sábado, 22 de abril de 2017

« El infierno está lleno de gente » (Primer acto)



              





Entre Ionesco, Pirandello y Jardiel Poncela. Con bastante de mí mismo. Y de la realidad presente... e intemporal también.
 
  Les dejo el primer acto de una comedia teatral que consta de tres. Dos están escritos ya. El tercero, a medias. Los iré publicando despacio. No quiero abrir todos los cacahuetes a la vez...



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                                        ̶ El infierno está lleno de gente ̶











«Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas…»



                                                                                                                     Gabriel Celaya







                                                        1er ACTO


Pasillo del ministerio de cultura, piso superior. Al fondo, una vidriera, donde empieza el descansillo. En cada flanco del pasillo, dos puertas muy separadas entre sí, una a cada extremo. Las dos puertas del muro de la izquierda, son correderas. Marta, en bata de trabajo, retuerce la fregona en su cubo en ese flanco, y la deja. Y en el opuesto, en traje de conserje, Alicia termina de apilar unos dossiers, junto a la puerta del lado derecho más cercana al patio de butacas.


       ALICIA,  (Saca un paquete de tabaco y un cigarro de él. Se lo pone en la boca sin prenderlo y dice a Marta):

¿Quieres un cigarro?

       MARTA

No, ya sabes que lo estoy dejando...

       ALICIA

 Pues yo ni siquiera fumo… (Se encoge de hombros. Guarda el cigarro en el paquete sin haberlo encendido. Y luego el paquete de vuelta a su chaqueta)  ¿Le diste de comer, entonces...?  (Señala al muro opuesto al suyo)

       MARTA

Sí, le dejé un cubo. Pero lo olió y apenas lo probó, como si desconfiase

       ALICIA

Es que todavía no te conoce bien (Se oye un bufido). Hoy parece inquieto

       MARTA

Será el hambre, como apenas comió... Lo que no sé, es cómo aguanta ahí metido (Marta señala el muro próximo a ella, y Alicia mira desde el otro)

       ALICIA

Está acostumbrado, entiéndelo. Lleva tiempo aquí. Además, tiene sitio para expandirse a sus anchas, entre el subterráneo y el jardín

       MARTA  (Mira el reloj y cambia de tema)

La que lleva poco trabajando aquí soy yo. En fin, hace veinte minutos que debería estar seco el hall. Pero se resbalarán, como siempre

       ALICIA

Es que, si se resbala en un sitio concreto, se resbala ahí siempre, aunque esté seco. Da igual cronometrarlo, es como un agujero negro

       MARTA

Sí, es la fatalidad, es ley de vida  (Se oyen unos pasos). Sigue nervioso...

       ALICIA

No, eso es que alguien está entrando abajo, por la rampa. Vamos a ver… 

(Marta y Alicia acuden rápido a mirar por la vidriera al fondo del pasillo, a la expectativa. Se oye un resbalón, y la queja de alguien al caer)

      ALICIA

Mira que son torpes

       MARTA

Es horrible, un día se va a matar alguien

(Se oyen pasos de nuevo, esta vez subiendo la escalera, mientras ambas vuelven a su sitio. Y enseguida aparece el Subsecretario de Cultura, descompuesto aún por la caída y portando un maletín. Se sacude el traje y, al ver a Alicia y Marta, disimula el golpe y saluda primero a Alicia, muy formal)

      SUBSECRETARIO

Hola Alicia, buenos días. Hola señorita... (A Marta, de quien no recuerda el nombre)

      ALICIA

Buenos días, señor subsecretario. Se llama Marta (Por Marta). Nos conocimos en la facultad, y nos hemos hecho muy amigas

       SUBSECRETARIO

Ah, ya recuerdo, Marta... (Fingiendo acordarse). (A Alicia) ¿Qué tal los estudios de filosofía?

       ALICIA

De filología. Filología española, en concreto. Van bien, me faltan dos asignaturas sólo. Marta hizo filología inglesa, y ya acabó hace tiempo. Es muy lista...
         
       MARTA

Y aquí me tiene, fregando

      SUBSECRETARIO  (A Marta, con paternalismo)
    
Bueno, usted esfuércese, y con el tiempo...

       MARTA (Irónica)

No, si yo no me quejo. El trabajo aquí no es malo. Y total, por haber perdido tantos años estudiando, y luego los máster... Y bueno, el diploma siempre adorna en la pared... Pero eso no me choca, no soy la única en esa situación. Lo que de veras me impresiona es lo de... (Señalando al muro)

       SUBSECRETARIO (En tono natural esta vez, mirando al muro él también)

¡Oh, vaya, la habrá asustado! ¡Pobrecilla!

       MARTA

No, no. Si es muy formal. Y muy sufrido, ahí metido siempre

       ALICIA (Al ministro)

Es que a ella le sorprende que esté siempre encerrado

       SUBSECRETARIO (A Marta y Alicia)

Bueno, tampoco es tan insólito. Mírenme a mí, siempre enclaustrado en ese despacho (Señala a una de las dos puertas, pero del muro paralelo, la misma junto a la que descansa la pila de dossiers). Trabajando y trabajando sin descanso, día y noche, por el bien de la educación y la cultura del país... Trabajo y más trabajo... De todas formas (De nuevo señalando el muro) es un regalo diplomático, no puede rechazarse. (A Marta). Y usted ya verá cómo le toma cariño, ya verá...
     
       ALICIA (En tono meloso, mirando al muro de siempre, con ternura)

Sí, es como de la familia. Un poco ruidoso, pero se hace querer... (Se oye un suave bufido)

       SUBSECRETARIO (Por el bufido)

Hum… debe tener ardor de estómago otra vez

       ALICIA

Sí, habrá que medicarle
      
       MARTA

Y encima no ha comido

(Marta deja el cubo al decir esto, y acude con una bayeta, a limpiar la cristalera del fondo. El ministro aprovecha para llevarse aparte a Alicia, junto a los dossiers. Y los dos bajan la voz en adelante, vigilando a Marta por si escucha)

     SUBSECRETARIO

Mire Alicia, tiene que hacerme usted un favor. Se trata de una filtración interesada, ya sabe... siempre contamos con usted en esos casos...

      ALICIA

¿Para los periodistas? ¿Quiere que deslice una fotocopia en la sala de prensa, como siempre?

     SUBSECRETARIO

No, esta vez es un asunto de Estado, es muy serio. Hay que usar un método más sutil, más científico. Más minimalista...

      ALICIA

Querrá decir más minucioso…

   
   SUBSECRETARIO

No me corrija, Alicia (ella baja los ojos). Lo dije bien: minimalista. Porque tiene algo de minucioso, sí. Pero también de animalista (Saca un paquete de su americana, muy misterioso vigilando a Marta de reojo) Aquí tiene estos cacahuetes...

    ALICIA, (Confundida)

Muchas gracias...
      
