La ganzúa de oro




Aforismos propios de un libro inédito. Pueden citarse libremente, indicando la autoría.
                  

  
Jeffrey Michael Harp: "vacuous"

   
                                  


                                       


                                  
                                 LA GANZÚA DE ORO  


 Pensamientos breves y aforismos. Como una humilde biblia del sentido común, y en contra del racionalismo aristocrático.






-Tengo razón. Simplemente así: tengo razón. Nadie puede negarlo ni yo voy a consentirlo. Pero eso no implica que tenga "la" razon, es decir: que la tenga toda y además en bloque, fuera de lo empírico.

-Una ganzúa de oro es aquello que convierte un muro en una puerta sin necesidad de derribarlo. Y eso solo la sabiduría lo hace bien, cuando envuelve en sensatez la inteligencia previa. 
 
-Relativizar (poner en duda) con intelectual soberbia que la ignorancia sea algo relativo (que sí lo es), pone entre paréntesis el propio paréntesis que la matiza. Y lo anula entonces por reducción matemática, dejando la ignorancia libre (y sin matiz) para que se desmande por completo.  

-La violencia racional usa la razón como camino, y pone freno a la razón violienta cuando se desmanda. Pues, para la razón violenta, la violencia misma es la ruta a seguir, una vez que ha sacralizado la razón (poca o mucha) que ya tiene, en vez de procurar alcanzar más. 

-No "vivimos en un sueño", pues la realidad sí es algo objetivo y palpable, como lo demuestran la peor miseria material y el peor dolor emocional y físico. Lo que sucede es que (hasta cierto límite) "soñamos en la realidad", como sonámbulos que despiertan poco a poco al lento ritmo de la conciencia individual y colectiva.   


-En toda opinión razonada hay algo (o mucho) de razón. Y lo difícil no es saber si una opinión concreta es razonable, sino hasta qué punto exacto sí lo es. O sea: en qué punto vital deja de serlo peligrosamente, esa es la clave... Pues, por mucha razón que una persona llegue a acumular en lo teórico (o sea: en un sentido abstracto, fuera de lo empírico), en realidad dicha persona solo la posee (y solo hay que otorgársela, de hecho), hasta el exacto y resbaladizo punto en el cual es peligroso darle un arma.    

 -La razón es la mejor guía práctica posible. Pero es más un medio que un fin, y no siempre tiene la última palabra. Pues ni siquiera el ser más razonable (en pensamiento) es completamente sensato al actuar, lo haga guiado por la razón o no. Y, además, por muy perfectamente que se logre razonar, al final todo confluye en los actos (propios y ajenos). Y esos no son perfectos por completo nunca, como admiten hasta los más racionalistas. Pero es que ni siquiera resultan "tan" perfectos (es decir: dentro de un límite posible) como la razón instrumental pretende. 

 -Vivimos en un presente continuo al que llamamos "pasado" cuando se fija en la memoria. Pero el tiempo nunca se detiene. De modo que el futuro, en realidad, no existe, aunque los cuerpos, los objetos y las leyes cambien mucho y de manera obvia cuando se van deteriorando.

 -Si te topas con un lobo en el camino, es porque él quiere que lo veas: sé prudente, y quizá salgas ileso. Pero si te topas un cordero... entonces ya estás muerto, es decir: en el estómago del lobo.   

 -La llave no debe ser de oro, para que la libertad no se desborde. La ganzúa solo debe ser de oro, para que la rebeldía no destruya.


 -Quien odia que no le den la razón, no es quien se empeña en tenerla, como la gente suele creer. Pues quien se empeña así, lo que quiere es que le contradigan, de hecho, para dejar más claro que la tiene, y ello la tenga de verdad o no. Ese es su juego, y en dicho juego estriba el riesgo de terminar creyéndole de veras cuando se  equivoca gravemente, juego aparte. Pues quien juega bien (con buena o mala intención, con mucho o poco acierto), siempre deslumbra. Y eso ciega a los demás, haciendo que bajen la guardia por completo con su pericia de tahúr. Por eso, quien de veras sufre es el humide, pues para él la razón es una herramienta esencial, pero sólo eso: una herramienta, y no un mazo de cartas o una (arrojadiza) corona, o las dos cosas.

-El ser humano tiene el cerebro de un genio unido al de un idiota. Y de esa forma, el genio evita que el idiota se convierta en un descerebrado por completo. Tirando de sus riendas, y permitiéndole, al menos, seguir vivo, e incluso tener "chispazos" de sabiduría algunas veces. Pero a riesgo de que esa misma brillantez ocasional, le haga gloriarse en vano engañándose a sí mismo como si de veras fuese un genio. O incluso, simplemente, a riesgo de creer que su razón "particular" no es limitada y subjetiva, es decir: que la razón humana, como tal y en bloque, no lo es.      

-Los hay que solo ven razón en lo que logran entender. Y no saben ver fuera de lo que, por fin, han comprendido con esfuerzo, así que ya no indagan más. Ignorando que hay muchas zonas de la realidad (y de la propia mente humana) que están, no "ocultas" de una manera soterrada, ya sea esotérica o gnóstica. Sino al aire libre y bien visibles sin misticismo ni sesgo iniciático alguno. Aunque totalmente inaccesibles, eso sí, para cualquier mirada superficial, sectaria, limitada o prejuiciosa, simplemente.  

-Si vas a apostar algo a riesgo de que el rastrillo del crupier lo arrastre, apuesta (o arriesga) la razón, y guarda el corazón en tu bolsillo. Pues nunca perderás la razón del todo, si tu sentimiento sí se encuentra a buen recaudo. Pero si, por el contrario, pones tu corazón entero (y no una parte) en el tapete, lo terminarás perdiendo del todo en un mal lance. Y no existirá razón (por intacta que ella esté) que recomponga "sus" pedazos (en realidad: los tuyos propios), si lo apostaste íntegro, con una inconsciencia temeraria, y no hay fragmentos que unir.     

-El mundo es (y será siempre) un charco pútrido: solo con caminar, ya salpicas a otros. Solo con caminar ellos, ya te salpican a ti. Aunque los hay que pisan demasiado fuerte, adrede o no. Y por eso hay que evitar que el (endémico) charco crezca mucho: el personal de cada uno y el común también. Pues ambos están comunicados de foma subterránea, es decir: en las cloacas. Y eso puede ser nefasto para todos cuando llueve demasiado y el alcantarillado se desborda. 

-El problema no está en una realidad corrupta, sino en una realidad corrupta en exceso. El barro a la altura de las rodillas, alcanza el nivel de la boca cuando llueve. Pero si estuviese a la altura de los pies, al llover llegaría solo a las rodillas. Y avanzar sí sería incómodo, pero no se ahogaría nadie... De modo que no hay que achicar "agua", sino el mayor barro posible. Pues el agua llueve todo el tiempo. Y si llueve mucho, diluye el barro en gran medida, cuando el barro es poco. Pero si el barro es demasiado, lo acrecienta.   

-La violencia no debe defenderse ni aplaudirse, ni se debe amenazar con ella a nadie. La violencia debe ejecutarse, sin más, friamente y en la medida estrictamente necesaria. Y tiene que haber un motivo perfecto para ello. Tan perfecto, que ni los más sensibles puedan condenarla aunque ellos sí que la lamenten.

-El pacifismo idealista (ingenuo) le quita la flecha al arco, haciendo que el arquero quede vulnerable totalmente. Cuando lo sensato es lo contrario: quitarle el arco a la flecha. Para que esta no tenga una fuerza "tan" violenta. Y quien la emplea tenga que hacerlo cuerpo a cuerpo. Corriendo el riesgo de un banderillero, que se encara con una bestia enorme antes de clavar su pulla y correr luego (si consigue salir vivo). 

-La vida es un raro lecho de Procusto. Quien no encaja, se deja cortar los pies sumisamente. Pero quien no se deja, solo quiere usarlos para irse, aunque él sí podría encontrar cómo encajar.

-No es que la violencia "genere" más violencia, así, sin más. Lo que genera más violencia es el odio que la violencia produce cuando se desata. Y si ocurre tal cosa, no es por hacer uso de la violencia en sí misma. Sino porque la violencia suele ser mal entendida, sobre todo antes de recurrir a ella. Y al entenderla mal, se aplica torpemente, es decir: con una intensidad errónea (demasiado cruel o demasiado compasiva), o equivocando el objetivo, incluso. Y es justamente dicha tosca imprecisión y no cualquier otro motivo, lo que la vuelve odiosa y, de paso, genera reacciones vengativas en cadena. 

 -La violencia es el cínico disfraz con el que la soberbia se viste de castigo. Pero, de forma excepcional, sí debe hacer eso. Y ello únicamente cuando es el odio puro, en vez de la soberbia, el que recurre al pretexto de estar "dando una lección" como excusa para dar rienda suelta a la crueldad más descarnada. Pues la soberbia, disfrazada o no, resulta ser más tuerta que ciega, y sí puede tener freno. Pero el odio puro es ciego totalmente, y no lo tiene. Pues viene a ser como un puñal mortífero instantáneo en comparación con la soberbia, que es un cruel látigo más bien. Y el látigo sí puede matar si golpea muy fuerte, o durante mucho tiempo. Pero a la hora de juzgarla desde fuera y como un hecho consumado (y solo entonces), hasta la peor tortura es preferible a un crimen frío y sin remedio.    

