAN (Estrechando la mano al presidente, de forma efusiva)

 ¡Muchísimas gracias, de verdad! Debe estar en la agencia de viajes ahora mismo. Iré a buscarla y luego iremos juntos de compras ¡Es genial! ¡Gracias a los dos!

PRESIDENTE

 Venga ve, no pierdas tiempo

ALICIA

 ¡Corre!

(Juan se va corriendo por el jardín, eufórico. El presidente mira a Alicia)


PRESIDENTE

¿Sigues enfadada conmigo?

ALICIA (Muy seria, mirando al agricultor de reojo)

 Habría mucho que hablar…

AGRICULTOR (Dirigiéndose al presidente)

 Disculpe, estuve escuchando… (Se levanta del sofá, y Alicia vuelve a sentarse en él con su libro) Entonces… ¿es cierto que aquí se cumplen los sueños de la gente, como dice el anuncio?

 PRESIDENTE (Se acomoda en la mesa de despacho)

 Bueno, siéntese (le señala la silla frente a él) ¿Cuál es su asunto?


AGRICULTOR (Tomando asiento)

 Bueno, vine por el anuncio en el periódico, que incluye esta dirección. Se lo leeré…

PRESIDENTE

 No, no es necesario…

AGRICULTOR (Sin hacerle caso. Saca el recorte y unas gafas de leer)

 “Si tiene usted un sueño, aquí se lo cumplimos gratis. Pero sólo si de veras sabe lo que quiere. Cualquier trabajo o vocación. Se facilita diploma acreditativo y uniforme”. 

 PRESIDENTE

 Sí, eso es básicamente. ¿Y a qué ha venido usted?

AGRUCULTOR

 He venido a traerle esta lechuga (La saca de la bolsa y la pone en la mesa)

PRESIDENTE

 Hermosa lechuga, gracias

AGRICULTOR

 Ahí la tiene. Tan fresca ella. Y un poco acogollada

PRESIDENTE

 Así estamos todos… ¿nada más? (El agricultor se le queda mirando fijamente). ¿Qué pasa? (Intrigado)

AGRICULTOR

 Oiga, ¿sabe que su cara…?

 PRESIDENTE (Muy tenso, disimulando)

 ¿Cómo…?

AGRICULTOR

 Si se quitara esa barba y esas gafas…

PRESIDENTE (Muy nervioso, se ajusta la corbata)

 No sé de qué me habla…

AGRICULTOR

  Nada, disculpe. Cosas mías...  (Cambia el tema, muy didáctico de pronto señalando la lechuga en la mesa):

¿Sabe qué porcentaje me llevo yo de esa lechuga? Una miseria. Y soy yo el que la cultivo. Y luego encima, a usted se la cobran carísima. (Acerca la cara al presidente en confidencia, y baja algo la voz)  El problema aquí, es el intermediario…

  PRESIDENTE

  Ah, es usted agricultor…

  AGRICULTOR

   Ese es el tema, que ya no sé qué soy. Yo cardo la lana, y otros se lleva la fama

PRESIDENTE

  A ver ¿es agricultor o ganadero?

AGRICULTOR

  Es un decir, hombre… aunque tampoco es mala idea. Si me dedicara a criar borregos, me iría mejor con lo que abundan

PRESIDENTE

 Bueno, pero al haber más, le pagarían menos…

AGRICULTOR

 Eso es verdad. El caso es que, mire: si quiere uno vivir de la tierra, todos son pegas y leyes. Impuestos, normativas comunitarias, controles… Las normas me obligan a hacer todo lo que no quiero. Y todo lo que yo sí quiero hacer, está prohibido por alguna norma. Y si protestas, te llaman fanático, encima. Y Así no hay quien sobreviva trabajando de sol a sol

 PRESIDENTE

  Bueno, alguna vez descansará…

AGRICULTOR

 Es un decir, hombre ¡que literal es usted!

PRESIDENTE

 Perdone…

AGRICULTOR

 Mire: a mí me gusta el trabajo duro precisamente, es lo mío. No quiero uno fácil, no soy un gandul. Ni destacar mucho tampoco, soy un campesino humilde. Pero he pensado en cambiar de oficio, y a eso vengo…

PRESIDENTE

 Bien. ¿Y qué quiere hacer usted?

AGRICULTOR

 Pues vea: he pensado que para ganar una miseria, que me ninguneen, me insulten y sudar como un cerdo… pues me hago árbitro de fútbol. Y además así viajo, que nunca pude hacerlo. Esa es mi gran ilusión, conocer mundo… ¡trabajando, ojo! Lo mío es esforzarme

 PRESIDENTE (Consultando su ordenador)

 Sí, le entiendo… ¿Qué le parece árbitro de tercera división? Esos sí son duros

 AGRICULTOR

  Ah no. ¡Mejor de primera!

 PRESIDENTE (Sin entender)

 ¿No dijo que es usted humilde?

 AGRICULTOR

  No es eso, es que me gustaría arbitrar al Barcelona

PRESIDENTE

 Ah, quiere conocer a los jugadores…

AGRICULTOR (Con malicia, en tono confidente)

 No, es que soy del Real Madrid

PRESIDENTE (Escribe en su ordenador. Y la impresora escupe un trozo de papel, que él arranca de la máquina)

 Pues aquí tiene, árbitro de fútbol (Le da el papel). Coja allí un diploma que le guste (Señalando a la pared), y tras esa cortina (señalándola) escoja un uniforme

AGRICULTOR (Muy contento, dando la mano al presidente)

 Muchas gracias de verdad (Se levanta y mira los diplomas) Aquí está el mío: “arbitro federado”. (Coge el diploma y se dirige a la cortina. Pero antes de entrar al vestidor, se queda mirando fijamente al presidente)

PRESIDENTE (Se remueve inquieto)

 ¿Ocurre algo?

AGRICULTOR (Al presidente, obligándole a disimular de nuevo)

 La verdad es que se parece mucho… (Y meditando para sí, muy solemne): Pero no, no es posible que sea él. El presidente nunca haría nada por mí (Se pierde tras la cortina)

PRESIDENTE (Que escuchó lo último, hace un gesto contrariado)

 Anda este…

ALICIA

 (Que observó todo el intercambio de reojo, pasando páginas al libro que abandona ahora en el sofá, para acercarse a su tío al hablarle)

  Él tiene razón, tío Víctor... La gente ya no espera nada. Sobre todo desde que firmaste el decreto… Eso fue un brutal jarro de agua fría para todos…Y fue peor para la gente más humilde…Y montar ahora un teatro para ayudar a unos pocos como él (señalando a la cortina) no arregla el problema.

PRESIDENTE (Defendiéndose, muy serio con ella)

 Alicia, no empieces otra vez con el maldito decreto. Mira: otros montan teatros peores, e incluso ayudan menos... Se armó un escándalo porque firme el decreto y luego desaparecí dos días hace un mes. Me vine aquí a meditar, lo necesitaba... Y una vez aquí, se me ocurrió ayudar a la gente de incógnito, ¿qué hay de malo? Hay más casos parecidos al mío, y no sólo en la ficción… Y tampoco soy el primer presidente que desaparece. Por ejemplo, hubo uno que dejó a los ministros plantados y se escapó a Francia, cuando la República… Yo no me he fugado. Sólo me he tomado un respiro. Este despacho me trae tantos recuerdos, además… aquí empecé como abogado laboralista antes de ser político, como ya sabes. Justo ayudando a la gente, como ahora… Y bueno (volviendo al tema) después de esos dos días ausente, aparecí en rueda de prensa con un comunicado…

 ALICIA (Escéptica)

 Ya me sé la historia, déjalo

PRESIDENTE

 Pues te la repito. Dejé claro que todo está bajo mi control aún, para frenar la alarma. Pero mi gobierno está en funciones, y rechacé la investidura por no tener apoyos. Y los demás partidos no se ponen de acuerdo para formar gobierno propio… Haya o no nuevas elecciones, estoy mejor aquí que en otra parte… pese a lo que diga tu novio. E igual ejerzo como presidente desde aquí, y lo sabes… Solo trasladé el centro neurálgico a este “búnker”... Por comodidad también, aquí pienso mejor. La prensa me acorrala en los edificios oficiales, y además es mejor que no me vean mucho según están las cosas. De cualquier forma, poco puedo hacer por el país en esta tesitura inmovilista

ALICIA (Con sarcasmo triste)

 La situación “estancada” no te impidió firmar ese papel

PRESIDENTE (Evitando su mirada, pues ella ha dado en la diana)

 Y dale con el decreto…

 ALICIA (Por el periodista Herrera)

  Y en cuanto a que “te vean”... justamente lo que Mario dice es que debes dar la cara ante el Congreso, y someterte al control parlamentario… 

 PRESIDENTE

  Ese tema es muy técnico, Alicia. Verás… un presidente en funciones como yo, no puede someterse al control de un parlamento que no le ha elegido, es absurdo… Y además, la oposición es tendenciosa. Están empeñados en pillarme en falta…

 (Se escucha un silbato que les interrumpe. Se abre la cortina y sale el agricultor con el diploma enmarcado bajo el brazo, vestido de árbitro de fútbol)

 AGRICULTOR (Con aire satisfecho por el uniforme)

 ¿Qué?  ¿Qué tal me sienta?

PRESIDENTE Y ALICIA (Sin mucha gracia, dada su charla tensa)

 Bien…

 AGRICULTOR (Sin desanimarse)

 Yo me veo estupendo… ¿Puedo ver la guía? (Señalando el tomo que Alicia dejó en el sofá)

 ALICIA

Sí, pero no es mía. No la rompa.


AGRICULTOR (Muy interesado en el libro)

 Descuide. Es que voy a empezar a viajar ¿sabe?

 ALICIA (Con indiferencia)

  Adelante…

 AGRICULTOR

 (Se sienta en el sofá y la hojea. Alicia se sienta en la silla de visitas)

¡Anda! Es de los Estados Unidos, a ver si me mandan a arbitrar allí…

PRESIDENTE

 No sé yo… allí juegan al fútbol con las manos

AGRICULTOR (Fiel a su convicción de sacrificio)

 Mejor, así me harán trabajar más…

 (De pronto entran Juan y Marta por el jardín. Cargan con bultos de viaje y los arrinconan en la puerta)
  
 MARTA (Vestida de calle con una gorra de béisbol. A Juan, que continúa en chándal)

  No sé por qué no me dejaste comprar el casco de rugby. No lo entiendo (Tanteando la gorra en su mano, insatisfecha)

JUAN

  Es que te quedaba grande, Marta… Además, no puedes pasar el control del aeropuerto con un casco de rugby puesto ¡estás loca!

 MARTA (Molesta, poniéndose la gorra)

  Es que ahora lo prohíben todo, de verdad…

 PRESIDENTE (A Juan)

 Ya no os esperaba…

 JUAN

  Hola… Sí, es que Marta ya tenía los billetes, y estaba en una tienda de deportes. Ella quería despedirse de usted, además. Y hemos pensado hacer tiempo aquí, si no le importa (mirando su reloj) porque el avión sale en dos horas.

 MARTA (Se acerca al presidente)

 Sí, don Víctor. Quería darle de nuevo las gracias en persona, antes de irme. Por cumplir mi sueño y el de Mario. No sabe lo que esto significa para los dos…

 PRESIDENTE

 No me las des, Marta. Como le dije a Juan, solo espero que aprovechéis bien el privilegio…

 MARTA (Reflexiva y muy sincera, sin ironía alguna)

 Bueno… justo nunca me ha gustado eso, los enchufes. Aunque yo sí cumplo requisitos… Pero es curioso: cuando le beneficia a uno la ventaja, se ven las cosas diferentes

 PRESIDENTE

 Bueno, al menos tú eres sincera. Otros no lo reconocen…

 MARTA (Al presidente, besándole una mano y empujando a Juan hasta el sofá)

 ¡Gracias! (Y a Juan): Ven, vamos a mirar la guía…

 JUAN

 ¿Otra vez? Pero si la hemos visto ya mil veces… y en Internet lo tienes todo, mujer

 MARTA

  Sí, pero en papel es más bonito

(Se sientan juntos en el sofá. El agricultor les hace sitio y le da su guía a ella sin que se la pida. Pero Marta le mira mal por tenerla. Y enseguida se pone a hojearla con su novio, muy contenta. El agricultor los mira en adelante de  reojo, fijándose en las páginas)

AGRICULTOR (A ambos, aunque le ignoran)

 Qué envidia me dan. Yo toda la vida entre hortalizas sin poder viajar. Hasta ahora…

MARTA (A Juan)

 Mira, Washington… Este es el Capitolio…

JUAN

 Ajá. Y mira tú: la Casa Blanca (Le señala él a ella la foto)

MARTA (Ilusionada)

 ¡Qué blanca!