   SUBSECRETARIO, (Disimulando)

No hay de qué

(Mira otra vez de reojo a Marta, que sigue a lo suyo, ignorándoles. Y añade en voz baja a Alicia, al tiempo que le alcanza el paquete)

  SUBSECRETARIO

Los cacahuetes, Alicia, son para la prensa…       

    ALICIA

Hombre, hay periodistas muy sumisos al poder, y eso... Pero creo que se van a ofender

   SUBSECRETARIO

No, no lo ha entendido. En los cacahuetes está la filtración. Dentro de uno de ellos, es un documento en miniatura. Debe entregárselos usted a Mario Herrera, el redactor jefe del diario de la oposición... que creo que es su novio, ¿no? (Con una sonrisa pícara hacia ella, y un suave codazo)

     ALICIA (Sonrojándose)

Bueno, no me gusta hablar de mis cosas personales…

    SUBSECRETARIO

¡Ay esta juventud, qué envidia me da!… ¡pero admítalo, mujer! ¡Si es lo más normal del mundo! Ojalá tuviera yo sus años…

   ALICIA

Ya, pero es que yo soy muy reservada para eso…

  (Alicia evade, tensa y tímida. Al tiempo que, con la vergüenza, deja descuidadamente el paquete a su cargo, sobre el montón de documentos. Marta termina al fin con los cristales, y se dirige hacia los que conspiran, limpiando de paso aquí y allá con la bayeta. Al ver como se acerca, el subsecretario se lleva a Alicia al rincón opuesto, para proseguir la confidencia sobre la prensa sin testigos)

SUBSECRETARIO (mirando a Marta de reojo)

 Venga conmigo, le explicaré…


(Marta no les hace caso, pero repara en los cacahuetes olvidados sobre la pila de dossiers. Los coge, con gesto de haber tenido una ocurrencia feliz, sin que los otros caigan en la cuenta. Y se va con ellos tan alegre, de vuelta en dirección al descansillo. Pero esta vez desaparece en la puerta del fondo, al lado izquierdo antes de la cristalera. El subsecretario prosigue, llevando del brazo a Alicia a donde estaban antes)
    
    SUBSECRETARIO

 En fin, que todo es una idea y una orden del ministro… Así que yo, en su nombre, he citado aquí mismo a Mario Herrera para que usted le dé los cacahuetes (Mirando su reloj) Y ya estará al venir. Él no está al tanto de la verdadera artimaña que hay en el fondo de este asunto. Y de eso se trata (Se sonríe con suficiencia). Cree que va a conseguir una gran exclusiva. Y así será. No le traicionaremos, descuide (Para convencer a Alicia, que le mira desconfiada). Pero ocurrirá sólo como al Gobierno le interesa que ocurra. Es decir: en su momento y gradualmente, y ello por el bien de la nación ¿comprende?

»Se trata de preparar el terreno para una importante información, para que la gente se habitúe por medio de la prensa opositora, que nos hará el juego sin saberlo suavizando el impacto. Son tiempos difíciles, y el contraespionaje es necesario. La oposición nos sirve. Y nosotros la servimos a ella, pero menos...

       ALICIA, (Sin confiar mucho, y en tono discreto)

Hablando de informaciones importantes... ¿puedo preguntarle algo?

       SUBSECRETARIO, (Sin mucha convicción al asentir, como intuyendo la pregunta)

 Claro...

       ALICIA

Es sobre la polémica del Decreto, que tiene en vilo al país. ¿Sabe usted algo? ¿Sabe si el presidente va a firmar el Decreto al final? A mí me lo puede decir...

SUBSECRETARIO, (Visiblemente incomodo)

Bueno, Alicia... con usted hay mucha confianza... pero, como comprenderá, yo no estoy autorizado a dar ciertas informaciones... Aunque sería rara una decisión tan importante, con el gobierno en funciones. Y sin que haya acuerdo entre los partidos para formar uno nuevo tras las elecciones… Además, el asunto está lejos de mis competencias, es un tema de política social, no cultural...  Y yo sólo soy un subsecretario, además, dos puestos por debajo del ministro. Mi cargo no es tan importante como para estar al tanto de algo así... Pero claro que no, tranquila, mujer… (En tono paternal, para salir del paso, y con una carantoña que deja fría a Alicia) Son sólo rumores. El presidente nunca decretaría algo así (Nervioso con su propio fingimiento, se ajusta la corbata) Y ahora, si me disculpa, tengo muchísimo trabajo, un trabajo enorme. Sólo una cosa: dígale a Herrera que los cacahuetes son para Buba, es la clave convenida (Se oye un bufido profundo). Mire, parece que sabe que hablamos de él... (Mira al muro de siempre, y Alicia le imita)

      ALICIA

Es verdad, es muy listo (Sin mucha gracia esta vez al mirar al muro. Triste de pronto, absorta ante la idea del Decreto).

     SUBSECRETARIO

En fin, confío en usted para el encargo (Le hace otra carantoña, y esta vez Alicia fuerza una fugaz sonrisa). Buenos días, ya debo dejarla... Tengo una cantidad de trabajo horrible, brutal, muchísimo trabajo...

(Se pierde sin más con su maletín, por la puerta de su despacho, la misma donde descansan los dossiers. Alicia se dispone a seguir ordenándolos, muy ensimismada en sus pensamientos. Sin acordarse del paquete de cacahuetes en un primer momento)       

       ALICIA, (Pensando en voz alta, como quien intenta convencerse, con un dossier de los de la pila entre las manos)

No. El presidente nunca haría algo así... 

(De pronto recuerda los cacahuetes y los echa en falta, y comienza a remover todas las carpetas buscándolos. Y luego explora otros rincones, muy nerviosa)


  MARTA, (Aparece enseguida. Muy pizpireta cruzando de vuelta el corredor, y sorprende a Alicia revolviendo todo)

¡Tendrías que ver a Buba, se ha puesto contentísimo, menos mal! Le he dado unos cacahuetes que había encima de ese montón (Señala los dossiers). Y está feliz, ¿no le oíste bufar?

     ALICIA, (Palideciendo)

¿Qué le has dado… qué? Pero, ¡quién te mando!         

     MARTA

No sé, chica, yo se los di para ver si comía algo. ¿Tan mal hice?

     ALICIA, (Conteniendo la ira)

Mal no: ¡peor! ¿Tú sabes lo que has hecho? ¡No había que dárselos! Eran... eran especiales (Titubeando, sin poder desvelar)

     MARTA, (Asumiendo la pifia, aunque sin entenderla bien)

Bueno, no sabía que fueran tan valiosos…se los di sin abrir la bolsa. Quizá si me doy prisa... (Hace intención de volver a la puerta del fondo, por la que antes hizo mutis) 

     ALICIA

Sí, ve... Pero no, mejor llámale...

   MARTA, (Plantada a medio camino, sin saber qué hacer)

¿Llamarle? ¿Cómo?

    ALICIA

Da un silbido...

   MARTA, (Intenta chiflar con los dedos en la boca, pero no sale sonido)

No me sale
    
   ALICIA

Deja, habrá que... pero espera, viene alguien

(Miran ambas hacia la escalera. Se oyen pasos en el hall de abajo, un resbalón y luego otro. Una queja y luego otra. Después los pasos continúan escaleras arriba)

       MARTA

Son dos, esta vez. No, si un día nos van a denunciar...