-Eres condenable (incluso a muerte, donde la ley contempla eso) por omisión o acción, pero jamás juzgable por ninguna de ambas cosas. Pues sí eres tú quien siempre da la orden consciente y voluntaria de que se ejecute un acto injusto (aunque parezca inocente), o de que se evite uno que sí resultaría necesario (aun siendo cruel). Pero no eres tú quien los comete o los evita, sino tu monstuo interno cuando no consigues domesticarlo bien para que embista o frene cuando debe, y ello en perjuicio propio o ajeno o las dos cosas. Y, no obstante, el responsable final de ese pésimo adoctrinamiento de tu instinto más feroz, eres tú mismo. Y también el de sus consecuencias más dramáticas. Aunque la mano que esgrime (o deja de esgrimir) la espada, sea la de quien te incita o  te reprime ( y finalmente, te obedece) tras haberte seducido con malicia. Y no la tuya, que es la que autoriza y firma el acto (y el acta), en cualquier caso.   


-Nuestro monstruo interior ama que lo autoricemos a tomar posesión de nuestro cuerpo para desatar una violencia ciega injusta. Pero odia que lo domestiquemos otras veces hábilmente, para ejercer una violencia necesaria y excepcional en defensa propia o de alguien demasiado débil para defenderse sin ayuda. 

-Tu caballo es tu caballo hasta que montas en él. Luego, tú eres "su" jinete, es decir: que sí llevas las riendas (y la responsabilidad) pero eres suyo, en el fondo. Pues es su inercia furiosa la que te arrastra a ti y te obliga a dominarla, para que él galope cuando debe y frene también cuando hace falta. Sin que ni la acción ni la omisión de su fiereza terminen por dañarte a ti (o a cualquier otro ser vivo) si él "confunde" una cosa con la otra, o mejor dicho: si tú permites que lo haga.

-Lo que importa no es el tamaño sino que el hueco se dilate bien.

-Todos los vicios, males y defectos (al igual que las virtudes) son diversas partes del caballo, que, bien domesticado, los puede metabolizar uno por uno como energía para su bélico galope. Lo único que de veras es caótico de una manera colectiva, son dos cosas que quedan fuera de dicho animal interno personal, pues el ciudadano común no tiene control alguno en ellas, por más que cada quien sea el responsable único de manejar bien su propia bestia interna. Y esas dos cosas son la corrupción del mando militar (es decir: la de quien cabalga el caballo común), y la contaminación del medio ambiente (o sea: la del alimento con el que se debe sostener todo caballo, ya sea individual o colectivo). 

-La sabiduría es la inteligencia guiada por la sensatez. Sin dicha guía, hasta la mayor inteligencia se vuelve insensata en un grado mínimo, al menos. Aunque lo puede hacer en uno máximo también, como en el caso de ciertos depredadores sexuales y asesinos en serie que cuentan con una dotación intelectual alta, en principio. 
 
-La locura o la ignorancia no son una razón "temporalmente interrumpida" o "puesta entre paréntesis". Pues la locura y la ignorancia ya están entre paréntesis de forma previa siempre, es decir: que su dimensión es relativa a la capacidad real (y a la humana incapacidad) de cada individuo. Así que no se las puede relativizar más de lo que están, pues un paréntesis dentro de otro, anula ambos, y desrelativiza todo absurdamente. 

-La ignorancia siempre es algo entre paréntesis, aunque no acierte. La razón jamás lleva paréntesis, aunque se equivoque.

-Una marioneta siempre tendrá hilos visibles. Lo que ha de hacer es crecer, para llenar bien su vestido. 

-A quien de veras se preocupa de hacer bien su trabajo, apenas le preocupa hacerlo mal, y por eso no precisa demasiada ayuda externa. Quien se centra, por ejemplo, en pintar bien, sabe que sí se le va a escapar algún brochazo mínimo. Y por eso el trapo que requiere para limpiarlo (y él tiene siempre a mano) es muy pequeño.   

-No dejes de alegar nada que consideres justo en tu defensa. Pero lo que mejor puede defenderte en cualquier juicio, es precisamente lo más obvio, es decir: lo que no precisa ser subrayado por nadie.

-El agua bendita es como gasolina en el infierno, en el cual toda pureza (hasta la más discreta) parece puritana. Así que es mejor usarla como paciente cortafuegos, sin atacar la llama de manera directa.

-Nadie se puede volver loco del todo salvo que primero esté cuerdo del todo. Es decir, que no existe ese peligro.

-La desnutrición es hambre para hoy. La malnutrición es enfermedad para mañana. Y lo terrible es que, al contrario que la malnutrición, la desnutrición es puntual (o sea: no es genérica) y sí es tomada en serio.

-Es una dura vida la de los conejos que se esconden en chisteras. Tienen que elegir entre la asfixia del fieltro y la caricia del metal.

-El verdadero disimulo no está en "guardar" las apariencias (las cuales, cuando son honestas, no implican falsedad), sino en saber fingirlas bien, como un tahúr. De modo que, si las manos saben actuar con rápida  malicia, con un pulcro sombrero de copa es suficiente para fingir cierto decoro, aunque el resto de la indumentaria sea un puro desaliño. 

-Hay quien, de manera sibilina, llama "rama" a un tronco para poder llamar poda a la tala y que el derribo no se note.  

-Lo que un buen fin escribe con la mano, un mal medio lo borra con el codo. Pues no hay mayor ni más justo castigo que no hallar lo que uno más desea en el propio y turbio afán de conseguirlo sin escrúpulos. 

-Justamente porque nadie puede calcular bien lo que merece (poco o mucho), lo razonable es que uno pida todo (y para todos), pero  siempre que lo haga humildemente. Como si se tratase de una carta a Papá Noel llena de ruegos pero sujeta a la decisión final de una tijera. 

-"Se me fue la mano" es la cínica y "débil" excusa de cualquier abusador. Aunque en el fondo (y eso es lo trágico) no es tan débil, pues la sociedad funciona justo así: disimulando pobremente los maltratos fruto de una violencia que rara vez es necesaria, y casi nunca se razona bien antes de aplicarla, lo cual obliga a disimularla luego de forma poco convincente.

-El aborto es la mayor paradoja ética y jurídica. Pues es el único asesinato consciente, culpable y ejecutado con dolo, por el cual nadie debería sufrir sanción legal alguna ni ser juzgado moralmente por la sociedad tampoco. O, al menos, hasta que la propia sociedad evolucione, y deje de generar ella misma (y en su propio seno, nunca mejor dicho) endémicos callejones sin salida para quienes se han sumado ayer, se suman hoy y se sumarán mañana a ella de manera totalmente involuntaria y, en general, en unas condiciones deficientes cuando no caóticas. 

-La sociedad sí que es juzgable y criticable en sus múltiples y escandalosas formas de corrupción evidente, dentro y fuera de la ley. Pero nadie, ni siquiera el juez de un tribunal, tiene derecho a "juzgar" a nadie en persona, haga lo que haga: robo, violación o agresión física (independientes o asociados). Más allá de denunciar los hechos con firmeza como tales hechos, es decir: como tipo penal puro si de verdad son ilegales y no solo están "mal vistos", y, en todo caso, sin señalar jamás a nadie. Y ello subrayando la responsabilidad ineludible que conlleva cometerlos, y la necesidad de una sanción estrictamente proporcional a la gravedad del delito, es decir: muy leve si es muy leve, pero también muy grave si de veras es muy grave. Pues el citado juez, aunque ni siquiera él deba "juzgar", sí que tiene el derecho y potestad de condenar a uno o más individuos cuando viene al caso. Y ello siempre dentro del orden jurídico vigente, el cual es modificable para endurecer, suavizar, reducir, ampliar, matizar, derogar y añadir las diferentes normativas, según la sociedad demande dichos cambios durante su propio proceso evolutivo en paralelo al de las leyes.


 -Una llave de oro es un atajo (un privilegio) en un camino trillado, de sobra conocido. Una ganzúa de oro, crea un camino nuevo y diferente. Pero siempre que de veras sea "de oro", es decir: siempre que tenga más de llave que de ariete brusco (violento), aunque al final arañe un poco. De tal modo que consiga abrir un hueco mínimo en un muro sin puerta, pero sin derribarlo ni dañarlo seriamente.

-La peor enfermedad es la que se disfraza de otra leve. Pues la falta de síntomas nunca es absoluta, aunque dichos síntomas se manifiesten tarde. Y si, cuando por fin lo hacen, remiten de manera engañosa a un mal distinto y secundario, ni el mejor médico del mundo puede detectar ese fatal disfraz a tiempo.  

-Una bala no puede atravesar cualquier escudo, pero sí puede atravesar cualquier bandera. Así que lo mejor es no envolverse en una. Pues eso la convierte a ella en diana fácil y te destruye a ti de paso. Y ello con un mismo y único disparo. 


-Lo que nos iguala (y para mal) no es el morir, sino el quedarnos dormidos, por muy insignes que seamos. Pues si una (casi) omnipotente reina de ajedrez se confía mucho, se convierte en un vulgar peón en un segundo. Y no a merced de un peón auténtico, tampoco, pues, hasta dormida, una reina sigue teniendo algo de reina. Sino a merced del hábil salto sorpresivo de cualquier caballo astuto. 