JUAN

Sí. Y tiene mucho terreno alrededor

AGRICULTOR (Inmiscuyéndose)

¿Ahí se pueden plantar nabos?

MARTA (Molesta)

 Pero ¿qué dice, hombre? ¡Es la residencia del presidente, no una huerta!

PRESIDENTE (A Marta, por el otro. Con aire de enterado)

 Bueno, no te creas. Huerta sí tiene. Y algún nabo sí que planta él…

(Todos le miran un segundo muy serios. Como si no les hiciese gracia el chiste vulgar. Él hace gesto de cremallera con la boca, como diciendo “no dije nada”)

JUAN (A Marta y siguiendo con la guía, aludiendo a lo estudiosa que es)

 Mira, la Biblioteca del Congreso. Allí tienes libros tú para aburrir…

MARTA (Ilusionada)

¡Sí!

AGRICULTOR

 El que me aburro soy yo… mejor me largo

(No le hacen caso y se levanta. Pero, antes de desaparecer por el jardín, regresa a hurtadillas y hace sonar el silbato para asustar a Marta, que pega un fuerte grito. Después se va corriendo, como niño tras una travesura)

JUAN (Tranquilizándola)

 ¡Qué idiota! (por el agricultor, que ya se fue) Tranquila mujer. ¡Qué nerviosa eres, ¿eh?!


MARTA

 Ya sabes que lo soy. A mí los sobresaltos me afectan mucho. Por eso me voy al extranjero, a vivir una nueva vida en paz. ¡Quiero ser americana!

(Hace una pausa y empieza un discurso trascendente. Que hace que Alicia se acerque y ocupe el sitio del agricultor en el sofá. Ella y Juan la escuchan atentos en adelante, pero escépticos)

 Ya no quiero ser asturiana. Aunque Asturias es muy bonita y todo eso... Pero prefiero ser americana y cambiar todo en mi vida. Me cambiaré hasta el nombre. Me llamaré Sally y viviré en una casa enorme de dos plantas con un porche…

JUAN (En confidencia a Alicia, confundido)

 ¿Un porche? Eso es un cochazo, esta me arruina…

ALICIA

 El porche es un tejado

JUAN (Entendiendo)

 Ya, pero la casa…

MARTA

 Me teñiré de rubio. Me aumentaré el pecho también, y tendré un montón de hijos. Muchísimos.

JUAN (Asustado. Hace intención de levantarse)

 Ya no vamos…

ALICIA (Reteniéndole en su asiento)

 Ya, quieto. Déjala hablar

MARTA

 Les pondré a todos nombres americanos. Y jugaremos toda la familia junta al béisbol en el jardín… Nos iremos todas las vacaciones a Nueva York a ver la Estatua de la Libertad, y a Hollywood a ver a las estrellas de cine. Haremos senderismo en el cañón del Colorado y cruzaremos en canoa el lago Michigan…

 JUAN

  Lo dicho: esta me arruina… Si no me mata antes.

 ALICIA (A Juan)

  ¡Calla!

MARTA

  Y cada año, comeremos pavo en Acción de Gracias y celebraremos el Día de la Independencia con petardos y cohetes, como debe ser

 ALICIA

 ¿Y Halloween?

 MARTA

  No, eso me asusta…


JUAN  (Se tapa la cara, con agobio)

 Madre mía

MARTA (Notando la incomodidad de él)

¿Qué pasa?

ALICIA (Tratando de mediar, con tacto)

 Bueno, Marta. ¿No te estarás precipitando un poco?

MARTA

 ¿Por qué?

ALICIA

 No sé. Me parece que idealizas mucho las cosas…

MARTA (Defendiéndose)

¿Y qué más da? Es mi sueño ¿algún problema?

ALICIA

 No, nada. Tú misma…

 (De pronto se abre la puerta corredera de la izquierda, la que está más próxima a la platea. Sale Carne, el caníbal. Viste mono y botas de trabajo, con una negra levita de gala encima, algo raída. Es larga pero le queda justa. La lleva abierta y deja entrever el mono azul debajo. Lleva la cara embadurnada de negro, y un sombrero de copa algo abollado. Cuando abre la puerta corredera, del interior surge un resplandor y un zumbido eléctrico similar al motor de una nevera. Cuando la cierra, ya no hay ruido. Y él sale cargando un saco en dirección al jardín, sin decir palabra ni mirar a nadie) 
 
 MARTA (En cuanto él se pierde en el jardín con el saco)

  Ese tío me da pánico. Y esa manera de mirarme…

(Aunque él no la miró esa vez, ni a nadie)

 JUAN (A Alicia. Tras mirar al presidente, que se hace el desentendido mirando hojeando unos papeles en su mesa)

 ¿Es verdad lo que dicen de él? (Refiriéndose a Carne). Eso de que es un…

ALICIA (Tras mirar también al distraído presidente)

 Yo no digo nada… Sólo digo lo que es público. Que el presidente se lo trajo de Nigeria como asistente personal cuando trajo a Buba también. Aunque Carne siempre ha estado trabajando aquí, en la segunda residencia presidencial…

JUAN (Sorprendido, pronunciando bien el nombre)

 “Carne” Vaya nombre…

MARTA (Estremeciéndose)

 A mí me da muchísimo miedo

ALICIA (Suspirando)

¡Ay! ¡Extraño a mi elefantito!

MARTA (Sonriente de pronto, al acordarse)

 Es verdad ¿cómo le va a Buba? Yo también le extraño… Le perdí la pista desde que pedí la excedencia como limpiadora

ALICIA

 Ah pues él está muy bien, y ahí sigue. En el ministerio. Y ahora come sin problemas, ya sabes... (Mira un segundo a la mesa, donde el presidente sigue concentrado a lo suyo) Está feliz desde que le condecoró el ministro en persona, cuando la desaparición del presidente


 MARTA

 Es verdad. Se le veía tan orgulloso… tan henchido… (Hace el gesto, como inflándose)

 JUAN

 ¿Eso cómo fue? No me enteré

ALICIA

 Bueno, los reporteros le hicieron un plante al ministro por negarse a responder preguntas cuando el presidente desapareció. Nadie del gobierno dijo nada, de hecho, no fue él solo. Y ya sabes cómo suelen hacer los periodistas: pusieron todas sus cámaras en fila en el suelo de la sala de prensa y se marcharon, como gesto de protesta. Y entonces Buba apareció por sorpresa, y caminó por encima de todas las cámaras…

MARTA (Puntualizando)

 Y el ministro feliz, porque así pudo desquitarse por la humillación de los cacahuetes

ALICIA

 Así es…

MARTA

 Pero Buba no lo hizo a posta, él nunca es violento

ALICIA (Relativamente convencida)

 Sí. Yo creo que se patinó…

(Herrera entra por la puerta del jardín, mirando atrás al exterior, muy implicado como si le chocase algo que ve allí. Pero al final encara al presidente en su mesa, sacándole de su ensimismamiento)

PRESIDENTE (Sin mucho entusiasmo, cuando le ve venir)

 Vaya, don Mario Herrera en persona. ¿A qué debo el honor?

MARIO

 Pasaba de visita, y a saludar a Alicia (Ella se levanta al verle, se acerca a él y se dan un beso):

¿Cómo te va? No pude venir antes a verte, mucho lío en la redacción esta mañana…

ALICIA

 Descuida, me hago cargo. Ya compensaremos 

MARIO (Al presidente, con Alicia atenta)

 Hablando de mi trabajo… ¿Qué me dice? ¿Piensa seguir sin dar la cara en el Parlamento?

PRESIDENTE

 Verá, en cuanto a eso… se lo dije antes a Alicia. No me someteré al control de un parlamento que no me votó. No lo haremos ni yo ni mis ministros…

MARIO

 Veo que se empeña en evadir. Pero tenga en cuenta que… Bueno, ya hablaremos…

(Suena el timbre de la puerta y le interrumpe. Así que desiste de enfrentarse de momento, y se va al sofá. Alicia acude a abrir. Y entra El Artista, un chico joven promedio. Luego, Alicia se va detrás de Mario al sofá, donde Marta y Juan siguen viendo fotos en la guía de viajes)


ARTISTA

 Hola, un colega me dio esta dirección. Me dijo que usted busca curro a la gente

PRESIDENTE

 Siéntate. Cuéntame tu caso

ARTISTA (Se sienta)

Verá, es que yo vivo con mis padres y no tengo trabajo. Antes buscaba en Internet, y nada…

PRESIDENTE

¿Y fuera de Internet?

ARTISTA

 Qué va, para eso hay que caminar mucho…

PRESIDENTE

¿Tienes estudios?

ARTISTA

 Los dejé. Me aburre estudiar

PRESIDENTE

¿Experiencia en una empresa?

ARTISTA

 No trabajé nunca, porque tenía que estudiar

PRESIDENTE

¿Y cuando dejaste de estudiar?

ARTISTA

 Es que sin estudios no te contrata nadie ¿sabe?

PRESIDENTE

Ya,  ¿y qué haces ahora?


ARTISTA

 Nada. Como no trabajo, mi padre me ha quitado el Internet. Y me paso el día caminando por ahí. Hay vida fuera de Internet ¿sabe? El primer día que salí a la calle, me dio el sol de golpe y me deslumbré. Y me di una hostia contra un poste que me tumbó dos piños. Entre lo cegato, lo pálido que estaba por no haber salido de casa en meses, y la sangre en la boca parecía un vampiro…

PRESIDENTE

¿Y por qué no buscas trabajo en la calle ahora?

ARTISTA

Es que sin Internet no veo anuncios para ir a preguntar en persona

PRESIDENTE

 ¿Y en el periódico?

ARTISTA (Sinceramente confundido)

¿Eso qué es?

PRESIDENTE

Como Internet, pero en papel

ARTISA

¿Es táctil?

PRESIDENTE (Con sutil ironía)

En realidad sí, y hasta lo puedes arrugar si quieres. O usarlo para envolver pescado, como se hacía antiguamente

ARTISTA

 Ah no, de cosas antiguas no me hable. Soy muy joven ¿sabe? Y de pescado tampoco, que tengo un hambre… (Se frota la barriga); porque en casa solo trabaja mi padre y gana poco… y apenas comemos ¿sabe? Y con la pensión de la abuela íbamos bien, pero ella ya no está

 PRESIDENTE

Lo lamento, ¿murió hace mucho?

 ARTISTA

¿Morir? ¡Qué va a morir, si esa está mejor que yo! Se fue a vivir con el geriatra, se lo juro

PRESIDENTE (Extrañado)

¿Con el geriatra?

ARTISTA

Sí, el tipo era muy mayor también, no crea. Estaba a punto de jubilarse. Y mi abuela dijo que para que le saque la sangre la familia, mejor que se la saque un médico. La sangre, digo, no piense mal. El tío ese, ya ni con viagra…

PRESIDENTE

Bueno, ¿hay algo que tú sepas hacer?

ARTISTA

 Soy artista. Ese es mi sueño, vivir del arte

PRESIDENTE

Ajá… ¿sabes pintar?

ARTISTA

 No, como no sean garabatos…

PRESIDENTE

 ¿Cantas?

ARTISTA

 Ni en la ducha

PRESIDENTE

¿Bailas?

ARTISTA

 Como un pato

PRESIDENTE

¿Escribes?

ARTISTA

 Ni mi nombre

PRESIDENTE

¿Esculpes?