       ALICIA, (Mira su reloj, quitándole importancia)

Psche, al principio montaban en cólera, pero ahora ya se van acostumbrando

(Por el pasillo avanza Mario Herrera, con un pequeño block. Y su ayudante, con una cámara de fotos éste. Cuyo estado comprueba todo el tiempo, preocupado con el resbalón que se acaban de dar ambos reporteros)

    JORGE (El fotógrafo)

No sé si no se habrá jodido la cámara...

    MARIO HERRERA

Da igual, no venimos a hacer fotos (Se adelanta para besar y abrazar por la cintura a Alicia, que no tarda en rechazarle, preocupada aún por el paradero del paquete. Pero Herrera ignora su inquietud, que no capta en un principio)

   ¡Qué tal! (a Alicia).  Hola Marta. Os presento a Jorge, mi nueva mano derecha a pie de calle (Marta y Alicia saludan secamente al fotógrafo, sin dejar de mirar el muro. Marta sigue intentando silbar, sin conseguirlo. Entonces Herrera cae en la cuenta de que sucede algo)

   MARIO HERRERA, (Implicado al fin, mirando por simpatía al muro)

   ¿Qué ocurre con Buba? ¿Está bien?

  ALICIA, (Angustiada)

Lo que no sé es dónde está. (A Marta) Déjame a mí (La aparta, y silba ella misma, con más convicción y largamente). No tardará en venir. Ya se le oye (Se escucha un bufido algo lejano, y unos pasos plomizos)

      MARTA

Está lejos. Debe haber ido a comer los cacahuetes al jardín

     MARIO HERRERA, (Aparte a Alicia)

¿Los cacahuetes? ¿Los tiene Buba? (Muy preocupado, al caer en la cuenta al fin, tras oír a Marta)

     ALICIA

Fue por un despiste... pero tranquilo, que ahora mismo los recuperamos (En confidencia a Mario, tensa y disculpándose. Se separa de él y pega la oreja al muro. Y luego grita, cuando los pasos plomizos se acercan algo más). ¡Allí, al fondo! ¡Rápido!

(Alicia se apresura al final del pasillo, seguida por Marta y Mario Herrera. Jorge, el fotógrafo, les secunda también tras dudar un momento, confuso él desde el principio sin entender nada de aquello. Luego Alicia se arrodilla en el umbral de la puerta del fondo, cercana a la vidriera. Tras ella, en cuclillas, Mario Herrera. Tras Mario, de pie, Marta, apoyando las manos en sus hombros. Y tras Marta, también de pie, Jorge. Quien enfoca la puerta con intuición profesional cámara en ristre. Atento a lo que pueda aparecer allí, aunque Marta le estorba para ver correctamente)

     MARIO

No va a asomarse, es muy tímido…

    (Alicia abre la puerta corredera de golpe, para sorprender al animal detrás. Pero se le escapa, y se oyen sus pisadas rápidas).

  ALICIA

Se escapó… ¡Espera Buba! (Se pone de pie). ¡Rápido! ¡Por la otra puerta! (Alicia grita y corren todos otra vez siguiéndola, hacia el otro extremo del pasillo. Es decir: al primer plano de la escena, donde estaban antes. Y se vuelve a repetir la misma pose: Alicia arrodillada y tras ella Mario. Luego Marta de pie, y Jorge el último, intrigado )

    MARTA, (Al fotógrafo, que aprovecha para agarrarle la cintura)

¡Oiga!, ¿quiere soltarme?   

    JORGE

Perdón... (Cambia la cintura por la cámara, que enfoca a la nueva puerta, con espectación)

    ALICIA (Abriendo la puerta corredera, esta vez con suavidad)

Ahá, se te acabó la pared, pillín...Venga Buba, no seas malo. Dame la bolsa, que ya te compro otra...

    MARIO,  (Colaborando, en tono igual de suave)

Vamos Buba, dale los cacahuetes. Venga, que mañana te traigo la lima de uñas que te prometí...

   MARTA, (Se une al ruego)

Chist, chist, ¿quién es el muchachote más bonito y más fuerte de toda la sabana africana?

(Un breve bufido. Un silencio. Y un nuevo bufido más largo y lastimero. Entonces, surge del hueco de la puerta una larga trompa de elefante, que sostiene la bolsa de cacahuetes intacta. Pero justo cuando Alicia va a coger la bolsa, la trompa se retrae y desaparece)

      ALICIA, (Con ternura, pero con firmeza)

Vamos, Buba, cariño, no me hagas enfadar

(Como respuesta, se oye otro bufido breve, y la trompa vuelve a emerger tras una pausa, dejando al fín a Alicia que se apodere de la bolsa. Entonces Alicia acaricia la trompa con mimo un instante, y dice: “Buen chico”. La trompa desaparece al fín, y se oye un bufido más largo y quejoso que nunca, y unos pasos lentos y pesados que se alejan. Alicia cierra la puerta y se incorpora. Y el grupo abandona la pose y se relaja. A excepción del fotógrafo, que ya con la primera aparición de la trompa ha soltado la cámara estupefacto, sin llegar a hacer ninguna foto. Y sigue ahora plantado de pie frente a la puerta ya cerrada, solo y sin creerse aún lo que acaba de ver)

      MARTA, (Preocupada)

Parece que no se ha ido muy contento

      ALICIA, (Encogiéndose de hombros)

Bah, no creas. Es que le gusta hacerse la víctima

      MARIO, (Quitándole importancia)

Sí, es un poco melodramático

     JORGE, (Alucinado)

No puedo creerlo...

     ALICIA, (A Mario, a quien entrega la bolsa)

En fín: aquí tienes, esto es para tí. Tú sabrás lo que hay que hacer...

     MARIO

Es fácil, el documento de la filtración está en uno de los cacahuetes de la bolsa. Supongo que esperan que yo tarde en encontrarlo entre tantos. Pero los abrimos todos ahora, y ya está... 

     ALICIA

¿Sólo eso? ( Mario asiente ). Bueno, yo te ayudo ( Se ponen manos a la obra con la bolsa, en un rincón los dos )

     MARIO

La pena es que hay que desperdiciarlos, no da tiempo a comérselos

     MARTA, (Con resignación, torciendo el gesto)

Yo voy por la escoba...

     JORGE, (Mirando de refilón a la pareja. Pero absorto en la puerta aún, y hablando en tono alucinado)

Pero hombre, no los estropeen...¡guárdenselos al bicho!     

    MARIO, (Tomándose a chufa su delirio, pero concentrado en la pesquisa igual que Alicia)     

Sí, anda, que como te oiga llamarle bicho...
   
    ALICIA, (Corrobora, mirando a Mario de reojo)

Con lo sensible que es. Y el genio que tiene...

    MARTA, (Que ha vuelto con la escoba y un recogedor)

Me permiten... (Para que le dejen barrer las cáscaras)

    JORGE

¿O sea, que encima es peligroso?