-Morir no es desintegrarse, pues la desintegración no es instantánea. Morir es desprenderse. Y no solo de un cuerpo, que también. Sino, sobre todo, de la vital herramienta de lenguaje que dicho cuerpo representa para cualquier ser vivo en el mundo, humano o animal, y hable dicho ser con un lenguaje articulado o corporal o químico, o las tres cosas. Y ello a falta de otra herramienta cualquiera (la que sea) más sutil, es decir: a falta de una alternativa de comunicación puramente semántica, que no requiera signo gramatical o cuerpo mediador alguno a la hora de emitir o recibir un mensaje o las dos cosas. Pues incluso la más sutil telepatía, requeriría de un cerebro receptor, al menos.  

-La muerte del organismo (humano o animal) es la evidencia de la ausencia. Pero también la ausencia de evidencia de la desintegración total de un ser que, justo porque se desprendió de forma fácil y completa del cuerpo concreto que habitaba, no requiere necesariamente de un cuerpo cualquiera (suyo u otro) para seguir existiendo, es decir: para seguir siendo en el tiempo, aunque ya no siga vivo. Pues seguir "vivo" (o sea: presente en el mundo) no solo es seguir respirando. Sino también seguir comunicándose con otros, sea por medio de un cuerpo mortal o no lo sea.     

-Si una polilla cae en picado, no sabemos si murió o si la tumbó el calor. Así que miramos un fugaz segundo por aséptica curiosidad para comprobar si aún se mueve, y ello al mismo tiempo que la barremos con la escoba friamente, muerta o no del todo, nos da igual... Y un ser humano tiene una entidad mucho más alta como ser vivo que la que posee una polilla, en eso no cabe duda alguna. Pero el cuerpo humano, aunque más grande y complejo, no deja de ser la rígida carcasa de un insecto, a fin de cuentas. Aunque le dediquemos una mirada algo más larga antes de barrerlo. Vivo o muerto, también, como con la polilla (eso es lo malo).

-Las piezas del puzzle eran metálicas, y la última de ellas (la que faltaba por poner) era un imán. 
 
-Constancia. Disciplina. Y el acento en el lugar preciso en cada caso, aunque todas las sílabas cuenten.
 
-Si estás solo en la batalla, procura que tu espada esté bien limpia, para que su brillo sea visible desde lejos, ya sea como guia para alguien o como señal de ayuda, incluso. Y si tu arma es tu boca y te la tapan, sigue hablando con los ojos. Y quizá alguien sepa leer en tu mirada y te devuelva la voz o hable por ti.

-La política es el arte de barrer bajo la alfombra sin ensuciarse uno mismo en exceso. Y eso, hasta cierto punto, sí es viable. Pero la alfombra tiene una capacidad limitada, a fin de cuentas. Y debajo de ella no solo hay basura acumulada: también vive mucha gente.

-El ser humano es un tuerto de estatura media, que se piensa un cíclope gigante. Se arranca el ojo enfemo sin intentar curarlo. Y se pone el sano en medio de la frente, para engañar a otros y engañarse a sí mismo fingiendo que su visión no es deficiente, cuando sí lo es.

-Lo que de verdad engaña no son las mentiras. Pero tampoco las "verdades a medias" que, en realidad, no existen. Pues la verdad nunca es incompleta, aunque, a veces, pase por tal cosa cuando la sacamos de contexto. Lo que de veras engaña (y gravemente) es justo eso: una verdad que sí es completa (e irrebatible) pero de entidad menor en el contexto. Y desubicada adrede con malicia por quien urde la estafa. Pues el engañador la pone justo delante de la víctima hábilmente, para tapar de su vista la verdad "mayor", es decir: la que resulta vital y determinante para el caso, simplemente. 

-No le puedes quitar odio a la empuñadura, pero sí que le puedes poner amor al filo para que no destroce. 

-Aunque a veces el silencio "hable", eso no es excusa para poner palabras en su boca. 

-El humanismo tiene como "espada" las alfiladas púas de un erizo inmóvil.

-La mayor falacia no es un "hombre de paja". Sino un ladino hombre real de carne y hueso, aunque desnutrido y casi plano, como si estuviese hecho de papel. Al cual, justo porque está vivo y respira y no es un muñeco completo (aunque se acerca mucho a serlo), le estrechamos la mano ingenuamente, sin fijarnos en que esconde un puñal "con" la espalda, en vez de "en" ella. O sea: no un puñal sujeto en su otra mano, no, y esa es la trampa. Pues la otra mano sí que nos la enseña. Y vacía, para fingir necesidad y honestidad al mismo tiempo. Sino un puñal gigante como la misma torre Eiffel. El cual él tapa adrede con su cuerpo entero, interponiéndose astútamente entre el avieso monumento al engaño y nuestro juicio, y ello a la vez que fuerza una cínica sonrisa. Un puñal con la empuñadura bien enterrada, además, imperceptible en lontananza pero también desde muy cerca, es decir: a cualquier distancia y desde cualquier punto de vista. Pero con el pulido filo inmenso apuntando arriba libremente y a la vista de (casi) cualquiera, con la excepción de cada víctima concreta. Como una resplandeciente marca de Caín en forma de arma mortal, que apunta al cielo. Cuya empuñadura (y solo ella) es totalmente invisible siempre y para todo el mundo, aunque el filo sí se pueda detectar algunas veces. Y cuando se detecta, suele ser ya tarde, para poderle dar un sucio margen, sí. Pero también un necesario respiro a la violencia y al delito que, en el fondo, son la misma cosa.        

-La ley debe dejar una rendija para meter la mano y robar una manzana. Pero, en dicha rendija, debe incluir también una cuchilla, para amputar la mano a quien robe más de una.     

 -Una ventanilla siempre es sospechosa. Pues, en realidad, no está ideada para aislar al que está dentro, aunque sí le sirva a él de protección, en cierto modo. Sino que, más bien, está pensada para que él te aisle a ti y, de paso, no se tenga que comprometer en lo más mínimo estrechándote la mano. Y lo que vale para una ventanilla, también vale para cualquier muro interpuesto, alto o bajo. O para una mesa de despacho, incluso. 

-Hay afueras del paraíso en las que te espera una serpiente, y afueras del infierno en las que un ángel te rescata. Por eso, en el paraíso, es mejor no indagar mucho. Y en el infierno, en cambio, hay que explorar cada rincón con lupa, para encontrar cualquier pequeño hueco en la alambrada.

-No busques un "buen" abogado, pues tal cosa no existe. Busca un abogado honrado, para que no te robe, incluso, aunque sí le pagues bien. Y lo encontrarás si tienes suerte.

-Un abogado es un aficionado al tiro al plato, solo que en cada plato hay un talón bancario. Y su trabajo es romper el plato de un disparo certero. Justo por la mitad, para dividir el talón con su cliente. Y si se cruza un "pato" vivo, en vez de un "plato", mala suerte. Total, por una letra... 

-Un abogado es para un juez lo que para un policía un carterista: un conocido rufián despabilado con el que no hay que hacer la vista gorda pero tampoco mucha sangre, salvo que la sangre la haga él mismo. 

-El delito es el beneficio ilegítimo obtenido por medio de un engaño siempre ambiguo, aunque a veces (solo a veces) la evidencia ayude a descrifrarlo bien. Y dicho beneficio injusto no solo se obtiene fuera de la ley. Sino también dentro de ella, cuando el delito pasa desapercibido y/o aún no está tipificado. 


-Cómodamente sentado en una silla de madera al borde mismo de un pantano, un sapo burgués contemplaba, con embeleso, el grácil vuelo de una polilla inofensiva. Como diversión morbosa, pensando en comérsela enseguida. Pero antes de que pudiera abrir la boca, sonó un crujido profundo y se hundió en la ciénaga.

-El arte es la copia mejorada de una copia previa. Por eso el plagio no está en "copiar", en sí, aunque tenga algo de eso (o demasiado, a veces). Sino más bien en estampar tu firma en una copia (buena o mala, sutil o descarada) que hizo otro.
  
-"Hacer las paces" resulta necesario, pero es un paréntesis forzoso. Pues, en realidad, sí hay que hacer la guerra. Pero es vital condenar de forma colectiva los golpes bajos que siempre se producen. 


-Hablar bien del mal, nunca es bueno del todo. Hablar mal del bien, es nefasto siempre, a secas. Aunque hablar "muy" bien del mal, equivale a hablar mal del bien, a fin de cuentas. De modo que eso también hay que evitarlo.


 -Entender al otro no es "darle" la razón, ni tampoco quitársela, sino ayudarle a que se explique, simplemente. Pues solo si le escuchas de verdad ayudarás a que se exprese de una manera que tú entiendas.  

-El peor caballo de Troya es que el entra vacío (y no lleno) en la ciudad que quiere conquistar. Pues, una vez que entró, lo llenan los traidores. Conviertiéndolo en quinta columna y en ariete para derribar los muros desde dentro, al mismo tiempo. 

-La verdad es como un recién nacido: cuando nace grita mucho, pero también está algo sucia.  

-Si te quieres convertir en mi cadena, mi libertad sólo podrá dejarte roto. 

-No tiene sentido romper ventanas desde dentro de la casa, aunque eso al cristalero le da igual. 

-Al dueño del inmueble no le importan los cristales rotos aunque estén llenos de sangre, pues él no tiene que barrerlos.  

-La violencia . Al dueño de la vaca le da igual venderla como leche o como carne.