ARTISTA (Muy digno)

Eh, eso sí que no. Soy pobre pero limpio…

PRESIDENTE (Sin dar crédito)

 Madre mía… A ver ¿tú qué tipo de artista eres?

ARTISTA

 Me considero artista conceptual contemporáneo. Un ejemplo: una vez se me ocurrió hacer una performance de esas que se interpretan desnudo, untándose con sangre para provocar la reflexión de la sociedad burguesa. Busqué el lugar perfecto, el más provocativo. Y me despeloté entero. Y la verdad me da asco la sangre, así que me unté con jabón. Más limpio…

PRESIDENTE

Sin duda

ARTISTA (Continúa, en tono serio)

Y ¿sabe? No pasó nada al principio, no hubo escándalo. El público se quedó en silencio, fue todo muy tenso y frustrante. Y cuando reaccionaron al fin, ¡se echaron a reír! ¡A mandíbula batiente, oiga! ¡Burlándose! ¡Un insulto para un artista!

PRESIDENTE

Pero a ver, ¿tú dónde  hiciste eso?

ARTISTA

 En la ducha de un gimnasio

PRESIDENTE

 Bueno, ahí lo normal es ir desnudo. ¿Dónde está la provocación, entonces?

ARTISTA

Ya, pero es que era la ducha de mujeres…

PRESIDENTE

¿Y por qué se rieron?

ARTISTA

 Mejor no me pregunte…

PRESIDENTE

La verdad es que estás lleno de complejos, ¿eh chaval?

ARTISTA

Soy artista. Si fuera un tío equilibrado, no encontraría inspiración

PRESIDENTE

 Bueno, eso es verdad…


ARTISTA

 El caso es que la siguiente vez pensé en dejarme de complejos, justamente. Y no ser tan tiquismiquis con lo escatológico: sangre, orina, heces… que eso vende mucho en esos círculos conceptuales, créame

PRESIDENTE

Ajá, ¿y te volviste a desnudar?

ARTISTA

 No, la idea era más fuerte que esa. Pensé en enlatar mis excrementos, mi propia mierda, y venderlos enlatados. Y llamarlos “una mierda de artista”. Pero me enteré que eso ya lo había hecho otro antes. ¿Lo sabía?

PRESIDENTE

 Sí, me suena…

ARTISTA

 Es que es muy difícil ser original del todo ¿sabe? Así que justamente decidí plagiarle a medias. O sea, copié el título: “una mierda de artista”. Pero me metí yo mismo entero en una lata. Una así, enorme (Hace el gesto con las manos)

PRESIDENTE (Con sarcasmo)

 Sí, muy descriptivo…

ARTISTA

 Y aunque no lo crea, mi padre encantado, oiga

PRESIDENTE (Sorprendido)

¿En serio?

ARTISTA

 Sí. Porque dijo que, para lo que aporto en casa, mejor me encierro en una lata y así me vende al peso y saca algo. ¡Qué poco sensible que es mi padre!

PRESIDENTE

 Hum… ¿y no compró nadie la obra?

ARTISTA

 Bueno, podría haber sido. Pero es que aguanté muy poco dentro

PRESIDENTE

¿Y eso por qué? ¿Por el calor?

ARTISTA

 No, calor no hacía tanto. Pero la verdad, era una lata…

PRESIDENTE (Pulsa una tecla y sale el papelito de la impresora)

Pues nada, hombre. Aquí tienes. Ve a esta galería, con este papel como salvoconducto. Es una galería artística importante. Y di que tú mismo eres la única obra de arte. Así no tendrás que desnudarte, ni untarte en sangre ni en excrementos ni nada de eso

ARTISTA

 Bueno, pero eso de decir “yo mismo soy la obra de arte” tampoco es original. Ya lo han hecho otros

PRESIDENTE (Muy serio)

A ver, dejemos una cosa clara ¿Tú quieres ser original, o ser artista contemporáneo? Elige

ARTISTA (Cediendo)

 Vale, seré yo mismo la obra. ¿Y no tengo que encerrarme en una lata?

PRESIDENTE

No hace falta. Tú vas ahí, te plantarán en una esquina como un geranio. Te colgarán un precio del cuello, y ya

ARTISTA

 Bueno, ¿y si no me compra nadie?

PRESIDENTE

 Pues haz lo que hacen los artistas conceptuales cuando pasa eso

ARTISTA

¿El qué?

PRESIDENTE

 Cómprate tú mismo. O que lo haga un amigo por ti. Pero que no lo sepa nadie, claro…Y así subirá tu cotización para la próxima

ARTISTA

 Ya, pero yo no tengo dinero…

PRESIDENTE (Saca su billetera)

 Pues venga, toma. Te lo doy yo

ARTISTA (Ilusionado)

¿En serio?

PRESIDENTE

 Sí, hombre. Ten (Le da una moneda)

ARTISTA (Ofendido)

¿Un euro? ¿Un cochino euro?  ¡Oiga, yo valgo mucho más que eso!

PRESIDENTE 

 Pues venga, toma otro (Se lo da) Y ahora sal ahí fuera y demuéstralo, ya es hora.


ARTISTA (Resignado, mirando las dos monedas con desilusión)

 Bueno, así me llegará para el metro… ¡Acabo de tener una gran idea! (Animado, de pronto) Haré allí una performance artístico-política para denunciar la sociedad de clases. La llamaré “carne proletaria en ruta”

 PRESIDENTE (Pensando en alto primero, y luego al otro)

 Sí, hablando de enlatarse… ¿y piensas desnudarte?

 ARTISTA

 Pues no lo tengo claro. Mire a ver (Se levanta de la silla y hace gesto de subirse un poco la camisa para mostrar el estómago)

PRESIDENTE (Disuadiéndole, mira hacia otro lado con rechazo)

 No, no me lo enseñes

(Entonces Alicia, que estuvo atenta a la charla igual que el resto en el sofá, se levanta rápido de él y avanza hasta la mesa, para cotillear)

ALICIA

 A ver, que mire yo…

 (El artista se presta al dictamen, muy pancho. Y ella palpa su abdomen con el dedo)

 Hum... Demasiado delgado

PRESIDENTE (Al artista, con repentina curiosidad cuando le escruta ella)

 Déjame ver a mí… (El otro obedece y se gira hacia el presidente) Sí, te falta chicha. Mejor no te desnudes

ARTISTA

 Es que, como no tengo trabajo, ya le dije: como poco

PRESIDENTE

 Pues venga, toma otros dos euros (Se los da) Y cómprate una lata (subraya esa última frase)

ARTISTA (Muy contento, de repente)

 ¡Me sobrará para el pan, genial! Me haré un sándwich (Se fija en los diplomas) A ver…un título de Bellas Artes, este es el mío (Lo coge) ¿Y el traje? (Interroga al presidente)

PRESIDENTE (Señalando al vestidor)

No sé, busca ahí dentro algo que te vaya bien. Pero no te desnudes (Puntualiza eso, muy serio)

ARTISTA (Antes de entrar)

 No, no, tranquilo. No haré eso. Me vestiré de artista puro, conceptual…

PRESIDENTE (Cuando el otro se perdió ya tras la cortina)

 Y luego me echan la culpa a mí, menudo pusilánime. Esa es la juventud que tenemos (Señalando a la cortina)

ALICIA (Que no ha vuelto al sofá, encarándole)

 No, no todos son así, y además no solo es culpa suya

PRESIDENTE (Molesto)

No empieces, Alicia. Yo no puedo ser la niñera de todo el mundo


ALICIA

 No es eso, es que la juventud no tiene futuro aquí. Y si no se queda fuera de juego como ese (Señalando al vestidor) por falta de oportunidades, tiene que emigrar igual que ellos (Señalando a Juan y Marta) Y eso es triste…

MARTA (Puntualizando)

Yo más bien voy voluntaria. A cumplir mi sueño, el de ser estadounidense. Por cierto, allí las cosas sí están bien. Los jóvenes no se van al extranjero

JUAN (Con socarronería)

Porque piensan que el único país que existe es el suyo, y que si viajan fuera se van a caer del mapa

MARTA (Molesta)

 ¡No seas demagogo! ¡Tú qué sabrás!

JUAN (Defendiéndose)

No, si resultará que ahí atan los perros con longaniza

MARTA (Idealizando, como siempre)

¡Qué antiguo eres! “Perros con longaniza” (repite la expresión de él, con retintín) ¡Hablas como un viejo! En todo caso, los atan con comida macrobiótica. Y además, los tienen muy limpios y hasta les hacen pedicura

ALICIA

 Qué paradójicos somos los seres humanos ¿no? Y eso vale para  cualquier país, también para este nuestro. Hay quien repeina a un perro como si el perro lo apreciase. Y hay quien lo abandona porque suelta pelos

(Todos se quedan meditando sobre que Alicia acaba de decir, durante un segundo. Y enseguida sale el Artista tras la cortina, vestido de ángel con túnica, un aro en la cabeza y alas de algodón)

ARTISTA

 ¿Qué? ¿A que estoy chulo?


PRESIDENTE (Al artista, sorprendido con su facha)

¿Ese es el traje de artista?

ARTISTA

 En realidad es de “arpista”. De ángel con arpa (Hace el gesto de tocar una. Aunque no la lleva, y usa el diploma enmarcado para ello)

PRESIDENTE

 Ya, ¿y el arpa dónde está?

ARTISTA

 Es que el arpa es el concepto, no se ve

PRESIDENTE (Escéptico)

 Como tú digas. Por lo menos no te has puesto en pelotas…

ARTISTA

 Bueno, ¿por dónde salgo? (Señala la entrada principal y la del jardín respectivamente)

PRESIDENTE

Por donde quieras, majo. “El escenario es tuyo” (Con ironía, mostrándole las dos)

ARTISTA

 Bueno, iré por el jardín. A ver si encuentro una lechuga para el bocadillo… (Mira las monedas que trae en una mano)

PRESIDENTE (Recordando la que le obsequió el agricultor. Se la ofrece)

 No, espera. Tengo yo una, toma

ARTISTA (Acercándose por ella a la mesa, donde está sentado el presidente)

 ¡Estupendo! Gracias (la coge) Y adiós…

(Al recibir la lechuga, le da la espalda al público. Y se ve que su túnica de ángel está abierta por detrás como una bata de hospital, con lo que enseña el culo a todos. Incluido a los del sofá, que reaccionan entre asombrados y jocosos. Hacen gestos al presidente, que no comprende en un principio. Pero cuando el Artista sale por la puerta principal, le da la espalda al presidente también. Y él cae en la cuenta de su desnudo entonces. E intenta llamarle la atención, en vano ya)

PRESIDENTE

 Pero ¡oye! ¡Espera…!  ¡Madre mía! (Se pone la mano en la frente, con agobio incrédulo, cuando el otro ya se ha ido.  Y dice a Alicia):

 Bueno, Alicia. Iré a tomar el aire. Si llega alguien…vestido (Subraya esa palabra) hazle pasar y que espere. Yo no tardo mucho

ALICIA

 Bien…

(El presidente se pierde por la puerta del jardín. Y se cruza con Carne, que entra llevando una pala y saluda con elegancia al presidente, quitándose el sombrero. Cuando atraviesa la sala, Carne mira de reojo a Marta en el sofá. Con una mirada maliciosa y una media sonrisa aviesa, mostrándole las muelas. Ella se estremece, muy nerviosa)

MARTA

 ¿Han visto cómo me miró? ¡Siempre me mira así, me da pánico!

ALICIA (Sin notar nada raro al parecer, ni los otros)

 ¿Qué dices? Te mira normal, como a todos…

(Carne abre la puerta corredera. Suena el “motor de nevera” de dentro. Él se pierde dentro del hueco con la pala y cierra tras de sí. Ya no hay ruido)

 HERRERA

 Pues la verdad es que ese tío es inquietante. Antes, cuando entré, lo vi en el jardín enterrando huesos. En serio…

 JUAN (Repitiendo una pregunta anterior)

 ¿Será verdad eso que dicen sobre él? ¿Eso de que es un…? (Duda al decirlo)

ALICIA

 ¿Un qué?