    ALICIA, (Ofendida)

¡Claro que no! Es orgulloso, eso sí, pero muy civilizado...

    MARIO, (Apoyando a Alicia, con la que intercambia un guiño)

E inofensivo, por supuesto. Y muy sufrido... (Esta vez Mario dirige el guiño a Marta)  

    (Marta sigue barriendo, pero se suma a Alicia y Mario, para burlarse del perenne pasmo del fotógrafo. En adelante los tres anticipando una vieja broma convenida).

 MARTA

 Sí, muy sufrido también, todo el día ahí encerrado (Señalando el muro)

   ALICIA, (Fingiendo gravedad)

Sí, Buba es muy sufrido, es cierto. Todo lo aguanta el pobrecito. Todo, menos las injusticias...

   MARIO, (Imitando a Alicia en su trascendencia)

Es verdad, con las injusticias es tajante, de eso no cabe duda

   MARTA, (Igual de sobria)

Sí, con las injusticias actúa de una forma drástica

   JORGE, (Intrigado, de paso que se aleja de la puerta por fin)

¿Y qué es lo que hace con ellas?

   ALICIA, (Ya con guasa desatada, al ver que Jorge cae en la trampa verbal)

¿Que qué hace?

  ALICIA, MARIO Y MARTA (A coro)

¡Las aplasta!

(Los tres sueltan una carcajada. Pero el fotógrafo les ignora, y sigue todavía presa de la estupefacción. Aunque ya sin incurrir en el delirio)

   JORGE

Pero, ¿cuánto tiempo lleva metido ahí ese... animal? (Duda sobre el calificativo, por no entrar en polémica)

  ALICIA, (Volviendo a escrutar los cacahuetes, tras la risa)

No está “ahí metido”, se mueve por todos los subterráneos del edifico. Y sale al jardín a veces. Está aquí desde hace un año, más o menos...

   MARIO, (Pensando en alto, manos a la obra él también con la pesquisa)

Dónde estará el dichoso papelito...

   JORGE, (Tratando de asimilar el pasmo al fin, con sus preguntas)

¿Y os parece tan normal, como si tal cosa?  ¿Quién lo trajo aquí?

   MARIO, (Saliendo de su concentración para contestar)

Jorge, parece mentira que seas periodista... fue un regalo del presidente de Nigeria al nuestro, en uno de sus viajes oficiales, ¿no te acuerdas? Luego, nuestro presidente se lo regaló al ministro de cultura, para deshacerse del engorro.
    
      ALICIA

Exacto, lo trajeron aquí provisionalmente, pero al final encajó bien en el ambiente, y se quedó. Es tan sociable mi elefantito... (Con ternura como siempre, y mirando al muro) Este me lo como (Se come un cacahuete)

      JORGE, (En un arranque de lucidez tras hacer memoria)

¡Claro, ahora lo recuerdo, fue muy sonado! Aparte del elefante, el presidente se vino con otros ejemplares: un rinoceronte, una jirafa, y no sé que otros bichos... Pero, ¿por qué no donaron al elefante a un zoológico, como a los otros animales? (Mario y Alicia se encogen de hombros)

     ALICIA, (Sigue abriendo cáscaras, en adelante comiéndose algún cacahuete que otro, mientras que Mario no los prueba)

No tengo ni idea. Pero el pobre Buba no molesta a nadie

     MARTA, (Muy sesuda al meter baza, sin intención irónica aparente)

Y además Buba es mejor que los otros animales. Imagínate haber traído aquí a la jirafa, con lo altas que son...

    ALICIA, (Igual de seria)

¡No cabría!

(Mario asiente con un gesto a esto último, sobrio también él al igual que Alicia y Marta. Sin que haya una trama burlesca esta vez contra el fotógrafo, que se envalentona más con la estoica frialdad de los otros)

      JORGE

Pero bueno, esto es increíble. ¿Y el ruido? ¿Y la higiene?

      MARIO

Ah, eso no es problema, el edificio está insonorizado, ¿no? (a Alicia, que asiente a medias, como no muy convencida… y justo se escucha un bufido entonces, y los pasos plomizos acercándose)

     ALICIA, (Sin dejar el escrutinio, pero atenta al muro en adelante)

Y en cuanto a la higiene, Buba es muy limpio. Y además Daniel, el jardinero, le lava fuera, en el jardín, usando una manguera.

     JORGE, (Hablando para sí, y de nuevo delirando)

 ¿Fuera? ¿En el jardín? ¡Pero, si no puede salir! Aunque claro, si hay un muro que no sea muy alto y... Pero tampoco, porque los elefantes no pueden saltar…

    ALICIA, (Sonriéndose con la confusión del fotógrafo, pero sin provocarle mucho, medio en broma medio en serio)

    Lo malo es cuando hace “sus cosas” (Mirando de reojo a Mario, que le devuelve el guiño)  Una vez se cagó en medio de la avenida del jardín. El ministro estaba dando un bucólico paseo por el sendero entre las dalias, y se topó por sorpresa con una plasta de mierda que le llegaba al pecho. El pobre Buba se dio cuenta del escándalo y huyó avergonzadísimo, y el jardinero se pasó buscándolo una hora. Hasta que lo encontró, todo pudoroso, oculto detrás de una palmera. Y encima no quería salir de allí, así que al jardinero se le ocurrió decirle que recogería la cagada con un rastrillo, y la usaría como abono para las plantas del jardín. Y el caso es que fue buena idea, porque así Buba salió de su escondite. Y luego el jardinero cumplió con su promesa: le acordonó un terreno para que se desahogase en adelante allí. Y para emplear luego el resultado, que sirvió para abonar toda la finca. Así que, además de no molestar nada en absoluto, Buba es útil. (Mirando a la puerta cerrada, donde se escuchan unos arañazos). Es muy útil mi elefantito...

      MARIO, (Que cae en la cuenta de los cercanos arañazos tras un codazo de Alicia)

Y además le voy a comprar una lima de uñas que no veas... (Con un guiño a Alicia, pero mirando a la puerta)

      MARTA, (Que deja de limpiar un segundo, para sumarse)

Para que pueda abrir mejor las bolsas de cacahuetes... (Mira a los otros, y luego a la puerta también, agachándose un poco)

      JORGE, (Ajeno a los demás, y cada vez más dogmático)   

¡Pero bueno, esto es irracional! Por muy domesticado que esté, sigue siendo una bestia, y no puede pasearse por un edificio público. No puede estar viviendo bajo un techo, como si fuese un ser humano… ¡Sigue siendo un monstruo, una bestia brutal! ¡Un engendro! 

(En este momento Alicia, Mario y Marta se miran estupefactos, como temiendo lo peor al escuchar el sermón tajante del fotógrafo. Y efectivamente, se oye un bramido tremendo, desgarrador, de indignación. Al instante se escucha un tropel de pisotones en estampida que se alejan, y luego un estruendo de ladrillos, como si se rompiese un muro al fondo de la escena. Simultáneamente el escenario tiembla, y con el terremoto todos los presentes caen al suelo, pero enseguida se levantan).