-Hasta la menos piadosa agua bendita, equivale a gasolina en el infierno. Por eso lo mejor es emplearla como sutil cortafuegos distante, sin tocar la llama. 

-La autoestima no es solo un marcador psíquico o una escala, un "vacío preocupante" o una especie de inestable tensión arterial baja, que hay que vigilar. La autoestima es la base emocional misma de toda persona, nada menos, oscilación aparte. Su cimentada fortaleza de sólido amor propio, sin supeficial orgullo. Y su mortal talón de Aquiles también para la agresión externa, si no es firme. Y lo que vale para las personas, vale también para los grupos, o las naciones incluso.

-A veces, el aprendiz tiene justo la herramienta que el maestro necesita. Y por eso, el maestro debe ser un poco humilde, al menos, aunque solo al aprendiz le corresponda serlo mucho (hasta que aprende).

-Muestra toda tu paleta de colores, sin pudor alguno, aunque siempre te dirán que no lo hagas. Sujetándola firme, eso sí, pero muéstrala completa. Quien sepa ver tus colores buenos, los apreciará igualmente, aunque los demás le estorben algo. Y tú mismo te desharás de los malos algún día, cuando te canses de ellos porque ya no son la paja útil, o sea: la envoltura temporal de tu cosecha. Y, por otro lado, quien no puede evitar ver más paja que grano en cualquier cosa, subrayará la paja en ti al igual que en todo el mundo, hagas lo que hagas. Incluso en el artista más sobrio y evolucionado imaginable. Pues quien lo critica todo sin misericordia alguna (y, por desgracia, hay demasiada gente así), más que un crítico "severo" es un vulgar censor con ínfulas, sencillamente. 
    
-Los buenos críticos son aquellos que solo señalan la limitación y no el defecto. Pues la limitación puede no ser visible por todos y, al exponerla, la crítica ayuda mucho a superarla. Pero el defecto sí lo ve cualquera. Así que hurgar en él es redundante, y en todo caso forma parte necesaria del crecimiento de la persona (o artista) que lo sufre y que, en su momento, se deshará de él  (y sin presiones) y cuando de veras ya no le haga falta. 

-El mejor "ajedrez" es empujar una sola ficha de dominó en la hilera. Y no avisar de cuáles tienen que caer, para que nadie retire ninguna rompiendo la cadena.  

-Hay excelentes versos en pésimos poemas. Como ese, tan acertado aisladamente, que aconseja con una sabia frialdad: "Deja ya de lamentarte y supera eso". O ese otro que señala, con una tranquilidad plena y sensata: "¿Por qué te haces la víctima?". Y ello cuando a alguien le han sacado las tripas de forma física o emocional (o ambas), para ahorcarle con ellas friamente por medio de una sangrienta agresión brutal y (por lo general) inesperada. Mientras el público, aplaudiendo el atroz crimen de forma abierta o no (pero consintiéndolo, en el fondo), se escandaliza de lo lejos que ha llegado la violencia. Pero sin pensar nunca en lo lejos que ha llegado el abuso previo, termine en violencia física y/o verbal, o no. 

-Los milagros se adaptan a la madurez del aprendiz. Un alma simple, encuentra una piedra milagrosa (por azar). Un alma madura, encuentra una piedra de Rosetta (por azar también).

-No se hizo la miel para el estómago del asno. Pues en la boca sí le sabe dulce. Pero la escupe o la vomita, ignorando que también es un alimento. O, simplemente, su organismo es incapaz de tolerar una dieta nutritiva de veras. De modo que jamás sale de la alfalfa, que lo mantiene bruto pero vivo, al menos. 

-Cuando muere un ser alado, es el cadáver de un ángel lo que tú estás viendo, aunque su apariencia física sea la de un pájaro o una mariposa.   

-Hay que poner un ojo y medio dentro de uno mismo. Y únicamente el medio ojo restante fuera. Pues un submarino sí necesita un periscopio, para no perderse. Pero para usarlo debe sumergirse bien primero.

-Las mafias funcionan como manadas de lobos en un contexto de hambruna. Y si, por suerte, el lider es un lobezno más que un lobo (es decir: con un mínimo honor), te puedes permitir el lujo de sumarte a una de ellas para poder sobrevivir y consevar un poco de tu dignidad sin tener que emigrar lejos. Aunque, en una situación así de extrema, lo mejor es hacer mutis simplemente, si es que puedes.

-Si te ofrecen "plata o plomo" (corromperte o ser asesinado), elige "plata" si ya estás en el grupo, es decir: si ya te has corrompido, porque no te dejaran abandonarlo vivo. Y elige "plomo" si aún no formas parte de los que te acorralan. Pues de esa manera tienes una oportunidad  (aunque pequeña) de que te dejen ir con vida si ven que no te dejas presionar y eres valiente, aunque tu lugar no esté entre ellos.      

-La "protección" que ofrecen los mafiosos, no es cínica del todo, aunque en parte sí lo sea. Pues donde hay más de una manada de lobos, un perro policía no puede proteger gran cosa. 

-No todos los que callan aprueban tu linchamiento, en realidad. Ni tampoco todos ellos te ignoran por completo, aunque parezca que  así es, dado su mortal silencio colectivo. Pues, la propia indiferencia radical que sufres, es una prueba irrefutable de que los que están en la manada (y ello en ciego acatamiento al líder) han prohibido que cualquiera te defienda o te haga caso alguno, bajo la clara amenaza (expresa o no) de ser linchado también el que se atreva... Y ello puede deberse a que te has ganado su odio, claro. Pero lo más probable es que se deba a que tu forma de ser o de actuar, pone en riesgo el dogma radical que sostiene al grupo, simplemente. O incluso a que le haces sombra a un líder paranoico, que teme que le puedas arrebatar el puesto tú, aunque tu intención no sea ni haya sido nunca esa. 

-El mayor error en medio de la esgrima, es pensar que absolutamente todos los que miran cómo tu rival te aplica una estocada (o un golpe bajo), te están juzgando moralmente o apoyándole a él de alguna forma. Y quizá algunos sí lo hagan, y puede que te lo dejen claro, incluso. Pero no todos van a hacerlo siempre. Aunque algunos callen por miedo a sufrir el castigo del líder o del grupo. O porque no saben cómo usar su propia espada para defenderte, simplemente. Y lo peor de esa paranoia de ver un linchamiento colectivo donde solo hay un ataque personal (más o menos consentido), es que te empuja a defender tu dignidad (o tu "buen nombre") de forma irracional, perdiendo el control incluso. Como si los demás pudieran ensuciar tu honor de alguna forma, cuando el único que de verdad puede hacer eso (si actúas mal) eres tú mismo. 

 -El cadáver es una “pistola humeante”, aunque el ser que lo ocupaba no haya sido víctima de un crimen. Es decir, que es una evidencia demasiado obvia y palpable para ser cierta... del todo.  Igual que un espejismo en su definición correcta, o sea: la falsa prueba final de una muerte que sí existe, sin duda, aunque quien la sufre se encuentra (quizás) en otra parte. Pero, también, la verdadera prueba (y eso es lo que de veras entristece), de que resulta harto difícil que un ser que se desprendió completamente de su cuerpo, se siga comunicando en el futuro de algún modo con el resto de seres que sí ocupan los suyos todavía. O, al menos, mientras ellos los sigan ocupando.  

-La sociedad contemporánea tiró por el desagüe de la bañera el agua turbia del dogma cristiano, e hizo bien. Pero, con ella, se deshizo erróneamente del "niño" del humanismo. El cual, cristiano o no (pues, en realidad, el humanismo ya latía en Buda y en Confucio, por ejemplo, medio milenio antes de Jesús), forma parte vital de la cultura y la coraza moral de Occidente, es decir: de su raíz más esencial, eterna y pura. Y debería ser irrenunciable en sí mismo, una vez ya limpio de impurezas dogmáticas. 

-La sociedad occidental contemporánea ha cambiado el humanismo por el bullying, es decir: por la adhesión ciega a una manada de lobos, que no solo es violenta (lo cual no es malo en sí), sino también innoble y rastrera. Pues obliga a los lobeznos, que se limitan a morder (aunque sí maten, a veces), a sumarse a la necesaria caza convirtiéndose en lobos adultos, que, más que morder, desgarran las entrañas, maten o no maten. Y ello si quieren pertenecer a una manada ciegamente agresiva (en realidad, la única que tienen disponible) y no morir de hambre. Es decir, que Occidente cambió un crucificado escuálido, muy noble pero demasiado débil como guía, por un obeso luchador de sumo idiota, que tumba al débil en la lona para asfixiarlo con su peso excesivo. Pero olvidando que es justo dicho sobrepeso lo que le impedirá a él también ponerse en pie una vez que aplastó al otro. O una vez que terminaron ambos rodando por el suelo, si es que el débil se consigue defender mínimamente.     

-El bullyng se aplica maliciosa y estudiadamente en la debilidad concreta de la víctima, aunque desde fuera parezca un linchamiento genérico. Y eso lo vuelve doblemente temerario y dañino. Pues en el talón de Aquiles es justo en donde mora, no el héroe, sino el pequeño dios colérico que habita en cada uno, por dócil que se muestre en apariencia.     