 JUAN

 Digo que es un… (Cuando lo dice al fin, la puerta corredera se abre de pronto y el ruido tapa su voz. Vocaliza claramente: “ca-ní-bal”, aunque sin sonido audible para el público. Pero todos los del sofá están cerca y le oyen. Y luego Alicia asiente, ya sin ruido)

ALICIA (Disimulando un poco, pues Carne acaba de cerrar la puerta tras salir de ella con un cubo)

Pues sí. Sí que lo es.

(Todos se quedan impactados. Sobre todo Marta, que pone cara de espanto. Y le ven pasar de largo con el cubo hacia el jardín, sin reparar en ellos ni en sus murmullos sobre él. Luego Mario señala a la puerta corredera cerrada, por la que el caníbal salió antes)

 MARIO

 ¿Y esa habitación qué es?

ALICIA (Sin darle mucha importancia)

 Es la Habitación de la Conciencia

MARIO (extrañado)

 ¿Y eso qué es?

ALICIA (Muy seria)

  Es un proyecto de alta tecnología del gobierno… Pero no sé si debo… (Mira a Juan, que no parece inmutarse)

 MARIO (con curiosidad profesional. Tras mirar también a Juan, que se encoje de hombros como si no fuera con él)

  Venga, explícamelo bien. Entre nosotros no hay secretos

(Ella duda un segundo, pero se decide a contarlo. Aunque antes mira alrededor. Para asegurarse que nadie más escucha, aparte de los del sofá. Que aguzan todos el oído incluido Juan, cuando ella baja un poco la voz para la confidencia y todos se pegan a ella muy interesados)

 “Verás: cuando alguien entra allí, resulta que las dimensiones del universo se comprimen dentro. De manera que la conciencia humana se modifica de una forma que…”   

 (La puerta vuelve a abrirse, y el “ruido de nevera” tapa la voz de Alicia. Aunque todos parecen entenderla bien al estar cerca de ella. Alicia mueve los labios y hace gestos que indican dimensión y movimiento. La puerta parece haberse abierto sola. Pero al final Carne aparece en el umbral, y luego sale de la Habitación de la Conciencia sin haber entrado por ella previamente, como si hubiese accedido a ella sin ser visto por algún túnel externo del jardín. Como no se lo esperaban y además están absortos escuchando a Alicia, todos tardan un poco en advertir que la puerta se abrió y salió él de ella. Pero al final caen en la cuenta y disimulan, cuando Carne la cierra a su espalda al salir, y cesa el ruido. Y él parece ignorarles cuando se dirige luego de nuevo hacia el jardín. Portando ahora dos cubos, uno en cada mano, sin mirar a nadie)


ALICIA (Relajada, dando fin a la confidencia)

 Bueno, pues creo que me expliqué bien… (Todos asienten y se muestran muy impresionados)

HERRERA

 ¡Es fascinante!

MARTA

 ¡Es tremendo!

JUAN (A Alicia)

 Sí. ¡Es increíble! Y ahora entiendo por qué solo tú puedes entrar allí sin volverte loca (Señalando la misteriosa habitación) Bueno, aparte de ese, que muy normal no es… (Por Carne, señalando ahora al jardín por el que acaba de desaparecer)

 MARTA (También por Carne)

  Yo ni lo intentaría…No sea que me lo encuentre dentro (Hace un gesto de repelús, estremeciéndose)

 HERRERA (Orgulloso de Alicia, tomándole las manos y mirándola a los ojos)

 Sí. Es muy comprensible que solo tú puedas hacerlo, amor. Eres un ser puro. Eres maravillosa…

ALICIA (Liberando sus manos de las de él y levantándose del sofá de pronto, en un reflejo pudoroso)

 ¡Qué tontería!… Solo soy una chica normal. Como mucho, algo más consciente que la media. Pero solo eso…

PRESIDENTE (Entrando por el jardín)

 Bueno, ya estiré las piernas. ¿Vino alguien?

(Le pregunta a Alicia, pero justo suena el timbre y ella va a abrir. Cuando abre, entra el Banquero. Va muy repeinado y trajeado. Pero tan sobrio, pese a llevar consigo –puede ser en su cintura– un flotador que simula un hipopótamo. Alicia no vuelve al sofá esta vez. Camina despacio pensativa, rondando la mesa. Y mirando distraída los diplomas, la puerta del jardín, la cortina del vestidor...

BAN QUERO

 Buenas tardes, vengo por el anuncio

PRESIDENTE

Buenas, siéntese. ¿En qué puedo ayudarle?

BANQUERO

 Pues verá, yo soy banquero. Y silencio: no diga nada, yo no tengo la culpa…

PRESIDENTE

¿De ser banquero? Hombre, tampoco es tan malo…

BANQUERO (Muy redicho)

 No, de la crisis económica. La gente se endeudó por encima de sus posibilidades, no es culpa de los bancos. Así que ni una palabra…

PRESIDENTE

 Bueno, no me haga callar así. Porque de eso podría hablarse ¿eh?

BANQUERO (Removiéndose en la silla y ajustando la corbata)

Ya, pero si hablásemos de eso, entonces el que se tendría que callar soy yo…

PRESIDENTE (Incisivo)

 O sea, que sí tiene usted algo que callar… (El banquero se acaricia la barbilla y mira al cielo disimulando, sin decir palabra)

BANQUERO (Haciendo oídos sordos)

Bonito techo…

PRESIDENTE (Para cambiar el tema él, señalando al flotador hinchable)

 ¿Y eso?

BANQUERO

 ¿El qué?

PRESIDENTE

 El salvavidas ese suyo…

BANQUERO (Haciendo comillas con los dedos con cada palabra que subraya)

 Ah eso es del “rescate”. Y no es mío, es de mi “prima”.  

PRESIDENTE

 Ajá ¿Es un hipopótamo? (Por el diseño del flotador)

BANQUERO (Haciendo comillas de nuevo)

No, es un “hipotécamo”

PRESIDENTE (Con sutil sarcasmo)

 Ya… Y supongo que el aire de dentro es la inflación

BANQUERO

 ¡Exacto!

PRESIDENTE

 Es usted un chiste malo, oiga

BANQUERO (Sonriente, sin ofenderse)

Me lo dicen mucho…

PRESIDENTE (Entrando al tema)

 Bueno, ¿y a qué ha venido usted? Porque la crisis usted no creo que la sufra…

BANQUERO

 Pues no, la verdad. Yo soy banquero, a mí la crisis me la suda...
Mire: esto es la crisis, ¿ve lo que hago? ¡Fuuu! (Simula sujetar un grano entre el índice y el pulgar, y sopla luego con desdén, para que el invisible “grano” salga volando)

»Aunque la verdad, las obras de arte de mi colección privada sí han perdido un poco de cotización en el mercado, y eso es un fastidio... Pero bueno, me consuelo con la magia que hago siempre

PRESIDENTE (Intrigado)

 ¿Con qué magia?

BANQUERO

 Pues la de mi trabajo de banquero. Le dejo prestado a la gente y al gobierno dinero que no tengo y que ni siquiera existe. Y ellos me pagan intereses, pero esos con dinero de verdad, ojo (Puntualiza, muy severo alzando el índice). Luego, ese dinero real lo transfiero lejos del país para no pagar impuestos. Y si me endeudo yo y arruino a otros, el gobierno me disculpa, porque yo le financié a él primero. Y además me inyecta el dinero real que necesito, subiendo impuestos a los ciudadanos, que ellos sí los pagan. Y recortando el presupuesto para necesidades básicas incluso, cuando no llegan los impuestos. Más que magia, es poesía financiera. Tan rentable y tan sutil. Y además es legal (Puntualiza, satisfecho)

 »Y en cuanto a la ética, si la gente se arruina trabajando, no es mi culpa. Yo cuido su dinero y les doy préstamos. Pero ellos trabajan más de lo que rentan ¡Que hagan magia como yo!

PRESIDENTE (Intentando justificarle y barriendo para casa)

 Bueno, pero con esa “inyección” que ha mencionado, usted no se hunde. Y eso es bueno para todos, porque la banca es necesaria

BANQUERO (Con sarcasmo y suficiencia)

 ¡Yo no me puedo hundir, hombre! Soy como un corcho. Y con la crisis gano más que antes, además. El dinero de la “inyección” no lo necesito, en realidad. Lo uso para especular con él. Pero si me lo dan porque me tienen miedo o porque me deben favores, yo encantado. Unos llaman avaricia a lo que hago. Otros, ingeniería financiera. Yo lo llamo “poesía”, ya le dije. Y como afecta a la sociedad entera, se podría llamar “poesía social”

PRESIDENTE

 ¡Anda! Como la de Gabriel Celaya, Blas de Otero…

BANQUERO

¿Esos son banqueros? No me suenan

PRESIDENTE

 No, son poetas

BANQUERO (Con sincera lástima)

 ¿Poetas? Vaya. Pobrecitos. Tan hambrientos… Bueno, también hago obra benéfica ¿sabe? (Y añade aparte, en confidencia): eso desgrava

ALICIA (Que ha escuchado todo y no puede contenerse para hablar, aunque lo hace con calma. Se sienta al borde de la mesa y se dirige al banquero)

 ¿Y no se le ha ocurrido que la gente se puede rebelar con tanto abuso?

BANQUERO (Reflexionando un segundo. Y luego muy cabal sin ironía aparente, dejando a Alicia sin palabras)

 Sí, pero no me interesa ese negocio ahora mismo. Además, ya financio revoluciones en el extranjero. Pero gracias por la idea

PRESIDENTE (Inquieto, cambiando el tema)

Esto empieza a ser incómodo… A ver ¿a qué ha venido usted aquí, exactamente?

BANQUERO

 Antes de contestarle, encenderé un puro

PRESIDENTE

 Disculpe, pero aquí dentro no se puede fumar. Vaya al jardín si quiere

BANQUERO (Sin hacerle caso, saca el puro y lo enciende)

 Disculpe usted, pero yo fumo donde me da la gana. Donde vea usted una columna de humo, estaré yo: la chimenea de una fábrica, el lanzamiento de un satélite, las ruinas tras un bombardeo… ¿vio usted esa columna de humo blanco cuando eligieron al último papa?

PRESIDENTE

 Sí…

BANQUERO

 Pues hágase a la idea que eso era el humo de mi puro. Y no estaba allí solo de visita… (Con sutil malicia)

PRESIDENTE

 Bueno, ¿y por qué ha venido hoy aquí en concreto?

BANQUERO

 Pues verá, yo también tengo mis necesidades. Y en el anuncio puso usted que cumple sueños

PRESIDENTE

 Ya, pero ¿qué necesita usted? Dinero no creo…

BANQUERO (Con sorna)

El dinero me lo invento, ya le dije… Ya no sé qué hacer con tanto, por cierto. Estoy por construirme una pirámide. Pero si haces algo así, te salen con el rollo ese de la “conspiración de la élite en la sombra”

ALICIA

  Pues algo de conspiración sí hay, aunque la silencien los poderes fácticos

BANQUERO (Muy serio y, a la vez, con socarrona malicia)
 Mire señorita, es usted joven e ingenua. Le diré algo sobre eso: al final todo se sabe. Pero la clave es que, después, se olvida pronto. No se silencia a quien desvela una verdad incómoda, o no siempre... Se silencia, más bien, a quien insiste en ella cuando se descubre finalmente. Pues al repetirla, evita que se olvide rápido. Y lo que interesa es eso: que se olvide... Y en cualquier caso, la gente olvida pronto. De hecho, en un minuto, habrán olvidado ustedes lo que estoy diciendo ahora (Señala a Alicia y al presidente). Y también todo lo que acabo de decir sobre mí mismo. Y cuando me vean desaparecer después, olvidarán incluso que alguna vez estuve aquí… Además, si nos escuchara alguien ahora, olvidaría pronto la verdad también, en cuanto se desvanezca el humo de mi puro. Como mucho, notarán un olorcillo… Lo dicho: hago magia. Mire…  (Le da una calada al puro y lo agita como haciendo pases mágicos con socarronería, frente al rostro del presidente que sigue con la cabeza el movimiento en zigzag, como hipnotizado por un segundo. Luego mira de refilón a los del sofá. Y repite el “pase mágico” con ellos, que también se dejan seducir por el vaivén, imitándolo con sus cuerpos. Y luego, finalmente, a la platea, repitiendo el mismo gesto para el público)

PRESIDENTE (Volviendo al tema, algo confuso)

 Bueno a ver, no perdamos el hilo de momento… Si no necesita usted dinero ¿qué quiere usted? ¿Prestigio?