      ALICIA, (A Jorge, que comprueba con disgusto el estado de la cámara, tras el terremoto)

¡Pero hombre!, ¿Es usted idiota? ¡Cómo se le ocurre decir eso, con lo sensible que es!  (Por Buba)  ¿No ve que estaba escuchando?

      JORGE

Lo siento, yo no sabía...
    
     MARTA

Me parece que ha roto un tabique
     
   
   ALICIA, (Pegando la oreja al muro)

Sí, y ahora está bajando la rampa, y se dirige al hall

(Se oye un nuevo tronar lejano de pisadas)

     MARIO

¿Al hall?  A ver si...

     ALICIA

Res...

     MARTA

Ba...

     JORGE

La...    

(Suena un patinazo chirriante y largo, como al derrapar un automóvil. Y a continuación otro estruendo y un nuevo terremoto, que vuelve a hacer que caigan todos. Luego se ayudan a levantarse unos a otros)

    SUBSECRETARIO, (Asomándose a la puerta de su despacho junto a los dossiers, en pijama con gorro de dormir y un almohadón bajo el sobaco)

¡Es que no se puede dormir tranquilo en esta casa! (a voz en grito) ¡A ver si le dan bicarbonato a ese bicho! (Se vuelve a encerrar, con un fuerte portazo)

    JORGE

Genial, a la mierda la cámara, ahora sí... (La da por perdida tras revisarla una última vez, inservible ya tras el definitivo golpe)

    MARIO

Menudo golpe, de esta me hago corresponsal de guerra

    ALICIA

Sí, te valdría más...

    MARTA

Sí...

  ALICIA, (Preocupada por Buba, plantada en medio del pasillo sin saber cómo reaccionar)

¿A dónde habrá ido?

    MARTA, (Consolándola)

Tranquila. Sólo espero que no se encabrite fuera, y haya una desgracia

    ALICIA

No: él sabe bien dónde están los límites, mejor que muchos humanos. De todos modos, voy a ver...

(Se marcha, ansiosa, en dirección a la escalera, y desaparece. Mario continúa abriendo los cacahuetes sin ayuda. Y Marta mira de reojo al fotógrafo, que sigue preocupado con la cámara echada a perder. Al tiempo que ella arregla los demás destrozos de sendos terremotos paquidérmicos, que han volcado el cubo de fregar y la pila de dossiers de Alicia)

   JORGE, (A Marta, al ver que ella le miró de refilón)

Nada, no funciona el flash siquiera. A lo mejor llevándola a arreglar... porque es una cámara profesional, y una nueva cuesta un ojo de la cara. Pero claro, igual no tiene arreglo... ¿Usted que opina?

   MARTA

No sé, a mí no me diga. Yo sólo soy la limpiadora. Normalmente la gente no se para a hablar con las limpiadoras. Salvo para decir “¿te importa si piso?“ (Con retintín irónico) cuando acaba una de fregar, y total tienen que pasar lo mismo… Pero claro, aquí todo es tan raro...

      JORGE

Sí bueno, la verdad... (Mirando al muro de Buba). Sólo hay que fijarse en lo del elefante, es lo más asombroso que he visto en mucho tiempo. ¡Un elefante dentro de un ministerio! Y mire que yo he visto cosas, por mi profesión. Y he hecho fotos... hasta hoy, claro (Vuelve a manipular en vano la cámara que cuelga de su cuello, pero sin mucho afán y con tristeza)

    MARTA (Muy lenguaraz de pronto)

Bueno elefantes en un ministerio no sé, pero dinosaurios unos cuantos…Aunque no es sólo el elefante, como le estaba diciendo... Verá, los tiempos han cambiado, y ya no hay tantos prejuicios de clase como antes, y eso es bueno. Pero lo que pasa aquí es muy extraño. Fíjese en la propia Alicia. No nos conocemos hace tanto, pero nos hemos hecho muy amigas. Y aún así, apenas sé nada de ella. Es muy reservada, no le gusta hablar de cosas íntimas. Y si son de su familia, mucho menos. Pero por lo que sé... (Baja la voz vigilando a Mario, que les ignora entretenido en su pesquisa con los cacahuetes. Y se lleva a Jorge al rincón del elefante, para contarle el chisme)  ¡Menudo nivel social tiene la niña! Se codea con todo tipo de gente importante, y no con periodistas sólo (Por Mario, al que señala). Hoy mismo, antes de llegar usted, estuvo hablando aquí mismo, de tú a tú, nada menos que con el subsecretario de cultura (Del despacho del subsecretario surge entonces un profundo ronquido, y los dos miran por un mero reflejo, sin hacerle mucho caso. Se encogen de hombros y Marta continúa). Como le cuento, charlando con toda familiaridad con él, como si fuesen amigos de siempre. Y en realidad ella no es más que una conserje, entiéndalo. Y ojo, yo no digo que eso me parezca mal. Pero me parece rarísimo...

   JORGE

Bueno, tampoco se crea. Es sólo el subsecretario de aquí, a lo mejor son familia... Lo raro sería que un buen día se presentase por las buenas... no sé, del brazo del ministro por ese pasillo ¿se imagina? (Señalando al fondo). Por decir algo exagerado…

   MARTA, (Con rechifla)

¡Es que si encima se codea con un ministro, ya me da algo!... De todas formas, quizá no es para tanto. A lo mejor soy yo la que exagero las cosas. Quizá es mi punto de vista, que es muy particular. Y es lógico, como yo soy extranjera... (Haciéndose la interesante)

   JORGE, (Improvisa un micrófono con la escoba de Marta, que encuentra olvidada en el rincón)

¿Extranjera? ¿De verdad? ¿De dónde es usted señorita? Dígame… (Engolando la voz, en una pose teatral como reportero arquetípico) 

  MARTA, (Muy coqueta ante la falsa entrevista del reportero auténtico)

Soy americana. De los Estados Unidos de América

  JORGE (Siguiendo con la pantomima)

Ajá, ¿y dónde nació usted exactamente?

  MARTA

Nací en Llanes, en el oriente de Asturias. Y allí me crié también.

   JORGE, (Que deja el falso micrófono y la pose de repente, confundido)

Pero, ¿no ha dicho que es americana? No entiendo...

   MARTA

Y lo soy... Pero es que me estoy haciendo poco a poco. Y en realidad llevo así toda la vida, desde muy pequeña. Verá: empecé yendo al rugby en vez de al fútbol. Bebiendo en tetra-brick en vez de en bota. Prefiriendo los rodeos a los toros y los hot-dogs a la morcilla. Leyendo a Walt Whitman en lugar de a José Hierro. Y bailando country en vez de los bailes tradicionales de mi tierra. Y por último, estudié filología inglesa, para dominar también la lengua de allí, aunque en realidad me doctoré en Londres. Así que ahora ya soy casi americana del todo. Y digo “casi”, porque aún me falta irme a vivir a ese país, para terminar de usar bien lo que he aprendido. Y qué quiere que le diga: en realidad esa es mi fantasía, irme a vivir a los Estados Unidos de América. A un sitio que está lejos, pero con el que he soñado siempre... 