-En el asfixiante contexto de una sociedad agresiva en exceso (y en dicho exceso está la clave, no en la agresividad en sí misma), resulta que la fuerza letal y excepcionalmente necesaria, se manifiesta casi siempre a la manera de una arbitraria y endémica violencia bruta y colectiva dominante que asfixia al "débil" (o sea: al humilde) totalmente, cuando no lo asesina, sin más, de forma física o moral o la dos cosas. Y ello en lugar de mostrarse y actuar tal como debería en realidad, o sea: en forma de una puntual violencia individual (personal) ejercida a título estrictamente particular y defensivo. Aunque dicha defensa  personal actúe también a veces letalmente, sí. Pero ello sin depender jamás de ninguna estructura colectiva hostil organizada, fuera de la (en principio noble) excepción de los cuerpos armados que velan por la integridad territorial de una nación política concreta y también por la seguridad dentro de ella.


-El riesgo del militarismo imperialista, y el del socializado y aplaudido bullying ideológico que siempre lo acompaña, estriba en que, atormentar a un toro bravo con la pica, lo mata en vida, dejándolo sin energía alguna para el ruedo, en un principio. Lo cual es una forma tan torpe como temeraria de domesticarlo, aunque funcione en apariencia. Pues hacer uso de una sola y brutal lanza que destroza sin remedio las entrañas de la bestia, en vez de sucesivas banderillas que hacen mella en su excesiva fiereza, como tal, pero sin causarle a ella en persona un daño tan profundo, termina por hacer que el toro se desboque totalmente a la larga, cegado por su orgullo. Y acabe tumbando al jinete y al caballo juntos, sacándoles las tripas. O acribillándolos de forma "inesperada" con un arma automática en una escuela del imperio. 

-La leyenda negra española es la leyenda negra del imperio español, y no otra cosa. Es decir: la de cualquier imperio. Y, en realidad, es la misma siempre. O sea: la del dueño previo del cetro imperial (o del testigo en atletismo) en una translatio imperii milenaria. La cual, en su penúltimo escalón ahora vigente, pasó de España a América como resultado secundario de la aventura de Colón. Y sigue siendo la misma "leyenda negra" (y el mismo cetro) que ha sido antaño y que no dejará nunca de ser. Aunque ahora mismo (en pleno siglo XXI) el relevista no hable ya español, masivamente al menos... Tras haber arrebatado fácilmente el cetro de madera al extenuado corredor previo, golpeándolo con el suyo de metal, más fuerte. Y ello no en tierra firme, sino en el mar, en realidad, aunque muy cerca de la orilla... Aunque, esté en las manos que esté, el relevo es siempre el mismo "toro bravo" español, haciendo y sufriendo bull-ying (en inglés, ahora) en un continuo bucle. No tan violento, en realidad, como soberbio y obcecado en agachar la cabeza únicamente para embestir de forma baja y ciega, sin humildad alguna. Sobre todo cuando le clavan a él el arpón de forma abusiva hasta las entrañas, dándole la perfecta excusa para excederse brutalmente en la defensa.

-Si hurgas con obsesiva insistencia, más que con violencia, en mi ojo tuerto (es decir: en mi natural limitación o herida), acabaré por arrancarte la cabeza yo. Y no por "criticarme" tú en exceso, aunque ningún exceso es bueno. Sino por tocarme demasiado los cojones, ojo enfermo y críticas aparte. Y el resultado conjunto inevitable de tu arbitraria saña frívola y morbosa en mi contra, sumada a mi violencia defensiva, sí, pero también brutal y ciega, no será bueno para ninguno de ambos, créeme.   

-No le regales un pez pero tampoco una caña de pescar. Regálale la llave de la despensa, incluso. Pero a condición de que la limpie bien por dentro dejando su cuchillo fuera, o sea: en su casa.  

-No le des ni pez ni caña. Dale un río que no esté turbio en exceso. Pues incluso un oso miope, puede pescar sin más ayuda que sus manos (o su boca) si el río es eso mismo: un río, y no un espeso lodazal.

-Si el río se convierte en una ciénaga, tan solo podrás pescar cadáveres en él. Y lo peor es que sí tendrás que comértelos, a falta de otra cosa.

-Si la libertad es sensata, entonces la opresión no puede hacer nada contra ella, pues no se ve en la muy cómoda obligación de imponer el orden por las bravas, sin necesidad de consensuarlo.
 
-La razón es un martillo brusco y subjetivo. La inteligencia es un bisturí sutil común, o sea: vulgar. Y la sabiduría es una ganzúa excepcional de veras. Pues brilla en oro, y sirve para abrir caminos nuevos, es decir: para traspasar los muros que ya existen lo mismo que un fantasma. Sin dañarlos seriamente, y sin que nadie pueda decir nada.   

 -Una sociedad corrupta (o "sin principios") no es la que trata bien al culpable (que algún derecho tiene), sino la que trata mal al inocente. Y lo que la vuelve aún más infame, es que casi siempre se denuncia lo primero (la "mano blanda" con el reo). Pero lo segundo (el ensañamiento con la víctima), rara vez. Pues la culpa tiene (volubles, cínicos) enemigos a millares. Pero la inocencia apenas tiene amigos fieles, esté obviamente amenazada o no lo esté.

-El llamado vulgo, "solo" equivale a  la parte del pueblo que de veras es vulgar, es decir: la mayor parte. Pero llamar "vulgo" al pueblo entero, es insultarlo, en cualquier caso. Y ello por mucho que su porción mayor esté corrupta o sea rastrera. Pues, vulgar o no, el pueblo es soberano único, aunque se tienda a olvidar ese vital detalle.  

-La soberanía popular es la democracia misma (su raiz perenne), cubierta con diferentes carcasas. Y hay carcasas que se enquistan convertidas en una costra áspera, como la partitocracia posmoderna.

-La inteligencia es una herramienta útil en la luz. Pero en la oscuridad se convierte en una brillante linterna, es decir: en una indiscriminada trampa para achicharrar a todo tipo de insectos, humanos incluidos... Por eso es preferible buscar sabiduría, y caminar en la sutil penumbra de la luna con paso firme para no caerse. Y de hecho así es mejor. Pues la luz muy débil sí te obliga a pisar fuerte y mirar el suelo bien, sin confiarte, aunque tengas que agacharte un poco para verlo, a veces.  

-La inteligencia es un útil saco de viandas que, pequeño o grande, carga al hombro todo el mundo. La sabiduría es una (inalcanzable) estrella guía, que solo siguen unos pocos. Y una (fresca) fuente de agua al mismo tiempo, para ellos. La cual ayuda a que puedan digerir mejor todo aquel conocimiento que han logrado acumular a sus espaldas después de una (a veces) larga vida.

-El saber sí "ocupa" un lugar (y demasiado grande) en la boca. Por eso, para digerirlo bien, hay que hacer uso del agua de la sabiduría.

-"La verdad es la que es, la diga el rey Agamenón o su porquero". O dicho con honestidad, sin disimular la jerarquía (y el prejucio): "Es la que es... aunque la diga un inferior porquero, en vez de un digno rey". Y jerarquías aparte, la frase en su sentido literal, sí es cierta, aunque de aplicación utópica. Pues al porquero muy rara vez se le deja hablar siquiera para saber si acierta o no, y casi nunca se le escucha cuando por fin habla. De modo que la célebre frase, además de ser clasista a priori de forma sibilina, es cínica. Es decir: una vulgar excusa retórica para que Agamenón pueda fingir que escucha a los porqueros desde su atalaya cuando les ve mover la boca.  

-Una cumbre es una pirámide truncada, de pequeña cima plana, aunque, desde abajo, la veamos puntiaguda y temamos que se nos clave en el culo. Es decir, que en ella cabe poca gente, sí. Pero siempre cabe más de uno. Así que no hay que idealizar a nadie ajeno como a un "rey". Pero tampoco hay que tener miedo de ascender muy alto uno mismo. Pensando que, una vez arriba, uno va a estar solo en exceso, o no va a tener ayuda cuando la responsabilidad le pese mucho. 

-Una violenta erupción de lava volcánica, puede convertirse en una sólida avenida, con el tiempo. Pero siempre que no entierre antes a todos. 

-La plata es un metal que también brilla, y por eso, donde la plata abunda, opaca al oro. Y  lo malo es que solo el oro brilla con pureza.

-Creerse equivocado sin estarlo, también es una manera de equivocarse seriamente. Sobre todo si te das cuenta tarde de ello. 

-En lo que, de vedad, el seductor profesional (o sea: el estafador, el demagogo y el político, por separado o no) pone todo su empeño, no es en convencerte de que él tiene "toda" la razón (pues ni él mismo cree eso), sino en que tú te convenzas a ti mismo (y con su ayuda) de que tú no tienes nada de razón en absoluto. Y ello con el fin de que, más que la razón, le des el mando a él, a falta de una mejor alternativa que la suya. Pues el mando equivale al amparo (y el abrigo) de la ley, razón aparte. Y ese personal mando (ese cetro) es lo que de verdad importa para que cualquier poder, incluso en una dictadura, pueda ser ejercido libremente, ya sea de forma arbitraria (irracional) o no. 

-Si te entienden mal, explícate mejor. Pero si te entienden demasiado mal (y salvo que estés drogado, entre hablantes de otra lengua o sufriendo un ictus), lo que pasa, en realidad, es que no quieren entenderte en lo más mínimo, ya sea por sordera voluntaria o por prejuicio, lo cual viene a ser lo mismo. Y tendrás suerte si su completo rechazo se limita a dicho menosprecio frío y no se debe al odio. Pues entonces sí te atacarán de forma violenta en el futuro, y ello sin que tengas opción alguna de explicarte.