BANQUERO

 Ese ya lo tengo

PRESIDENTE

 ¿Influencias?

BANQUERO

 La influencia soy yo mismo, no sea ingenuo…

PRESIDENTE

¿Éxito?

BANQUERO

 Me sobra

PRESIDENTE

 ¿Salud?

BANQUERO

 Estoy hecho un roble, mire (Señala su bíceps)

PRESIDENTE

¿Cultura?

BANQUERO

 Nunca la he necesitado. Y si fuera así, la compraría

PRESIDENTE (Corrigiéndole)

 Disculpe usted, pero eso no se compra

BANQUERO (Puntualizando, muy sagaz)

 Pero la información sí

PRESIDENTE (Tras mirarle como diciendo: “sí, eso puede ser”)

 ¿Fama?

BANQUERO

 Yo fabrico a los famosos. Y a cambio, hacen propaganda de mi banco

PRESIDENTE (Con sincera desorientación)

 ¿De su banco? ¿Tiene usted uno?

BANQUERO

 Claro, soy banquero

PRESIDENTE (Sinceramente sorprendido)

 Ah, disculpe. No sabía que es usted banquero

ALICIA (También con sinceridad y desorientada)

 Ni yo tampoco…

(Desde el sofá, todos parecen haber olvidado también, de pronto, la profesión del banquero, y hacen gestos alusivos. Y el banquero da otra calada a su puro, como regodeándose con el triunfo de su vaticinio acerca de borrarles la memoria a todos. Aunque todos los del sofá escucharon la charla bien, desde el principio)

 JUAN

 ¡Anda, es un banquero!

MARTA (Muy pizpireta)

 Pues si es banquero, me cae bien. Porque yo ahora soy muy capitalista, desde que me hice estadounidense…

HERRERA (Resignado)

 Para mí que este es un usurero... Pero si financia mi periódico, yo chitón (Hace gesto de cremallera con los labios)

PRESIDENTE (Volviendo al hilo)

 O mi campaña (A Mario, imitando su cremallera) Bueno, y si es usted banquero (Se dirige al mismo) ¿qué necesita usted? ¿Dinero, prestigio, influencias, éxito, salud, cultura, fama? (Enumera de corridillo todo lo ya dicho, pero que él ya no puede recordar)

BANQUERO

 No, nada de eso… Ya le dije que no a todo, punto por punto

PRESIDENTE

No, no me dijo

BANQUERO (Sin faltar a la verdad)

 Sí que le dije, pero no se acuerda…

PRESIDENTE (Confundido, como dudando. Pero continúa)

¿Necesita poder?

BANQUERO  (Regodeándose)

¿Poder? No me haga reír…Tengo más poder que el presidente del Gobierno

PRESIDENTE (Pensando en alto, a la platea)

 Eso dolió… (Y continúa): ¿vida sentimental?

BANQUERO

 Sin problemas. Y muy felices conmigo las dos

PRESIDENTE (Extrañado)

¿Cómo las dos?

BANQUERO

 Pues eso, que mi esposa muy contenta

PRESIDENTE

¿Y la otra?

BANQUERO

 La otra también, gracias

PRESIDENTE (Dándose por vencido)

 Bueno, entonces me rindo ¿Qué es lo que desea usted?

BANQUERO (Titubeando con sinceridad)

 Bueno, yo…no sé cómo decirlo

PRESIDENTE

 Pues al grano

BANQUERO

 Es que yo…

PRESIDENTE

¿Sí?

BANQUERO (Inquieto, removiéndose en la silla)

 Yo lo que quiero es…

PRESIDENTE

Adelante, dígalo

BANQUERO

 Lo que yo quiero es…

PRESIDENTE (perdiendo la paciencia)

 Vamos, suéltelo ya

BANQUERO (Con cara angelical y suave voz, de pronto)

 Yo quiero… que me quieran los niños

PRESIDENTE (Incrédulo)

¿Lo dice de verdad?

BANQUERO (Que no está bromeando)

 ¡Pues claro!

PRESIDENTE

 ¿Qué le quieran los niños?  ¿Sólo eso?

BANQUERO

 Es que no es tan fácil, oiga. Y ojo: no se piense nada feo, yo hablo de amor puro. Soy todo lo usurero que usted quiera, pero no soy un pervertido… eso no es rentable (Matiza) Los adultos comen todos de mi mano dado mi poder, ya sabe… Pero los críos no me quieren. Y claro, a esos no les puedo vender una hipoteca o unos bonos para que me hagan caso. No funcionan con dinero todavía, porque las malditas leyes aún ponen trabas al libre mercado en su vertiente infantil. Al menos en el primer mundo (Matiza) Y eso es muy frustrante…

PRESIDENTE (Descolocado y sorprendido)

Bueno ¿Y por qué no le quieren los niños, en concreto? Aparte de porque no les concede usted un crédito…

BAN QUERO

 Pues no sé. Supongo que me ven muy serio, y así todo trajeado. Y eso lo poco que me ven, cuando no estoy en el despacho o en el avión. Y además, siempre voy pegado al teléfono: con estrés, con tensión, ya sabe. Creo que les asusto…

ALICIA (Muy empática de pronto)

¿No tiene usted hijos?

BANQUERO

 Sí, tengo dos

ALICIA

¿Y no le quieren?

BANQUERO

 Sí, supongo… Pero ya casi son adolescentes, ¿sabe? Y apenas tengo tiempo para hablar con ellos. Y cuando puedo hacerlo, todo lo que me dicen es: “papá cómprame una bici” “papá cómprame una videoconsola...” (Con retintín, engolando la voz)


ALICIA (Imitándole solidariamente en el retintín, como entendiéndole bien)

 “Papá cómprame un móvil”

BANQUERO (Reforzando)

 “Papá, cómprame una tablet”

PRESIDENTE (Se les une)

“Papá, cómprame una enciclopedia” (Le miran los dos fríamente, como si desbarrase con lo dicho. Y se corrige):

Ah no, eso no…

BAN QUERO (Concluyendo)

 Pues eso, que solo me quieren para que les financie. “Se deben pensar que soy el banco” (Lo dice con retórica, aludiendo al lugar común.  Y luego, cayendo en la cuenta): Que bueno, yo sí que los soy, pero…
 »Y el punto no son los míos (continúa, matizando) que ya casi son mayores. Es que yo quiero que me quieran los niños en general, sobre todo los pequeños ¡Son tan dulces! Me recuerdan a mí mismo… (Lo dice en tono melancólico)

 PRESIDENTE (Enternecido)

 ¿Le recuerdan a su infancia?

BANQUERO

No... ¡Es que son tan ricos! (Inclina la cabeza, poniendo sonrisa de angelito)

Verán, les cuento algo (Continúa). El otro día mi chófer se paró en un semáforo, delante de unos grandes almacenes. Esos sitios donde la gente compra las cosas ella misma, ¿saben? (Ellos asienten) Bueno, es que yo nunca entré en uno (les aclara). En la puerta había un tío disfrazado de ratón, así con orejotas y rabo, repartiendo boletos para el sorteo de un viaje a “cierto famoso parque de atracciones en los Estados Unidos” (Hace comillas con las manos, recalcando verbalmente también)

MARTA (Muy redicha)

¡Yo sé cuál es!

JUAN

 Calla, no interrumpas…

BANQUERO (Sigue, ignorando la intromisión)

 Bien…pues los niños estaban tan felices con él, le abrazaban y le besaban y se hacían fotos. Una ternura... Y bueno, eso es lo que quiero

PRESIDENTE

 Pues vale. Pero, con su posición y a estas alturas ¿no se querrá ir a trabajar a unos almacenes?

BANQUERO

 Hombre, sería solo de vez en cuando, algún fin de semana…Y solo unas horas, por tener esa experiencia. Y además, disfrazado de muñeco no te reconocen… Digamos que yo sería un tipo importante pero de incógnito ¿sabe lo que quiero decir?

PRESIDENTE (Con ironía)

 Sí, me hago a la idea…

BANQUERO (Mirando con intensidad al  presidente, de pronto)

 Por cierto, ahora que me fijo bien… ¿no nos conocemos de antes?

PRESIDENTE (Disimulando)

 Eh… no creo

BANQUERO (Volviendo al tema)

Bueno, ¿y entonces? ¿Va a ayudarme o no?


PRESIDENTE (Arrancando de la máquina un papel con el empleo, tras pulsar rápido unas teclas)

 Pues venga, tome. Vaya a este almacén de barrio. Tienen pizzería, ludoteca y piscina de bolas. Allí estará rodeado de críos con sus padres. Pero ojo, que es un barrio obrero. Y allí los niños patean la espinilla… (Muy serio al subrayarle la advertencia)  

BANQUERO (Satisfechísimo, tomando el papel)

¡Muchas gracias! ¿Y el disfraz?

PRESIDENTE (Señalando la cortina)

 Búsquelo allí dentro. Lo que no sé es si lo habrá de ratón gigante…

BANQUERO (A punto de entrar al vestidor, muy satisfecho)

 No importa, yo me arreglo. Sólo una cosa antes de irme…

PRESIDENTE

 Dígame

BANQUERO

 Cuando me paguen allí ¿lo harán en metálico o en cheque?

PRESIDENTE (Que no se espera la pregunta)

 No sé. Ese tipo de trabajo eventual… supongo que en metálico

BANQUERO

 Ah, pues mejor

PRESIDENTE (Intrigado)

¿Por qué mejor?

BANQUERO (Muy cabal, antes de entrar al vestidor)

 Porque yo no me fio nada de los bancos


(Juan mira su reloj, cuando el banquero desapareció ya tras la cortina)

JUAN

 ¡Pues nosotros ya nos vamos! Ya es la hora. Deprisa Marta, o perderemos el avión

MARTA (Se levanta con él, radiantes de ilusión los dos)

 ¡Sí, vamos! ¡Qué nervios!

JUAN (Ladeando la cabeza)

 Tú y tus nervios…

MARIO (de buen humor también)

  Yo os llevo al aeropuerto. Tengo que ultimar algo en la redacción, y me cae de camino (Se pone en pie también, y dice a Alicia): ¿te importa?

ALICIA (Se levanta del borde de la mesa, donde está sentada)
                             
 No. Ve a llevarles. Ya nos vemos luego…

MARIO

 Bien… (Se besan. Y Juan, Marta y Mario se reparten las maletas)

 JUAN (Al presidente, dándole la mano)

Ya nos vamos. De nuevo, muchas gracias por todo

MARTA (Uniéndose al agradecimiento, besa y abraza al presidente)

 Gracias de verdad ¡Por fin podré cumplir mi sueño!

PRESIDENTE (Que se levanta de su mesa para despedirles)

 Muy bien, que tengáis suerte. Buen viaje…

HERRERA (También al presidente, maleta en mano)

 Bueno, ya hablaremos usted y yo. Espero que dé la cara pronto en el Congreso. El país no puede estar así. Adiós.

PRESIDENTE (Con indiferencia)

 Adiós…

(Los tres que van al aeropuerto desaparecen por el jardín. Marta y el presidente se quedan a solas. Como cumpliendo el pronóstico previo del banquero al respecto, se olvidan de que éste sigue dentro del vestidor una vez que le han visto hacer mutis tras la cortina. El presidente se asoma un segundo a la entrada principal)

PRESIDENTE (Satisfecho de sí mismo, frotándose las manos)

 Bueno, más sueños cumplidos (Y tras asomarse): parece que ya no hay nadie fuera, estamos solos aquí. Tú esperas a tus amigos ¿no?