  JORGE, (Algo escéptico, pero comprendiéndola)

Bueno, cada uno tiene sus manías… ¿Y dice que de los bailes de su tierra no quiere saber nada?

  MARTA, (Tajante)

Lo dicho, nada en absoluto

  JORGE

¿No baila regional, entonces? ¿Ni siquiera el pericote?

  MARTA, (Debatiéndose, entre coqueta y remolona)

Bueno, el pericote... sería una vergüenza, siendo asturiana... aunque también sea americana...

   JORGE

¡Pues venga anímese, mujer! ¡Después de lo del elefante, yo estoy dispuesto a cualquier cosa! ¡A bailar el pericote, se ha dicho! (Se coloca en posición de baile)

    MARTA, (Ilusionada y sorprendida)

Pero, ¿se lo sabe?

    JORGE

¡Claro que sí, yo nací en Michigan!

    MARTA, (También en posición de baile)

¡Qué casualidad, yo me crié allí!


(La escena se queda en penumbra de golpe, salvo por un foco que les ilumina sólo a ellos, cuando se ponen a bailar. Lo hacen brevemente, al ritmo de la música. Hasta que Mario les interrumpe con un grito, cuando encuentra el cacahuete con la microficha al fin. La sostiene como un tesoro entre los dedos, tras dejar los pocos cacahuetes restantes sobre la pila de dossiers).

     MARIO

¡Escucha Jorge, esto es una bomba! ¡Ya lo encontré, y es una noticia increíble! Es... es algo tremendo...

     JORGE

¿De qué se trata?

    MARTA, (Intrigada)

¿Es algo malo? (Al fisgar Marta, Mario titubea sin atreverse a informar a su colega de periódico. Se lo quiere llevar aparte, pero entonces aparece Alicia al fondo. Del brazo del titular del ministerio, atrayendo la atención de todos. Marta mira embobada a los que llegan)

  MARIO HERRERA (A Jorge, por el ministro)

 Anda, mira quien viene…este me va a oír…

  
 ALICIA (al ministro de Cultura, al que acompaña agarrada de su brazo)

Cálmese, señor ministro. Yo respondo por Buba, él no lo hizo a posta. Además no es para tanto... (Al verles llegar, Jorge hace un giño a Marta como diciendo: “Si primero lo digo”)


JORGE (A Marta, que mira alucinada)

 Ahí los tienes…

  MINISTRO DE CULTURA

¡Cómo no me voy a enfadar, Alicia, niña! ¡Parece que no me conoces! Ese elefante es un riesgo aquí, admítelo… Y francamente, lo mimas demasiado. Y te digo una cosa: si no fueras sobrina del presidente del Gobierno, tendría que abrirte un expediente…

 MARTA (Tocando con el codo a Jorge, escandalizada)

 ¿Lo ha escuchado usted? ¡Es el colmo! ¡Sobrina del presidente del Gobierno! ¡Menudo enchufe tiene, la mosquita muerta! ¡Ahora entiendo todo!

JORGE (Desentendiéndose de pronto)

 Ah, yo no sé…A mí no me meta…No soy de la sección de cotilleos

ALICIA (Al ministro, con angustia pero firme)

 ¿No me diga que va a encerrar en un zoológico al pobre Buba?

 MINISTRO DE CULTURA (desdiciéndose de pronto)     

  No, chiquilla. Tampoco digo eso (Mira al muro de Buba, compasivo). Sí, pobrecito… ¿Hoy comió algo?

ALICIA (Con preocupación)

  Apenas nada… (Y volviendo al tema, muy digna): Bueno…si hace falta, yo pagaré los daños

 MINISTRO DE CULTURA

  No, tú no. Lo asignaré al presupuesto de catástrofes

 ALICIA

 ¿Y ese presupuesto es grande?

 MINISTRO DE CULTURA

 ¿Grande un presupuesto de cultura? ¡Qué chiste! (Con sorna). No sé cuánto quedará en la hucha. De ahí mandé pagar los cacahuetes para el elefante…aunque es una hucha de cerdito…

MARIO HERRERA (Escuchándoles y encarando al ministro)

 Hablando de cacahuetes…Le comunico, Señor ministro, que estoy al tanto de todo. Y voy a informar a mi diario. Es mi deber

MINISTRO DE CULTURA (En adelante entre condescendiente y desdeñoso nada más ver al periodista. Con suficiencia e ironía también)

¡Vaya, si es el señor Mario Herrera en persona! ¡El azote del Gobierno! ¡El paladín de la libertad de prensa! ¡El Quijote de la oposición canalla…!

MARIO HERRERA, (Sin amilanarse)

Todo lo que usted quiera...Pero ya tengo la exclusiva, lo siento.

MINISTRO DE CULTURA, (Con desdén)

¿Tener? ¡Usted no tiene nada! Solo le filtré una información interesadamente. Pero como bomba de tiempo, no inmediata. Así que la noticia se sabrá cuando tenga que saberse. Es decir: cuando le convenga a mi gobierno. Por eso vine aquí, para divertirme viendo cómo se devana usted los sesos…

MARIO HERRERA

 Pues me temo que su estrategia ha fallado. Porque yo tengo ya la información. En realidad, usted me la sirvió en bandeja. Y hoy mismo, la conocerá todo el país. Me encargaré de eso…

MINISTRO DE CULTURA

 ¡Pero qué dice, hombre! La información estaba dentro de la bolsa de cacahuetes que yo le hice llegar, es cierto. En una microficha impresa en letra minúscula (Añade, mirando a Alicia: “y eso no fue difícil, lo difícil fue que funcionase la impresora, con el presupuesto que tenemos…”) Y ese cacahuete, señor mío (Volviendo a Herrera) solamente es uno entre decenas dentro de la bolsa. Así que pasará un tiempo prudencial: el que el gobierno necesita para sus fines, hasta que alguien de la prensa lo termine abriendo, y se descubra todo…

 (Mira a Mario Herrera, que se sonríe con sarcasmo. Entonces se queda meditando un segundo, y continúa para sí):

 Claro… a no ser que a alguien se le ocurra abrir todos los cacahuetes de la bolsa de una vez... Pero no, no... Eso es imposible

(Vacila ensimismado, y busca la mirada del periodista, que se regodea confirmando con gestos su sospecha. Y al final le pregunta, muy tenso):

¿Los ha abierto usted… todos?


MARIO HERRERA (Tajante, confirmando)

 Todos. Uno a uno. Bueno, casi todos (Matiza). Hasta que apareció el papel…

 MINISTRO DE CULTURA (Superado por la situación, se aparta pensando en alto y mesándose la barbilla)

 No es posible…Los abrió todos juntos… ¿Cómo no conté con eso?