-El humilde no se "piensa" en posesión de la razón (ni de la verdad) jamás. Aunque él a veces sí la tenga, como todo el mundo. E incluso aunque, pensamiento aparte, se empeñe él mismo en defenderla con ahínco o incluso con cabezonería algunas veces... Y es justo eso (y solo eso) lo que de verdad le duele a él: que cuando sí la posee (y sobre todo entonces), no solo le nieguen la "razón" si de verdad la tiene, sino también la voz incluso, tenga la razón o no la tenga. Ninguneándole en cualquiera de los casos por su noble humildad, precisamente. La cual es vista como una especie de risible debilidad pueril, y ello por (y en) una gorilesca sociedad estructuralmente violenta y competitiva hasta el delirio. 

-El nuevo lobo en la manada es el más violento de todos, pues necesita hacer méritos muy rápido para que su adhesión quede fijada claramente. Así que debe mostrarse muy hostil incluso con los suyos, a veces. Y tomar la avanzadilla en todo ataque y de manera voluntaria, sin que el intocable líder que lo está poniendo a prueba como aprendiz (y mantiene él, en la penumbra, un perfil bajo de lobezno) necesite recordarle la obligación de convertirse en ariete y carne de cañón al mismo tiempo. 

-Los hay que lo único que logran ver en un ángel son las alas, o sea: su poder, ignorando la blanca vestidura de su pureza. Y, al ver solo el poder, lo envidian e intentan poseerlo. Y si no logran que sea suyo, lo destruyen.

-Los hay que solo ven las alas en un ángel. De modo que le niegan toda ayuda, con el pretexto de que puede volar solo. 

-Todo lo que la imaginación concibe, existe. Sobre todo, una vez que lo ha nombrado. Otra cosa es que exista en la forma exacta en la que la imaginación captó su esencia. Pues, a veces, la "forma final" (o sea: la manifestación real), no se asemeja en absolutamente nada a la forma concebida o intuida. O sí que tiene un cierto parecido, pero desenfocado o muy difuso. Y, por lo general, deformado a martillazos para fijarlo por las bravas en un dogma rancio, un mito partidista, un ídolo estéril, o las tres cosas al tiempo.  

-Los que, sin aportar pruebas de ello (las haya o no las haya), afirman que los dioses o los demonios "no existen", lo que quieren decir es que odian los dogmas, simplemente, existencia de seres míticos aparte. Y los dogmas sí "merecen" ser odiados, por enemigos de la ciencia y castradores de la emancipación del individuo. Pero el odio siempre es un arma ciega, aunque persiga un fin benigno. Pues no ayuda a percibir bien lo dogmático para derribarlo hábilmente, es decir: sin que, junto con el indeseable dogma, quede enterrada tambíen la necesaria pureza que utiliza dicho dogma de coraza. Y "enterrada" significa anulada como guía. Pues la pureza nunca muere, y sobrevive a cualquier tipo de ataque o de derrumbe, incluso. Cual indestructible raíz que hace que rebote en ella hasta el hacha más legítima y más fuerte disponible, como la propia y noble (pero limitada) razón del ser humano, por ejemplo. 

-El mal es un cuchillo violento, que, bien domesticado y afilado, sirve para repartir el pan mejor, cortando, de paso, el nudo que impide hacer dicho reparto (incluso con violencia, a veces).

-El bien tiene una sola espina violenta (defensiva), que impide destruirlo por completo a quienes se empeñan en ello con ciego afán nihilista. Y el mal (como la violencia) tiene un solo pétalo aromático, que seduce incluso a los pacíficos más tibios, cuando alguna vez hay que emplearlo con prudencia y en defensa del bien mismo.       

-Las guerras no se ganan a base de perder batalla tras batalla. A no ser que pierdas una (o más de una) adrede, para que se confíe el enemigo. Y para hacer bien eso, hay que "saber perder", es decir: ser humilde cuando de veras toca serlo, y no cuando te conviene o no te queda más remedio.  

-Más grande el animal, más larga la gestación y más duro el parto. El embarazo de una elefanta son veintidos meses. Parir una verdad, puede llevar toda la vida. Aunque, como fruto, la verdad sí es muy ligera, y nace ya corriendo.   

-El mayor error de un perro flaco, es confiarse en el (temporal) alivio de que una sola pulga deje de picarlo. Y ello por muy grande que dicha pulga sea. Y en realidad, justo por eso.

-Poner la otra mejilla no siempre es la opción mejor. Pero nunca es la peor, salvo que estés físicamente en el suelo (no en metáfora) y te estén pateando el cráneo con una bota de hierro auténtica también, y no solo simbólica.  
    
-Los mafiosos también tienen su "policía" (su delincuente) bueno y malo. Pero en su caso, el "policía bueno" (el diplomático) es el corrupto de verdad, que utiliza como perro de presa, carne de cañón y ariete al segundón violento que le hace el trabajo sucio.  

 -En la húmeda oscuridad de una caverna, con una tosca lanza como única tecnología, y acosado por sangrientas fieras amenazadoras con las que no cabe hacer uso del lenguaje, el ser humano primitivo necesitaba ser un genio, incluso, para poder sobrevivir. Pero hoy en día, en una realidad mucho más cómoda, el individuo ya no necesita ser tan inteligente como antes. Aunque eso sí: siempre que viva en una realidad así de cómoda... Pues, tecnología aparte, el citado ambiente (caverna húmeda y oscura y fieras sangrientas que amenazan, sordas al lenguaje) no ha cambiado en absoluto ni cambiará nunca tampoco para quienes de verdad son pobres, es decir: para la mayoría de habitantes del planeta Tierra. Y ello aunque absolutamente todos los que viven o malviven en él, lograsen disfrutar la envenenada comodidad superficial que supone tener la mejor tecnología, sí. Pero guardada en el mismo y antiquísimo cajón en el cual la mísera condición humana atesora desde hace ya milenios un sinfin de telarañas, pelusas, violencias, desengaños, abandono, desamor gélido y pan duro.

-Una espada en tu contra, la sostiene una sola mano y a la cara, sin bajeza y con honor, aunque te mate. Un puñal en tu contra (y a tu espalda) lo sostiene más de una mano siempre, aunque tú veas solo una. Pues, quien te quiere atacar con bajeza y por sorpresa, sabe que hallará en ti una defensa brutal si él hace eso, es decir: una rabiosa resistencia a la altura de la rastrera traición que está planeando. De modo que, para poderla ejecutar bien, requiere la ayuda de alguien que, cuando él ataque tu espalda por sorpresa, mueva de forma simultánea el propio suelo sobre el que te sostienes. Más que "tirar de tus pies" o de "tu pata", tal como se ejemplifica de forma imprecisa habitualemente. Pues lo que de verdad hace caer a una persona, no es su frágil equilibrio propio, que también. Sino, ante todo, la engañosa y cómoda estabilidad de la mullida y cálida alfombra sobre la cual dicho equilibrio precario se sostiene. Y, en definitiva, es fácil que dicha cobarde colaboración mezquina la encuentre tu enemigo entre las personas que te odian, tenga dicho odio en contra tuya fundamento firme o no lo tenga, es decir: sea motivado por un ardiente deseo de venganza o por una fría y vulgar rivalidad, a secas. Y lo segundo es lo peor, pues la rabiosa venganza puede sorprenderte más o menos. Pero la gélida rivalidad es más anónima, y por tanto es más imprevisible y más difícil de detectar, al mismo tiempo. 

-Tan solo en la tormenta (y solo en ella, no en la calma) "acertarás" siempre, sin excepción, al pensar abiertamente mal de algo o alguien que te parece sospechoso. Y lo más probable es que te quedes corto, de hecho. 

-Piensa mal en la tormenta y te quedarás corto cuando aciertes. Piensa mal en la calma, y la tormenta la tendrás tú en la cabeza, hasta que aciertes de verdad (si es que lo haces). 

-La verdadera sabiduría se cuece en la cocina de la humildad. Pero no tiene por qué equivaler a la humildad estrictamente. Sobre todo cuando la sabiduría, no solo es ignorada, sino despreciada de manera abierta. Y es entonces, y solo entonces, cuando debe usar el orgullo como un arma y no como un escudo. Y recurrir incluso a la violencia de forma excepcional, para evitar que, más que la soberbia, triunfe el odio. Pues la soberbia fustiga y desgarra. Pero el odio mata en un segundo.   

-Quien desea tener voz (y solo voz), necesita inteligencia. Quien desea que, además de tener voz, le escuchen, necesita sabiduría, también. Y quien desea que, además de ser oído y escuchado, le obedezcan de veras, necesita hablar con autoridad legítima, es decir: poniendo en entredicho la injusticia estructural presente con el fin de derribarla incluso, por su base. Pero sin pretender (inútilmente) hacer mella en sus más sólidos cimientos. Que no siempre están claros, y por eso es necesario indentificarlos bien en el conflicto. Para derribar el árbol entero, incluso, si de veras hace falta. Pero sin malgastar el tiempo y la energía en apuntar a las raíces, que, en cualquier caso, son invulnerables porque son eternas. Y, por tanto, hacen siempre que el hacha le rebote con fuerza en la cabeza a quien intenta destruirlas.        