ALICIA 

 Sí, los chicos del grupo de teatro. Estarán al venir. Gracias por dejarnos ensayar aquí…

PRESIDENTE (Tratando de mostrar una empatía sincera, cuando nota la tensión en ella)

 No me las des. Tú también tienes tu sueño: ser actriz

ALICIA (Se sienta en la silla de invitados)

 Mis sueños están bien, no los rechazo (Con una leve sonrisa).  Pero son algo secundario. Lo que me importa es la realidad de los demás…


PRESIDENTE (A Alicia, sentado ahora él al borde de la mesa)

 Bien, ¿y cuál es el problema? Al grano

ALICIA

 El problema es la gente. No puede estar así, sin un futuro…

PRESIDENTE (Escudándose en Marta y Juan, señalando hacia el jardín por donde se fueron)

 Bueno, algunos sí lo tienen…

ALICIA (Soltando todo lo que guardó dentro hasta entonces)

¿Y todos los que no? ¿Y toda la gente que sufre, sin tener una esperanza? ¿Es que no te das cuenta de lo que está pasando en el país?

PRESIDENTE

 ¿Me lo dices a mí?  Yo soy el presidente

ALICIA

 Justo por eso

PRESIDENTE

 ¿Y tengo yo la culpa?

ALICIA

 Sí en gran parte. Es tu responsabilidad. Y con tus decisiones lo has puesto todo peor…

PRESIDENTE

 Bueno, no seas tan dramática. Todo tiene remedio menos la muerte, dicen…

ALICIA (Muy trascendente)

 No. Lo peor no es la muerte. Lo peor es el dolor, y no solo hablo del dolor físico. Hablo del dolor de la impotencia. La muerte ni siquiera existe, al menos para quien ya ha muerto. Solo existen los cadáveres. Y esos se olvidan pronto, por desgracia…

 (Los dos se miran fijamente. El presidente baja la mirada y se queda meditando, muy serio, sin saber qué responder a eso. Y entonces suena el timbre. Alicia dice: “deben ser ellos” y se levanta a abrir. Cuando abre, aparecen los actores del grupo de Alicia. Que en realidad son Mario, Juan y Marta  —o sea, los actores que los interpretan— disfrazados de personajes del Tenorio. No tan reconocibles bajo los disfraces. Y representando a unos actores aficionados cualesquiera amigos de Alicia. Es decir: no a sí mismos, ni insinuándolo siquiera —aunque hay algún paralelismo—.

 Mario —el más mayor— aparece de Don Juan, con perilla. Marta, de doña Inés. Con peluca rubia ella, una talla de pecho exagerada y gran escote. Y Juan, de Ciutti, criado de don Juan. Entran muy vivarachos todos envolviendo a Alicia, rompiendo el momento previo fúnebre con una algarabía. Y miran de refilón al presidente sin decirle nada, pendientes solo de ella)

  DON JUAN (Actor)

¡Hola Alicia! ¿Por qué esa cara tan larga?

  DOÑA INÉS (Actriz)

¡Aquí venimos, cariño! A alegrarte el día

 CIUTTI (Actor)

Este es tu papel, es fácil (A Alicia) Tómalo, enseguida te lo aprendes

 ALICIA (Ojeándolo)

Sí, gracias

 DON JUAN (Actor)

 ¡Es una obra satírica estupenda, a la antigua usanza! ¡Será un éxito cuando la estrenemos! El autor tiene talento (Señalando a Ciutti)

DOÑA INÉS (Actriz)

¡Sí! Este golfo tiene mucho ingenio (Señalando a Ciutti también)


CIUTTI, actor (En italiano, haciendo una reverencia e intentando meter mano en el escote de Inés)

 Grazie  

DOÑA INÉS, actriz (Molesta con él)

 Y la mano muy larga… (Le aparta de un empujón. Los demás se ríen)

PRESIDENTE (A quien ninguno le ha hecho caso)

 Bueno, les dejo solos para que ensayen. Iré a pasear (Se va por el jardín. Y los demás se acercan todos al sofá, en el que se sientan. Y empiezan a repasar los papeles)

 DON JUAN, actor (Distrayéndose de su guión)

 Bueno, ¿y qué tal con tu tío? (Señalando al jardín por donde se fue éste, aunque le ignoraron)

CIUTTI (Actor)

 Eso, ¿sigues cabreada con él?

DOÑA INÉS (Actriz)

 Todo el país lo está, desde que firmó el decreto

DON JUAN (Actor)

 Sí, qué decepción… Y pensar que todos confiábamos en él desde el principio

CIUTTI (Actor)

 Sí, todos nosotros

DOÑA INÉS (Actriz)

 Sí, es verdad. Todos

ALICIA (Triste, encogiéndose de hombros)

Yo ya desde niña. Recuerdo una vez… pero no quiero aburriros

CIUTTI (Actor)

 No, Alicia. Cuenta…
 
DOÑA INÉS (Actriz)

 Sí, cuéntalo Alicia

DON JUAN (Actor)

Sí, dilo Alicia

(Mientras hablan, el Banquero surge al fin del vestidor, disfrazado de conejo blanco. Hace intención de salir por el jardín. Pero ve al grupo en el sofá. Se dirige despacio hasta ellos, muy silencioso. Y tardan en reparar en él, muy atentos todos a Alicia)

ALICIA (Haciendo memoria)

 Bueno…veréis. Yo tenía ocho años, y estaba pasando un fin de semana en esta misma casa con mis padres. Por aquel entonces el presidente aún no lo era, como sabéis. Solo era un joven e idealista abogado que se presentaba como candidato a la presidencia por primera vez, aunque esa vez perdió en la votación. Y también en la siguiente… Recuerdo que yo estaba sentada ahí en el jardín (lo señala) con mi hermana mayor. Acababa de ayudarle a rotular las pancartas para la campaña. ¡Yo estaba tan feliz!… Para mí era un juego, aunque acabé agotada y dormida en el césped, mientras mi hermana leía un libro. Y bueno, entonces me despertaron unos pasos…

(En este punto, Alicia hace una pausa, meditando. Entonces el Conejo se sienta en el brazo del sofá justo al lado de Alicia, sin que ni ella ni los demás lo noten. Y todos la animan a seguir, poniendo un suave énfasis en el nombre de ella)

DON JUAN (Actor)

¿Y qué más, Alicia?

DOÑA INÉS (Actriz)

Sí, sigue, Alicia

CIUTTI (Actor)

Continúa, Alicia

DON JUAN, actor (De nuevo)

Vamos, Alicia

ALICIA

 Bueno. Pues cuando abrí los ojos, vi frente a mí a un conejo…

 (Vuelve el rostro y ve al Conejo sentado junto a ella, lo cual la ha hecho equivocarse en su relato)

»“¿Usted qué hace ahí?” (Al Conejo, muy molesta. Haciendo que los demás reparen en él, de paso. El Conejo se levanta del brazo del sofá en el acto, y se aleja un poco. Le ignoran todos de nuevo)

“Como iba diciendo (Alicia retoma el hilo, corrigiéndose) abrí los ojos ¡y allí estaba el presidente! ¡Fue tan bonito! Me cogió en brazos y me estrujo fuerte contra su pecho. Yo le enseñé toda orgullosa mis manitas. Que estaban manchadas de verde después de haber pintado las pancartas. Y me las llenó de besos. Todavía me quedan restos de pintura en las palmas, ¿lo veis? ¡Todavía tengo! (Se las enseña a los demás)

DON JUAN, actor (Enseñando las suyas)

Y yo

DOÑA INES, actriz (Imitándole)

Y yo

CIUTTI, actor (Enseñándolas también)

 Y yo

CONEJO (Engrosando la voz. Se ha vuelto a sentar junto a Alicia en el brazo del sofá sin ser visto, y enseña también las manos… o patas)

 Y yo…

(Alicia vuelve a sorprenderlo a su vera cuando le oye. Y le grita fuerte, con rabia. Los demás se le unen)

ALICIA

¡Ya deje de molestar!

DON JUAN, (Actor)

 ¡Ya lárguese!

DOÑA INÉS, (Actriz)

 ¡Fuera!

CIUTTI, (Actor)

 ¡Puerta!

(El conejo se encoje de hombros y se aleja del sofá. Todos le ignoran de inmediato, como siempre. Busca la salida y da unos pasos hacia el jardín. Pero parece desorientarse y vuelve atrás, hacia la Habitación de la Conciencia. Duda un segundo antes de entrar. Cuando al final abre la puerta, suena el ruido eléctrico un instante. Y él se pierde dentro al final, cerrando tras de sí. Ninguno del sofá repara en él ni en sus movimientos, distraídos repasando el guión teatral)

ALICIA (Retomando su relato)

 Y bueno, lo demás ya lo sabéis… Al final mi tío logró ganar unas elecciones por fin, y las cosas fueron a peor…

 (Entre tanto, cuando se esfuma el Conejo, el presidente vuelve cabizbajo del jardín. Y se sienta muy meditabundo en su mesa de despacho, con aire preocupado. Solo Alicia repara en su presencia, y él no se fija en nadie)

DON JUAN, actor (Muy dolido)

 Sí, y ahora todo está peor que nunca. Un desastre. Y por su culpa

DOÑA INÉS, actriz (Con rechazo)

 Sí, el presidente es un fraude

CIUTTI, actor (Con igual desdén)

 Al presidente no le importa la gente

ALICIA (Muy sensible. Viendo como el aludido hunde la cabeza entre sus manos en la mesa. Ensimismado y melancólico)

 No, el presidente está triste…

DON JUAN, actor (Con retórica)

 “¿Qué tendrá el presidente?” (Y animándose, de pronto): Bueno, no nos pongamos fúnebres. ¡Vamos con la comedia, es hora!

DOÑA INÉS, actriz (Con entusiasmo repentino, también)

 ¡Sí, vamos a ensayar!

(Inés empuja de la mano a Alicia, que aún mira al presidente)

CIUTTI, actor (De buen humor igualmente, y con orgullo él)

 Sí, vamos. ¡Es mi gran obra!

(Antes de que se levanten todos del sofá y justo cuando Don Juan rompe el hielo animándoles, bajan las luces de la escena y el presidente se queda al fondo en penumbra, cabizbajo. La Puerta de la Conciencia se abre sola, suavemente. No surge ruido de ella ahora, pero sí una luz brillante. Don Juan la cruza decidido, y Ciutti tras él. Luego va Doña Inés, que tira de la mano de Alicia, quien se resiste a entrar por un segundo, algo reacia. Pues Alicia mira todavía con preocupación al compungido gobernante)

DOÑA INÉS, actriz (Animándola)

 Vamos, Alicia ¿Qué esperas? ¡Vamos!

ALICIA (Cediendo, pero sin dejar de mirar al presidente)

 Sí, vamos…

(Al final Alicia se deja llevar dentro. Y cae un telón simulando un parque o un biombo, o la escena misma se oscurece lo bastante para que el escenario del despacho no se vea. El caso es que se omite el fondo de antes, y queda el espacio justo en el proscenio para el Entremés de Juan Gatillo, previo al tercer y último acto. Todo el mobiliario para el mismo, es un pequeño banco antiguo.

 Aparece un mozo vendedor que lleva dos cestas: una con huevos y otra con peras. Deja la de huevos en el suelo, y se pasea con la otra. Tras él entra Ciutti, que se dirige al público)

  CIUTTI

 Atentos todos ahora al estribillo:
Ya empieza el entremés de Juan Gatillo.
Un maduro galán que, en sus quimeras,
Se dejó engañar por unas…

 MOZO

 ¡Peras!

(Grita eso largamente, y se pierde al fondo de la escena. Entra Don Juan, que se muestra melancólico)

 DON JUAN (Acercándose a Ciutti, cabizbajo)

 Ay Ciutti, no perdonan los años,
como dice el vulgo con su voz.
Me enfrenté a la muerte con redaños
y apuré la vida con su flor.
A veces hice bien, a veces daño.
Cordero fui, también lobo feroz.
Mas mi cuerpo falla, y no te engaño…

CIUTTI (Preocupado)

 ¿Y ahora qué sois?

DON JUAN (Con amargura)

 Ahora soy precoz… (Se sientan en el banco)

CIUTTI

 ¿Precoz, decís?