MARIO HERRERA (Triunfante, al escucharle)

 ¡Periodismo de investigación, amigo! Váyase acostumbrando…


MINISTRO DE CULTURA (Reponiéndose, retador de nuevo)

 Ah no, no. Esto no es así. Vamos a ver, aunque usted tenga la exclusiva, eso no significa que se pueda publicar. Ni siquiera la prensa opositora. Es un grave asunto de estado, excepcional. Y la dirección de su diario no se atreverá a hacerlo público alegremente, sin consultar antes a instancias superiores…

MARIO HERRERA (Con sarcasmo, mientras escribe algo en su block)

 Pues yo alegremente le digo, que saldrá en mi periódico hoy mismo

MINISTRO DE CULTURA, (Escandalizado)

 ¡Será usted inconsciente! ¿Es que no entiende de qué asunto se trata? ¡Creará un caos en el país! ¡Será tremendo! Nunca me ha gustado usted, pero no creía que fuese tan irresponsable para jugar con fuego de esa forma

MARIO HERRERA (Encarándose)

 Conque irresponsable ¿eh?

MINISTRO DE CULTURA (Perdiendo los nervios)

 Sí, y además idiota

MARIO HERRERA (Muy enfadado. Termina de escribir y arranca la nota de su block)

 Muy bien. Toma esto y llévalo al periódico (a Jorge). Que lo publiquen en página interior. Edición normal. Sin los insultos…

(Jorge coge el papel y corre fuera, con la cámara colgando)

MINISTRO DE CULTURA

 No sabe usted lo que hace…Qué patético…

MARIO HERRERA

 ¿Ah sí? ¿Se cree usted que la prensa está para servir al gobierno? ¿Y dónde queda la libertad de prensa? ¿Y el derecho de los ciudadanos a informarse? ¿Y el prestigio de mi periódico? ¿Y mi propio prestigio como informador?

 MINISTRO DE CULTURA (Cada vez más enfadado)

 Mire usted. Me importa un pito todo eso…

MARIO HERRERA

 ¿Ah sí? ¿Está usted dispuesto a insultar a la opinión pública que yo represento?

MINISTRO DE CULTURA (Ya entrando en cólera)

 Exactamente, eso mismo. ¡Ya me hartó usted, ya le he hemos aguantado demasiado en el gabinete todos estos años!... ¿Sabe una cosa? Me cago en la opinión pública. Me cago en la libertad de prensa. Me cago en el derecho a la información. Me cago en usted y me cago en su periódico… Bueno: en la mitad. Con la otra mitad, me limpio el culo luego

MARTA (Pensando en alto, mientras Alicia trata de calmar al ministro)

Menuda boquita. Y eso que es el ministro de cultura…

MARIO HERRERA (Muy retador, a viva voz a un palmo del ministro)

 ¿Ah sí? ¿Sostiene todo eso?

MINISTRO DE CULTURA (Enfrentando el acoso)

¡Lo sostengo! ¡Y váyase a la misma mierda, además!

MARIO HERRERA

 ¡A la mierda se irá usted!

MINISTRO DE CULTURA

 ¡Chupatintas!

MARIO HERRERA

 ¡Parásito!

MINISTRO DE CULTURA

 ¡Lameculos!

MARIO HERRERA

¡Gilipollas!


SUBSECRETARIO (Vuelve a asomarse en pijama, y da luego un portazo)

¡Quieren dejarme dormir de una vez!

ALICIA (Interponiéndose entre ambos, cuando casi se embisten)

 Ya, cálmense los dos ¿quieren?

MARIO HERRERA (Rabioso y alterado, mientras garabatea deprisa en su block)

Ahora lo verá usted…

(Justo entra Jorge corriendo, con el periódico recién impreso en la mano)

JORGE

Aquí está. Ya salió el periódico.


MARTA (Para sí)

¡Qué rápido!

MARIO HERRERA (A Jorge, arrancando el papel del block y dándoselo)

Toma esto. Que salga en primera página. Edición extra. ¡Y con los insultos!

(Jorge asiente: “A la orden”. Toma el papel y corre fuera sin haber soltado el periódico)

MARIO HERRERA

 Usted se lo buscó. Ahora sí será un escándalo

MINISTRO DE CULTURA

 ¿Escándalo?: escándalo es que usted se piense que solo porque es un periodista importante, puede hacer que todo el mundo considere…

 (Le interrumpe Jorge, que llega corriendo apenas se había ido. Con el mismo periódico en la mano. Aunque supuestamente es distinto…)

JORGE (Sin aliento)

 Aquí está, ya salió. Edición extra. Primera página

MARTA (Impresionada)

¡Qué barbaridad! ¡Qué rapidez!

MARIO HERRERA (A Marta)

 La competencia digital… hay que ser rápido (Y luego al ministro, tras pedirle el diario doblado a Jorge y desplegarlo para comprobar él mismo la noticia de un vistazo):

Aquí lo tiene, en primera plana…

(Intenta mostrárselo, pero el ministro dice: “¡Bah!” y se aleja con un gesto de desdén. Entonces todos rodean a Mario con ávida curiosidad. Menos el ministro, que mira de reojo y escucha todo, algo apartado)

MARTA

 Bueno, pero ¿cuál es la noticia?


JORGE (que no llegó a leerla)

 Sí, ¿cuál es?

ALICIA, (Mirando a los ojos a Herrera, que le devuelve una mirada de preocupación)

 Sí eso, Mario. ¿Cuál es la noticia?


MARIO HERRERA (Algo tenso, a Jorge)

 Toma, léelo tú.


(Jorge se dispone a leer el titular en voz alta. A su espalda, Marta lee sobre su hombro. Y detrás de Marta, Alicia)

JORGE,

Bien, esto es lo que dice:

“El presidente…

MARTA (continuando)

 ha aprobado…

 ALICIA (Completando, con solemne tristeza)

 …El Decreto”

 (Alicia se aparta, desolada. Todos la miran. Marta también se aparta muy nerviosa, por su lado. Jorge abre el diario a la mitad y clava la mirada en el papel. Enfrascándose bien en la noticia, con incredulidad)

 ALICIA (Lamentándose para sí)

 Nunca creí que lo aprobaría…

HERRERA (En confidencia y como aliviado, dando con el codo a Jorge y mirando el periódico abierto con él)

 Nunca creí que lo publicarían…

MINISTRO DE CULTURA (Con la mano en la barbilla, rumiando su impotencia)

 Nunca creí que lo descubrirían…

BUBA (Barritando triste. Al oírle, todos buscan su quejido con la mirada un segundo):

 Brrrrruuuuuaaummm

 MARIO HERRERA (Como lavándose las manos)

 Pues bueno. Ya está hecho. Lo importante es que se sepa la verdad.

MINISTRO DE CULTURA (Escéptico, arrancándole a Jorge el periódico, por sorpresa)

 ¿La verdad? Déjeme ver eso… ¡Qué barbaridad! Pero ¿han visto lo que pone aquí?

MARIO HERRERA (Sin entender)

 ¿Qué pone?

MINISTRO DE CULTURA (Leyendo en voz alta, muy solemne)

“El presidente del Gobierno ha aprobado el Decreto”

MARIO HERRERA (Sin dar crédito al pasmo ajeno)

Sí, es lo que acabamos de ver todos. Y además ¿de qué se sorprende, hombre? ¡Si usted mismo lo filtró!