 -La utopía es la mejor estrella, pero también es el peor destino. Es el peor destino, pero también es la mejor estrella. Y el camino, en sí (el personal) se hace al andar, como bien dijo el poeta.

 -Las tres razones del pájaro: 1) No me digas que necesito alas, cuando es obvio. 2) No me quites las alas, con la excusa de que no las necesito. 3) No me digas que, para volar, sirve cualquier cosa.





-Una espada enfundada, es una cruz. Una cruz desenfundada, es la espada más fuerte. Pero también es el escudo más violento.



-El amor es el único pastel verdadero. Y todo lo demás (el mundo) es una guinda comestible. No un vulgar adorno, sino también un alimento. Pero una guinda solamente, a fin de cuentas, es decir: más adorno que alimento, aunque tenga algo de ambas cosas. Pues la (sustanciosa) porción grande es el pastel, y no la guinda, aunque la guinda también tenga sabor propio. Y aunque el pastel recurra a ella como adorno (y no como alimento primordial) algunas veces.

-Un cerebro sin ayuda es solo eso: un cerebro. Es decir, que está perdido. Salvo que encuentre petróleo por tenacidad pura, a base de dar fuertes pisotones al andar.  


-El ser humano odia la ciénaga, pero se limita a dar saltos de rana, sin abandonarla bien. Y lo mismo come inocentes mariposas que parásitos mosquitos, pero no imita su vuelo.

 -La forma es la piel de la pureza. Lo que queda del fruto que estuvo adherido a la piel, después de haber pelado una naranja de forma delicada y con un cuchillo afiladísimo. Anaranjadas trazas frescas y aroma. No más, pero tampoco menos. El trabajo del poeta (y del artista) es lamer y oler la frágil peladura, que aún conserva algo de su querencia esférica cuando la manipulas con cuidado... Para lograr recrear, así, lo más posible, el fruto de un Edén casi perdido. Con las manos, con palabras, con la boca... y con la imaginación también, cerrando algo los ojos. 



-No es lo mismo un diablillo suelto fuera de uno, que el demonio mismo encadenado en sus entrañas. Porque el encadenado sí destruye al huésped desde dentro, y hace estragos también fuera. Y ello precisamente porque su deseo de libertad es desmesurado, pero no logra salir.    

-El símbolo (como la monarquía o el papado) es la sustancia misma del espíritu más noble: el logos primigenio. Por eso, un ídolo concreto (como un rey o un papa, en persona) es un símbolo bastardo, que degrada lo puro, lo simbólico, al enquistarlo en una tangible forma estéril. Y ello con el inútil afán de conservarlo o incluso eternizarlo en una imagen. Inútil pero, sobre todo, paradójico y dañino. Pues precisamente el símbolo (que no el ídolo), cuando de verdad es puro, sí es eterno. Pero cuando se lo enclaustra en una forma rígida, visible, lo formal parasita entonces lo sustancial completamente. Degradándolo a la larga de una manera irreversible. Pues la forma (como la imagen, como la evidencia) siempre pugna por imponerse al fondo, a la sustancia, a lo esencial que está debajo. Trabaja duro en ello y vela incluso, para conseguir que sea olvidado. Y cuando se esfuerza firmemente (y con ayuda del tiempo), lo consigue. 

-Los ídolos son útiles parches que representan lo esencial como apariencia externa, para que no termine por difuminarse en la conciencia y la memoria de quien no sabe percibir la esencia íntimamente, es decir: sin cáscaras bastardas. Y ya duren meses, siglos o milenios, se terminan por caer solos, sin violencia, cuando quien los adora absurdamente como cáscara, ya ha aprendido a descartarlos en favor de algo más puro.   

-En las pesonas eruditas, la vulgar soberbia (cuando se produce), se apoya sibilinamente en el hecho cierto de que lo suyo no es "soberbia vulgar" (zafia, inculta), para pretender que no es soberbia en absoluto. Y por supuesto que lo es, aunque se disfrace hábilmente de esgrima aristocrática y se cambie, rauda, la camisa, cada vez que la salpica la sangre de una víctima a la que clavó un puñal trapero, en realidad. Y no el sutil estoque que pretende haber usado, y que muestra con cara de inocencia al público (o a la policía) algo más tarde. 

-En la violencia física puede haber sangrientos puños o asesinos puñales. En la violencia verbal, solo hay puñales (mortales) y no puños, aunque escondan bien su filo en el de la propia lengua, con malicia.

-El orgullo es una autoestima bastarda, que en vez de una muralla firme y cimentada (la de la propia autoestima) usa un tosco escudo, generando una confianza falsa y peligrosa. Pues con dicho escudo sí logra evitar los golpes altos. Pero, para los bajos, que son los más comunes, tiene los pies desprotegidos. Pues el escudo del orgullo siempre está muy alto. O al menos, siempre está más alto que el suelo.   
-Érase una vez una hermosa esfera azul en la que las escobas se repartían incompletas, sin el palo. Para que la gente trabajase usando el cepillo a dos manos, y en cuclillas. Y el (necesario) palo se vendía lejos, como arma.

-El irónico drama de la corrupción, es que sin ella todo el mundo estaría mejor, sin excepción alguna. Incluso los corruptos, y aunque siguiera habiendo sangre. Lo malo está en que, quien amaña los combates de boxeo (por ejemplo), no quiere abandonar la comodidad que tiene. Y ello incluso aunque sea para estar más cómodo.  

-La erudición es la fuerza bruta de la inteligencia. Y como toda fuerza bruta, tiene más de bruta que de fuerza, aunque la esquisitez superficial sea su rúbrica y se rodee de libros.

-Los huevos de granja saben mejor que los de "jaula". Pero en la granja las gallinas no están libres del todo, sino solo lo bastante  para poder producir bien. Es decir: que están mejor que los humanos cuando los humanos están "libres". Pues no a todos los humanos se los confina en una jaula.  Pero a las gallinas de granja, en su trabajo, sí que les llueve el pienso cuando "ponen huevos". Todas ellas respiran aire puro en su jornada. Y, además, ellas sí pueden extender algo las alas.   

-La verdadera guerra es la familia destrozada. Pues donde la familia permanece íntegra, la mayor violencia que hay es un puñetazo en la nariz. Es decir: sin ningún crimen en su seno, pero también sin una violencia emocional o desamor atroz que la desuna sin remedio... Y eso vale para el núcleo familiar, sin duda. Pero tambien, y sobre todo, para el de la humanidad en su conjunto.  
 
-La mala hierba en un parásito que roba el sol y el agua al trigo. Y su función es obligar a que el agricultor se doble el lomo de verdad para cortarla cuando crece mucho y es distinguible por fin, y solo entonces. De modo que no todo sea tan fácil para todos, ni tan puro. Pues lo importante no es plantar una semilla. Eso cualquiera lo hace. Incluso el viento, y sin ayuda humana. Lo importante es cuidarla muy bien luego, y ello con el sacrificio que haga falta... Ahora bien: solo hay algo peor que un parásito, incluso. Y ese algo no es una (siempre violenta) guadaña, en sí misma. Sino más bien una guadaña usada "brutalmente", o sea: a destiempo.



-El ser humano, no es un animal propiamente dicho, es decir: que en realidad no lo es del todo, aunque sí lo es en buena parte. Pero eso sí: posee la natural capacidad de convertirse en uno de verdad, completo. Y, de hecho, cuando se esfuerza un poco, lo consigue...  Y además justo por eso: por esforzarse apenas en contra del animal que habita en él (o sea, combatiendo poco o nada sus debilidades y sus vicios), para, en cambio, batallar mucho en contra de sí mismo. Atentando tenazmente, así, contra su propia autoestima, aunque es cierto que con bastante ayuda ajena, en realidad. 

-El mal es la suma (de corrupción) en todos, y la resta (de pureza) en cada uno.  

-Lo que más nos gusta suele ser precisamente la excepción en lo que nos gusta menos. Como quien tiene por cuadro favorito una concreta obra abstracta, aunque desprecie ese género en bloque en favor de lo figurativo. O como el maduro amante de la música de cámara a quien solo se le enciende de verdad la sangre con un tema concreto de rock duro que caló en él siendo muy joven. 

-Lo verdaderamente malo nunca triunfa de manera completa, aunque a veces se juzque como basura a lo mediocre, por error. Y ese es el problema, que la basura es obvia y sería fácil detectarla y prescindir de ella. Pero lo mediocre sí posee un engañoso oropel de calidad, y logra pasar por bueno muchas veces. Y lo verdaderamente trágico es que lo bueno de verdad (y, de paso, también lo excelso, lo sublime) no solo queda "relegado" a un puesto secundario por la mediocridad triunfante. Sino que termina enterrado e invisible por completo. No en un puesto "inferior", sino fuera de juego totalmente. Hasta que algo o alguien lo rescata de su olvidado lugar bajo una pila de deshechos. Como un regalo de verdad valioso perdido entre un montón de fruslerías al pie de un ostentoso y vulgar árbol navideño de plástico. Cuyo árbol se exhibe recargado con baratijas siempre, y alumbrado con intermitentes y artificiosos destellos.