DON JUAN

¡Pues sí, precoz! Y no es pecado:
no soy mozo, soy hombre maduro.
Duro sigo, pero nada duro:
Como bollo de supermercado

CIUTTI

 ¿Para tanto es?

DON JUAN

A  Inés
no la puedo ya tener contenta.
Se enrabieta, se impacienta.
Se revuelve, se rebota.
Se retuerce, se alborota…
Y yo lucho y me sostengo

CIUTTI (Intrigado)

 Y al final, ¿qué pasa?

DON JUAN (Tras un silencio, fingiendo unos senos con las manos)

 Bota…

CIUTTI (Imitándole en el gesto)

 ¿Bota?

DON JUAN (Resignado)

Sí: bota. Y ya no me contengo…

CIUTTI

¿Y cómo es eso?

DON JUAN

 Es que Inés es muy tetona.

Y al ver sus mamas saltando,

pienso que estoy escalando

dos pirámides de queso.

Y me agoto, y me embeleso.

Y las exprimo, y las beso.

Y al exprimirlas… me exprimo.

Pues al fin, tanto me animo

que, lo que aguanté… se escapa.

Y no queda más que hacer,

pues no parece mujer:

¡más bien parece una vaca! (Con aflicción, sin burla)

 CIUTTI (Animándole)

 Eso son cosas de alcoba:
¡nadie lo sabrá, descuida!

(Aparte, al público)

Aunque ahora le doy coba,
esta tarde, por mi vida
que le delato. El tacaño
no me paga ya hace un año

DON JUAN (Pesaroso, estremeciéndose)

 ¡Qué agonía! ¡Qué calambre!

CIUTTI (Hipócrita, fingiendo compasión)

 No saldrá de mí: lo juro

DON JUAN

 Es que es duro, Ciutti.
 ¡Es duro!

CIUTTI (Pensando en alto, a la platea)

 Mucho más duro es el hambre…

DON JUAN (Sin entender, casi sospechando)

 ¿Cómo?

CIUTTI  (Disimulando rápido. El otro se levanta…)

 No nada, ¿a dónde vais?

DON JUAN

 A casa

CIUTTI

¿Os sigo?

DON JUAN (Deprimido)

Mejor me voy solo, amigo.
Sin mancuerna, que son dos…

CIUTTI

 Entonces, ¡adiós!

DON JUAN

 ¡Adiós!

CIUTTI (Guiñando un ojo al público)

Yo me voy a la taberna...

(Hacen mutis, cada uno por su lado. El mozo del principio, surge rápido y se acerca al borde del proscenio, con la cesta de peras todavía)


 MOZO (Marcando el cambio)

Y unos días después…

¡Peras! 

(Tras ese largo grito, el mozo desaparece y deja sitio a Ciutti y a Don Juan, que se incorporan a la escena. Don Juan sigue igual de melancólico que antes. Y también algo alterado)


 DON JUAN (Muy melodramático y sobreactuando un poco, palpándose el pecho y señalando el corazón. A mitad de la estrofa, se sientan en el banco Ciutti y él)


 Yo que subí a palacios,
 yo que bajé a cabañas.
 Y ahora, en este espacio
 que acoge mis entrañas,
 palpita silencioso
 aquel que fue orgulloso,
 valiente y pendenciero:
 feroz en su inconsciencia,
 despierto en su dispendio.

 ¡Oh cruel maledicencia!
  ¡Oh infausto vilipendio,
   que inunda mi conciencia
  lo mismo que un incendio
  que envuelve en una llama
  los restos de la fama
  Que guarda mi memoria!

 ¿A dónde fue mi gloria?
¿En qué quedó mi nombre?
 ¿Qué queda de la historia
  de este que fue un hombre
  tan bravo y tan derecho?
 ¡Me duele aquí, en el pecho! (Se lo palpa, con desolación)
   
 CIUTTI (Campechano, quitándole importancia)

  ¡No es para tanto, hombre!

DON JUAN

 ¿Decís que no? ¡Es tremendo!
  Ya es pública mi falla,
 pues hubo algún canalla
 que habló más de la cuenta.

 No sé quién fue, ni entiendo 
 la causa de su afrenta.
 Pero me humilla y duele
 lo sepa o no, ¡es lo mismo!

CIUTTI (Al público)

 Ese fui yo, y delátele
En la taberna, allí mismo

DON JUAN

Sé que es un anacronismo,
pero ¿qué dan en la tele?

CIUTTI (Confundido)

 No sé…

DON JUAN

 Solo faltaba que hablasen
también de mí en las noticias.
Que no sé qué son ¡albricias!
pero sé que no son chistes.
Que, aunque yo nunca las sigo,
a mí me dijo un amigo
que cuentan cosas muy tristes…

CIUTTI

 ¡Animo, que no es tan grave!

DON JUAN

¿Que no? ¡Pero si ya lo sabe
hasta el chico de la tienda!
Se me acercó ayer y dijo:
“Hay que ser igual que Hacienda,
que esa nunca falla un pijo”

(Engolando la voz, con retintín)

Y hasta tuve que aguantar
hoy, a eso de las siete,
a otro que, en un tenderete
que llaman “kiosco”, exclamó:
que tendría yo otro fallo
no al yacer yo con alguna
dama hermosa o muy altiva,
que eso no sería feo.
¡Al echarme con un callo
que llaman “La Primitiva”!

CIUTTI

 Creo que eso es un sorteo…

DON JUAN (Con desdén)

 Da lo mismo, y lo más grave
 es que se ha vuelto peor…

CIUTTI (Intrigado)

 ¿Peor?

DON JUAN

 ¡Peor, si cabe!
Y eso nadie lo remedia,
pues se ha vuelto algo tremendo.
Yo jugué a las Siete y Media,
a ese juego de Don Mendo,
con las cartas del revés.
Pues jugué con Doña Inés,
con Inés de Calatrava
en su alcoba. Y cambió el juego,
Pues se dio vuelta la taba.
Ya que, si antes me pasaba,
ahora, Ciutti, ¡ahora no llego!

CIUTTI (Impactado)

 ¿Gatillásteis?

DON JUAN (Subrayando, resignado)

 ¡Gatillé!
Y dos veces. Dos. ¡Pardiez!
No fue naipe ni ajedrez,
no fue juego vil ni alto.
Fue doméstico esta vez,
como juego de la oca:
ella fue de salto en salto,
avanzó como una loca,
hacia el tálamo, con gozo.
 Yo detrás, como una roca.

Pero, cuando di en el pozo,
diome vértigo en mi fuero,
casi pierdo la cabeza.
Pues, por reglas del tablero,
el que cae en el pozo, empieza
desde cero…

CIUTTI

¿Desde cero?

DON JUAN

Desde cero, y no soy mozo:
Empezar me lleva un rato.
Y ahora os cuento lo del gato,
Pero comeré primero…  

(El vendedor con la cesta de peras acaba de aparecer al fondo. Él le hace un gesto para que se acerque)

Dame una… ¿Cuánto es?

MOZO (Se la entrega)

Es un octavo real

DON JUAN (A Ciutti, fingiendo no llevar dinero)

¿Tenéis cambio?

CIUTTI (Paga él al mozo, que se va enseguida)

Ten, chaval

(Y luego al Público, por Don Juan): ¡qué persona más tacaña!

DON JUAN (Frunciendo el ceño al probarla, como si estuviese dura)

¿La mordéis por mí?
Me daña…

CIUTTI (Incrédulo)

¿Estáis loco?

DON JUAN (Se encoge de hombros)

Pues estoy cuerdo, y la muerdo

(La muerde. Y de pronto la disfruta. Y vocaliza mal, pues habla con la boca llena)

Pues para ir acabando
Esta historia a la primera

CIUTTI (Le señala a la barbilla)

Mirad que os estáis babando…

DON JUAN (Que pronuncia bien, a la larga)

Es que está buena esta pera…

Terminando con el cuento:
cuando estaba consumando
con Inés tras un reposo,
saltó el muro del convento
una bestia que iba andando.
Un gato de angora hermoso,
que se lanzó como un oso
cuando nos vio retozando.
Me asusté, y volví a fallar.
Y ella se marchó a bañar,
y el gato se fue maullando…

 Y ese fue un gran gatillazo,
aunque el gato era pequeño.
Y desde entonces, no como.
Y desde entonces, no duermo.
Pues mi espíritu está enfermo,
y mi vida da traspiés:
sólo sueño con Inés,
con sentir su dulce aroma…
           
(Inés aparece del brazo de su criada Brígida, que es Alicia disfrazada)

CIUTTI (Al verlas)

 Pues alerta, que ya asoma

DON JUAN (Se levanta del banco y deja allí la fruta)

 Sí, ella es… ¡Es la tetona! (Subrayando el adjetivo)

 ¡Rápido, el postre!

CIUTTI (Confundido, refiriéndose a la pera abandonada)

 ¿La pera?

DON JUAN (Haciendo gesto de que le ayude a arrodillarse)

 No, ¡que me postres!…

CIUTTI  

 Ah, sí…

(Le ayuda. A Don Juan le cuesta un poco acuclillarse, entumecido por la edad)

DON JUAN (A Inés, rodilla en suelo y con una reverencia)

 ¡Oh dulce Inés!
Don Juan se pone a tus pies,
y se rinde a tu beldad

DOÑA INÉS “TETONA” (A Brígida, en confidencia por la incómoda pose del otro)

 Ay, este hombre, a su edad…

(Y ahora a Don Juan, con mala gramática)

“Levantaros, levantaros”. Que me da pena miraros…

DON JUAN (Se incorpora con dificultad, con ayuda de Ciutti)

 Me levanto, no os de pena

CIUTTI (Pensando en alto. Por Doña Inés, que le dedica un guiño)

 Esta Inés no está tan mal…

DON JUAN (Igualmente para sí y por Brígida, que también le guiña un ojo)

 Pues la criada está buena

INÉS TETONA (A Don Juan)

 Oh, Don Juan, os debo hablar
con razón precisa y clara.
 Todas las perlas del mar
a tu amor no se comparan.
Pero yo estoy por catar,
y con vos… me siento rara.

Necesito otro vigor,
otra fuerza, otra energía.
Pues, aunque hay en mí pudor,
la templanza hace porfía.
Y mi alma tiene dudas…

DON JUAN (Se arrodilla sin ayuda esta vez, y saca un collar para ella)

 Tomad esto, vida mía.
Es de perlas, por si ayuda...

 INÉS TETONA (Comprueba el collar, lo pesa y tira de él)

De perlas me viene, sí.
¿Son “majóricas” o chicas?

 DON JUAN

Sí son grandes, no lo estires.
Y son buenas, son de mar.

INÉS TETONA

Pues dejad que me retire
porque debo meditar,
ya que es grande mi desvelo.
¡Levantaos ya del suelo! (Le regaña. Y le ayuda a incorporarse, cosa que a él le cuesta)

DON JUAN (Ya en pie por fin, ella se va aparte)

 Pues medita, yo te espero

 (Cuando Inés se aleja de él y del banco, Ciutti empieza a intercambiar con Doña Inés un coqueteo de guiños y miradas. Al tiempo, Ciutti saca un pliego de papel y una pluma de ave. Y se pone a escribir mientras la observa, como inspirado por la presencia de ella)

BRIGIDA

(Se acerca a Don Juan cuando Inés se va. Alude al collar de Inés, con un gesto)

¿Tenéis otro, caballero?
Yo soy Brígida, encantada

DON JUAN (La saluda)

 ¿Otro collar? Creo que no (Y al público):

Esta es una interesada…

BRÍGIDA (Que le escucha. Y le habla al público, señalando a Inés también)

 No seré yo la primera…

(Don Juan rebusca en su jubón, y habla aparte al público sobre la joven Brígida)

Esta Brígida es artera,
y no tiene buena rima.
Pero está bien si se arrima,
me da igual si no es sincera.
Pues si al fin, pese a su nombre,
tiene el brío que a su edad
corresponde, y me responde,
no seré yo menos hombre
si ella falta a la verdad.