MINISTRO DE CULTURA (Muy sesudo)

 Ya…pero no me negará que no es lo mismo leerlo en el periódico…

MARIO HERRERA (Con sarcasmo, palmeándose la cara)

 Vaya caradura. Así se enteran estos siempre de las cosas

MINISTRO DE CULTURA

 Oiga, ¿qué insinúa?

ALICIA (Saliendo de su ensimismada tristeza un segundo, al oír a Mario)

 Eso tuvo gracia

MARTA (Que se ha puesto a limpiar en una esquina, para sacudirse la tensión)

 Pues yo no lo he entendido

ALICIA (A Marta, haciendo un gesto alusivo)

 Es que tú, muchos estudios ¿eh?…pero a veces eres un poco cortita

MARTA (Ofendida, con ironía y sin dejar de limpiar)

 Ya, claro. ¡Yo solo soy la limpiadora, y no me entero! Total, ¿qué más da que tenga un doctorado y dos máster? Sin contar las matrículas de honor. Y encima soy la tonta aquí…

MINISTRO DE CULTURA (A Marta, tras doblar el diario en su sobaco)

 Bueno, señorita…tenga confianza. Quizá algún día prospere como usted desea. Míreme a mí. Soy todo un ministro, y no acabé ni el bachiller…

MARIO HERRERA (Con guasa)

 Encima lo reconoce, el tío

MARTA (Resignada)

 No, si así va este país…

ALICIA (Mirando al fondo, a la vidriera, donde se oyen múltiples voces y pasos apresurados)

 ¿Qué pasa ahí?

 (Todos la secundan mirando al fondo del pasillo. Rápidamente, el lugar se llena de periodistas con cámaras de fotos, de televisión, grabadoras… Acorralan al ministro preguntándole por las últimas noticias)

PERIODISTA UNO

 Señor ministro ¿Qué opina de la grave noticia? ¿Sabe algo?

MINISTRO DE CULTURA (Abrumado. Intenta improvisar, señalando el diario)

 Bueno: en cuanto a la firma del Decreto por el presidente, habría que matizar qué…

PERIODISTA DOS

 No, eso no. Hablamos de la desaparición del presidente (El ministro se muestra sinceramente sorprendido, y balbucea sin saber cómo reaccionar)

MINISTRO DE CULTURA

 Co… ¿Cómo?

PERIODISTA UNO

 ¿No se ha enterado? ¡El presidente del Gobierno ha desaparecido! Acaba de conocerse la noticia. ¡La nación es un caos! El ejército está alerta, la Bolsa tiembla y las rotativas arden…

MINISTRO DE CULTURA (Escurriendo el bulto, con su móvil en la oreja tras recibir una llamada en ese instante y contestarla)

 ¡Enseguida voy! (A su interlocutor en el teléfono. Y luego a los periodistas que le acosan):

Yo...eh...verán…debo reunirme urgentemente con el gabinete...

 (El ministro intenta evadirse del enjambre de reporteros en dirección al fondo, a la vidriera, hablando a su teléfono. Le siguen acosando con preguntas sin despegarse de él).

MARIO HERRERA (A Jorge, con resignación algo sarcástica)

 ¡Menudo notición! Esta vez se nos han adelantado…

JORGE (Encogido de hombros)

 ¿Y qué hacemos?

MARIO HERRERA (Que está llamando por su móvil)

 No contestan en la redacción. Iré en persona, esto es muy serio (Mira con preocupación a Alicia. Que sigue evadida, ensimismada en un rincón) Tú sigue al ministro (y cuando Jorge echa a correr): ¡Y saca fotos…!

JORGE (asintiendo)

 A la orden

(Jorge se pone a hacer fotos con flash de forma inverosímil. Como si nada, con la cámara que estaba inservible... Y se une al enjambre a los talones del ministro. Abandonan la escena. Mario se acerca a Alicia, preocupado. Y posa la mano en su hombro)

MARIO

 ¿Estás bien?

ALICIA

 Si, descuida. Ve, haz tu trabajo.

 (Él obedece, marca un número y pone el teléfono en la oreja. Y se va por donde se esfumaron el enjambre y el ministro. A paso firme pero más despacio que ellos. Mirando de vez en cuando atrás a Alicia, con preocupación... Al final, no indaga más y desaparece por la puerta. Todo está en silencio ya. Alicia se queda a solas con Marta, que está barriendo para distraer la angustia. Aunque ésta se detiene de pronto, escoba en mano)

MARTA (A Alicia, muy afectada)

 ¿Y qué va a pasar ahora?

ALICIA (Encogiéndose de hombros. Escucha arañazos en la puerta. Mira hacia allí y sonríe con dulce tristeza)

 No lo sé…

MARTA

 Lo que le faltaba a este país. Arruinado, sin gobierno y ahora sin presidente… ¿Tú no tenías un cigarro? Iré a fumar fuera, que ahí se puede. Ya que estamos sin ley, respetaré yo la del tabaco…

(Alicia se sonríe con la ocurrencia. Le da el cigarro y se lo enciende)

MARTA (Se va a ir escoba en mano, pero duda. Preocupada al ver a Alicia cabizbaja)

 ¿Te importa si salgo?

ALICIA

No. Ve a tomar el aire. Descuida, estaré bien.



(Marta se aleja finalmente, fumando sin soltar la escoba. Por la puerta del fondo, hablando en inglés con dramatismo, hecha un manojo de nervios)

 MARTA

 Oh, my goodness!  The President has disappeared! What shall we do? What a terrible mess!


(Alicia se queda sola. Se escuchan más fuertes los arañazos en la puerta. Ella se dirige despacio a la pila de documentos donde Herrera dejó el resto de los cacahuetes. Los coge. Vuelve a la puerta corredera, se acuclilla y la abre lentamente. Se oye un suave bufido triste. La trompa surge despacio, y Alicia la acaricia con mimo y le da unos cacahuetes.

 ALICIA (Mirando con ternura hacia la trompa. Y al final muy solemne, con la vista perdida en dirección a la platea)

Tranquilo, Buba. Tranquilo. Yo sé dónde encontrar al presidente...



                                                (Telón)



                     





© Bonifacio Álvarez Gutiérrez


2 comentarios:

  1. En cuanto tenga un rato,Bonifacio,me lo pasaré a un formato más asible para leerlo de corrido.Perdona la observación pero ahora mismo estoy a saltó de mata y sólo leo seguido al acostarme.En cuanto al primer acto,tiene muchas papeletas de absurdo y surrealismo,con pequeños o grandes guiños a la actualidad.Respecto a los Máster,también tengo una idea peculiar.Sería meternos por otros vericuetos.Cuando lo haya leído,a finales de semana,te cuento.

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  2. Gracias Sergio. Este primer acto tiene bastante de Ionesco. Los otros dos no son tan exageradamente surrealistas (aunque algo sí) y los iré publicando. El tercero (y último) no lo acabé aún. Cuando publique la obra entera la pasaré a un PDF descargable.

    Gracias por tu interés.

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