(Al final saca una pulsera, y se la ofrece)

Solo tengo esta pulsera       

BRÍGIDA (De corridillo y secamente, con emoción plana al decirlo)   

Me va bien. Traed. Os amo (La coge, sin ponérsela)

DON JUAN (Orgulloso, al público)

¡Ha caído a la primera!

BRÍGIDA (Que le escucha)

No sois vos, es el reclamo

DON JUAN (Al público de nuevo)

Pues resulta que es sincera…

(Ella se va de su brazo, y se sientan juntos en el banco. Allí él le pone la pulsera, y en adelante coquetean en segundo plano)

INES (por Don Juan, dolida cuando ve sus arrumacos)
 
 Yo me voy…

CIUTTI (Deteniéndola cuando ella va a hacer mutis, con insistencia)

  Inés, espera (Corre hacia ella, pero ella le ignora)

Espera… ¡Espera! (La retiene del brazo, molesto ya con su evasión)

He escrito para vos un ripio

INÉS TETONA (Refiriéndose a los del banco)

 Pues leedlo bien, desde el principio,
Ya que mi alma precisa otra asidera
y mi cuerpo busca consumar…

CIUTTI  

Pues oídlo bien, que os va a gustar:

(Hinca la rodilla en tierra para leer. Ella escucha, entre remolona y pícara)

«Tetona tienes por nombre,
y lo repito con gusto.
Eres el sueño de un hombre
y la realidad de un busto.

Quien te diga que tú tienes
lánguidos "senos”, se engaña:
lo que tienes son dos tetas
firmes como dos montañas.

Cuando Dios tomó de Adán,
para Eva, la costilla,
te hizo a ti también, de un pan
untado con mantequilla.

En tu pecho sí cabría
ese corazón que tienes.
Y una ballena con crías,
Y un ferrocarril con trenes. 

Tiras más que dos carretas,
dicen, con tus dos “razones".
Te celebran los poetas,
y te envidian los melones.

Sueño con dormir contigo,
juntos hasta la alborada.
Con tu sostén como abrigo
y tus tetas como almohada.

Pero no me ames, tetona,
no quiero decepcionarte.
Porque sé que eres persona...
pero yo no sé abarcarte.

Cenicienta siempre fuiste,
Tu elegancia tiene arrugas.
Pero nadie queda triste
si le enseñas las pechugas.

Aunque, raudo, acudiré
a tu baile si me llamas.
Con tus pies, pondré mis pies,
y mis manos...en tus mamas.

Y cuando sean las doce,
yo reprimiré mi llanto.
Pues se acabará el hechizo,
pero nunca tus "encantos".

En el universo hay:
Astros, nubes y planetas.
Pero, para mí, no existe
otro cielo que tus tetas.

Si me quieres, dame abrigo.
Si me quieres ahogar, vete.
Pero quiero ser tu amigo:
¡Por favor, no me destetes!»


 INÉS TETONA (Satisfecha con el ripio, que el otro concluye muy meloso, tomándole las manos)

 Cautivome vuestra estrofa
tan febril, tan verdadera.    
 También chusca y garbancera,
chabacana y verdulera.
Pero amorosa y sincera,
y os la acepto: me da gusto

CIUTTI (Se levanta, ilusionado)

¿Seréis mía, pues?

INÉS TETONA (Matizando)

Lo justo… ¿tenéis finca?

CIUTTI

Un terreno

INÉS TETONA

¿Y es muy bueno?

CIUTTI

 No está mal

INÉS TETONA

¿Tiene granja?

CIUTTI

 Un cigarral

INÉS TETONA

¿Está en Toledo?

CIUTTI

 No, en Oviedo

INÉS TETONA

¿Y las vacas?

CIUTTI

 Son lecheras…

INÉS TETONA

¿Las gallinas?

CIUTTI

 Ponedoras

INÉS TETONA

No será larga la espera.
 Pues mañana, en esta hora,
os aguardo en el convento.
Pues con vos yo me contento,
ya que sois hombre rural.

Pues, aunque el campo está mal
la ciudad está peor.
Hacia el norte partiré,
allí no agobia el calor.
Y muchos hijos criaré,
pues yo tengo para eso. (Se sopesa los pechos)
No criaré en la Mancha el queso,
ni los toros en Utrera.

En Asturias viviré
como humilde ganadera.
No seré oriental pañera,
ni sureña algodonera.

CIUTTI

 ¿Y qué seréis?

INÉS TETONA (Sopesándose los pechos, de nuevo)

 ¡Central lechera!

Quiero estar cerca del mar,
lejos del encierro oscuro
de este frío mundo urbano
tan hostil y tan vulgar,
tan anónimo y tan duro.
Tan arisco e inhumano
con su gris tecnología…
Quiero ver la luz del día

  (Saca un teléfono móvil y lo muestra ostensiblemente)

 ¡Ya no quiero el celular,
y lo arrojo de mi mano,
pues mi ser no lo disfruta!
Y lo piso y lo pateo (Lo hace, con saña)
pues es frío, y es muy feo
¡Ya lo destrocé!

   CIUTTI (Al público)

¡Qué bruta!

INÉS TETONA (Sigue con su égloga, muy trascendente)

Quiero el aire campesino.
Quiero escuchar los cencerros,
los ladridos de los perros,
el mugir de los bovinos.

Quiero estar con el vecino,
quiero que me de la mano (Hace el gesto)
y sentirlo, y que me hable.
Quiero un trato real, cercano,
no de lejos por un cable…

CIUTTI

 ¿Y si os aburrís?

INÉS TETONA (Muy resuelta)

 Da igual…
¡Para eso tengo “tablet”!

(Saca una tableta digital. Ciutti se entusiasma al ver el artefacto)

CIUTTI

 ¡Qué invento!

INÉS TETONA (Orgullosa)

¿A que es genial?

 Tiene cosas para hartar:
para el ocio y el fornicio,
el negocio y el placer.
Y si os da por estudiar
no defrauda el artificio,
pues también se puede leer.

CIUTTI (Entusiasmado)

 ¿Puedo usarla?

INÉS TETONA

(Le entrega a él la tableta, y le indica con un gesto que la apoye en su escote)

 Usadme a mí…

CIUTTI (Obedece, pero se muestra frustrado al pulsar la tableta)

 No lo puedo hacer andar.
 Y lo aprieto, mas no puedo…

INÉS TETONA (Con picardía)

 Es que no basta tocar:
hay que deslizar el dedo.

CIUTTI (Atinando al fin)

 ¡Vaya! ¡Tiene GPS!

INÉS TETONA (Le deja solo con la tableta)

 Seguid vos, yo voy con ese…

(Ella se acerca a Don Juan. Que ha acabado por dejar sola a Brígida en el banco, celoso al ver su comadreo con Ciutti y la tableta digital. Y espiándolos a ambos a media distancia, con cara de disgusto)

INÉS TETONA (Le encara, muy humilde)

 ¡Oh Don Juan, ya medité
Y la culpa arde en mí!
Os fingí amor: sí, fingí.
Pero no me arrepentí
pues también os estimé.
 Pero igual somos los dos:
me engañasteis, y yo a vos.
Porque soy de vos espejo,
y lo que tenéis de viejo
Lo tengo yo de despechada.
Pero no estoy enojada.
Porque yo, si me despecho,
¡ay, Don Juan, me quedo en nada!

Solo queda el interés,
y eso ya se terminó.
Pues se postra aquí a tus pies (Lo hace, muy melodramática)
esta tímida persona.
¡Perdonad a esta Tetona,
que hace tiempo os perdonó!

(Se pone en pie de pronto, muy sobreactuada con el dorso de su mano en la frente. Justo cuando Don Juan la iba a atender, compadecido)

¡No, Don Juan! ¡Ya no me mueve el interés!

CIUTTI (Conmovido)

¡No solo es bella, es fiel, voy a llorar!

BRÍGIDA (Desde el banco, asombrada por la supuesta dignidad de su ama)

 ¡Yo nunca he visto así a Doña Inés!

INÉS TETONA (Al público, con sarcasmo y señalando la joya en su cuello)

 Total, como ya tengo el collar…

(Don Juan se va aparte, meditando en alto en un monólogo. Engañado por la retórica de ella igual que el resto. E Inés corre alegre a su rincón, a coquetear allí con Ciutti abiertamente. Mientras Don Juan habla, les mira a ambos de reojo varias veces)

DON JUAN (Por Doña Inés, con desdén)

¿Así que es buena? Virtud es, y no pecado.
Pero a ningún Don Juan le van las santas.
Es solo eso, una más, una de tantas.

Ya no vale fingirme enamorado,
no me vayan a tomar por un pardillo.
Lo mismo da: ¡que se la quede mi criado!,
no me llamen por su culpa “Juan Gatillo”

Que, aunque soy yo el que de macho tiene fama,
él es un semental que quita el hipo.
Que se la quede Ciutti, es un buen tipo…

INÉS TETONA (A Ciutti, separándose los dos)

 ¡Ya sabes Ciutti, en el convento!

CIUTTI

 ¡Hasta mañana!

(Ella hace mutis. Pero Ciutti se queda en segundo plano como un espectador más, disfrutando satisfecho el desenlace. Brígida deja el banco y se acerca a Don Juan, que la ve llegar con sutileza paso a paso. Insinuándose ella, entre sumisa y coqueta. Cimbreando el cuerpo y con las manos en la espalda)

DON JUAN (Se refiere a ella como si no la conociese de antes)

 Pero pronto me depara la fortuna
Otra hembra con que seguir mi juego.
Una doncella tímida, inexperta,
que viene a mí sumisa, con un ruego
meloso, o algún fingido lloro (Hace mímica de llanto pueril)

BRÍGIDA (Con mundano descaro de repente, en cuanto llega a un palmo de él)

Oye tú, tesoro ¿tienes fuego?

DON JUAN (Sorprendido, pero manteniendo el tipo)

Eh…Sí.  (Saca un mechero dorado y una pitillera dorada también, y le da un cigarro y se lo enciende)
»Mi fuego no es igual que el de cualquiera…
Toma el mechero, para ti: es de oro (Se lo entrega, y ella lo muerde, como comprobando si es valioso)

BRÍGIDA (Ironizando sobre la virilidad de él, con el mechero en la mano) 

 No sé yo si ese fuego es tanto fuego…
Pero este oro, no me parece tanto oro (Por el mechero, con sutil avaricia)

DON JUAN

 Pues venga, toma también la pitillera  (Se la entrega)

(Ella queda encantada, se agarra al brazo de él y ambos hacen mutis despacio. A la vez, entra el mozo de siempre, con su cesta de peras que cambia por la de huevos, por fin)

CIUTTI (Al público, asomándose al proscenio)

Al final, el destino equilibró las cosas:
como este, hay casos a cientos.
Con las espinas, también vinieron rosas,
y quedaron todos tan contentos.

Cada uno que viva en su rebaño
sin atenerse a falsos reglamentos,
a excepción de uno muy sencillo:
no consentir jamás con el engaño
de jugar con los ajenos sentimientos,
sea uno Don Juan o Juan Gatillo.

Y con esto, termina este entremés
De un viejo cuento, puesto del revés
por deleitaros con pensamientos nuevos.
Pues al mito hay que colgarlo por los pies,
y a vuestra vida debéis echarle… (Mira al mozo, como seña)

MOZO (Gritando largamente, con la cesta en la mano)

 ¡Huevos!

(Hacen mutis ambos, muy deprisa. Y ya todo está listo para el tercer y último acto)




                                        TELÓN








© Bonifacio Álvarez

2 comentarios:

  1. Bonifacio,he leído retazos y me he partido de risa.Sobre todo,con el sueño de arbitrar al Barcelona que todo merengue pergeña gozoso.Aguardo al pdf para leerlo mientras me desplazo por esta urbe inasible y tumultuosa.Me temo que será difícil encontrarle un objeto a la obra,porque disparas en muchas direcciones,lo que forma parte del encanto de tu estilo.

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    1. Gracias por leer, aunque sea a retazos. El tercer acto y el PDF irán con cierto retraso, porque ando muy ocupado últimamente.

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