-Internet es una réplica digital a escala del occidente capitalista mismo. O sea: una llave inglesa útil, sí, pero de metal barato. Sucia de grasa y envuelta en un áspero papel de lija. Adornada con la foto de un culo y sellada con un escupitajo. Y lo peor no es la grasa, que se puede limpiar. Sino el escupitajo (la boca), que lo contamina todo. 

-Los "ángeles" del bien llevan una espada en la cintura. Los "demonios", son dicha espada misma, es decir: la vulgar e irracional herramienta de un poder superior más noble y más puro que ellos mismos. El cual, además, los manipula como quiere y sin que se den cuenta siquiera.
-Si existiese un dios, sería un policía, y solo eso. Si existiese un demonio, sería el perro del policía, y solo eso. 

-Si levanta la cabeza, enséñale tu puño. Si te enseña el puño él, golpéale primero. Y ello no solo de manera metafórica, aunque siempre es mejor que se quede solo en eso.

-El ser humano es más sensible de lo que cree y de lo que aparenta en sociedad. Pero también es más violento de lo que admite ser. Y son precisamente las personas más nobles las que se dan cuenta de ese doble engaño, tanto en sí mismas como en otras.

-La violencia genera odio porque suele ser mal entendida previamente. Y al entenderla mal, se la aplica mal también.


-Existir es ser en el tiempo. O sea: en el mundo. Y un ser puro por completo (es decir: no creado) no podría poner siquiera un pie en el mundo sin corromperse totalmente. Sí podría "ser", desde siempre y para siempre. Pero no podría "existir", ni morir, ni nacer tampoco... En cambio, un ser impuro (es decir: una criatura, por ejemplo un ser humano o un ángel, incluso), sí que podría poner un pie (o los dos) en la realidad mundana, en teoría. Y si tal cosa la hiciese un (muy impuro) humano, la haría a riesgo de hundirse en la ciénaga del todo, incluso metiendo un solo pie. Y si la hiciese un (apenas impuro) ángel, la haría a riesgo de enfangarse él en exceso... Por eso lo más propio en un ángel, es meter solo la punta del pie en el barro, y ello antes de aventurar ambos pies confiadamente. Para cerciorarse bien, así, de que la sima no es lo bastante profunda como para empantanar sus alas, aunque las salpique un poco al caminar. 
 Y ello únicamente cuando desciende a ras de tierra, claro. Pues cuando un ángel vuela de verdad, y aunque su vestido esté algo sucio después de múltiples batallas, sus alas sí están limpias, con el tenaz vaivén del aleteo. Y el barro no puede tocarlas siquiera, entonces. Ni tampoco puede mancillar sus pies, cuando él se cansa de volar y decide caminar un poco por las nubes. Lejos ya, muy lejos, de la mundana ciénaga.            

-Un ser omnipotente sí podría crear una piedra tan pesada que él no la pudiese levantar. Lo que pasa es que no intentaría levantarla, ya que omnipotente no es sinónimo de estúpido. De modo que, tras haberla creado, se sentaría encima de ella, simplemente. Y a eso lo llaman universo los creyentes. Y lo llama libre albedrío todo el mundo.

-Una fuerza irresistible no podría "enfrentarse" con un muro irrompible, como si ella fuera algo diferente a dicho muro... pues la fuerza irresistible es un muro irrompible ella misma. Ya que dicha invulnerabilidad estructural es lo que la convierte en  "irresistible" de veras como fuerza, es decir: en totalmente impasible y sólida como brutal arma de choque, y ello contra la más firme defensa que intente en vano hacerle mella cuando dicha fuerza irresistible embiste fieramente.

-Todo aborto (incluso terapéutico) es un crimen violento, que debe ser llamado por su nombre, para no banalizarlo en lo más mínimo cuando no queda otra opción que ensuciarse las manos recurriendo a él debido a que, primero, no se han hecho bien las cosas. Y ello sin juzgar jamás a nadie (ni embarazada ni médico, ni moral ni legalmente) en su concreta y muy vulnerable persona. No tan frágil e indefensa como la del embrión, en realidad, pero sí expuesta al gravoso cargo de conciencia y las severas huellas sicológicas que una decisión tan cruda implica (o debería implicar) en quien la toma y participa en ella.  



La eutanasia pasiva es una dura opción, sujeta a una decisión familiar bien informada bajo un mínimo criterio médico falible. La eutanasia activa es una decisión tan “dura” como cómoda, es decir: que en realidad no es dura en absoluto, pues lo duro de verdad (al contrario que con la pasiva) sería no tomarla, simplemente.



-Un paciente conectado a una chatarra, equivale a media chatarra para un médico, y a una casi completa para el deficitario sistema que tiene que financiar todas las máquinas… Por eso es importante que el familiar del paciente no lo vea como una chatarra entera él mismo. Y, a poder ser, como la mitad tampoco, sea dicho familiar un médico él también o no lo sea. Y lo mismo vale para alguien que está sano y sin empleo y depende de la (maquinal) beneficencia del sistema.  

-Levantar tu cabeza para que la baje otro, no funciona. Pues él volverá a levantar la suya y entonces tendrás que bajar la tuya tú, y así infinitamente. La cabeza (la de tu autoestima) tienes que levantarla para que el otro calle de una vez por todas, simplemente. Y no para que ya no vuelva a hablar de nada. Sino para que su lengua venenosa no hablé más de la cuenta en tu contra, y él ocupe su cabeza (alta o baja) en otras cosas.

-Las injusticias estructurales graves como el aborto, la eutanasia activa o el desempleo endémico, resultan ser sangrantes llagas en la piel de una sociedad corrupta pero joven, que no ha madurado todavía. Y si de veras madura en el futuro, no será cuando por fin "desee" hacerlo, pues la voluntad de hacer un mundo menos cruel (que no menos violento) sí late en el espírutu de un porcentaje alto de gente. Será, más bien, cuando por fin "consiga" hacerlo, es decir: cuando de verdad se esfuerce en ello, en vez de limitarse a intentarlo o poner parches precarios.
      
-Pedir un puesto de ingeniero sin tener estudios, sí es utópico. Pero pedir trabajar duro y de manera física con una simple escoba o una pala, seas ingeniero o no, y seas de edad joven o más viejo, debería ser un ruego atendido de inmediato, sin requisitos burocráticos ni espera alguna, y ello a cambio de un salario mínimo y de una mínima dignidad, también. Y eso no es en absoluto utópico, aunque la sociedad se haya acostumbrado a verlo así. Y aunque considerarlo una "utopia" sea una excusa demasiado cómoda para los que sí tienen el poder real (y la obligación) de mejorar las cosas. Pero no se esfuerzan ellos en mover un dedo, ni en coger las "escobas" y "palas" que hagan falta. Y ello con el (viable) fin de conseguir lograr que el paro estructural, no solo desaparezca por completo, sino que sea algo impensable en el futuro, simplemente, como ya lo es el tráfico legal (y no el ilegal) de esclavos hoy en día. 

-Lo que obstaculiza de verdad los cambios necesarios, es el enquistado escepticismo (fruto, por lo general, de un endémico interés larvado y contagioso) de quien los etiqueta como utopía de forma defensiva y tajante, en un segundo. Y ello por viables que dichos cambios sean. Y  por muy bien que razone su necesidad real quien los defiende, si es que le permiten dar su explicación siquiera.

-A todo el mundo le molesta que no le dejen explayarse bien. Pero son pocos los que de verdad permiten que los demás se expresen de manera amplia. Y amplitud es amplitud, no significa "libertad" estrictamente. Pues, a veces, uno logra expresarse de manera libre (extensa o no) y, sin embargo, eso no implica que le escuchen, tenga la razón o no la tenga.

-Se tiende a confundir lo impuro y lo corrupto, cuando son cosas distintas, aunque dependientes entre sí. La corrupción siempre es impura. Siempre lo es, dentro y fuera de cualquier ser imaginable, humano o no. Pero la impureza solo se corrompe cuando se vuelve impura (o corrupta) también fuera, o sea: en un contexto mundano, físico y externo, y no solo en el (impuro) espíritu de uno.

-El paro estructural obliga a la caridad estructural. Y la caridad estructural es la ruina a medio plazo para quien se ve obligado a recurrir a la limosna, pero también lo es a largo plazo para la nación que la administra como parche, sin sustentar de manera firme sus cimientos.   



-La vida es la palmera de un fuego de artificio, que brilla y se disuelve en el nocturno manto en un segundo, para devolver su tenue luz prestada a las estrellas.
   


-Ni te quito ni te doy la llave. Te la doy doblada, para que la endereces.



-Romper algo valioso (un matrimonio, una amistad, una nación) jamás es bueno. Pero, a veces, es una locura incluso. El reto está en distinguir bien lo segundo.  

-Hay mineros que se empeñan en buscar el oro en el agua turbia, en vez de en el subsuelo. Y se quedan extasiados para siempre (y catatónicos, inmóviles) con la primera (y única) pepita brillante pero minúscula que encuentran. 

-Cuando un niño es pequeño, necesita un cartel de: "peligro, no tocar". Cuando madura, el cartel ya no es necesario. Y un ídolo consiste justamente en eso: en subrayar lo mortal como "intocable", para que pueda ser temido al menos por quien aún no sabe cómo respetarlo bien, es decir: sin necesidad de una amenaza y sin idealizarlo tampoco.   



-El ser humano carece de las alas de un ángel. De modo que su única forma de "volar" es elevarse como un globo, soltando el lastre que le sobra, es decir: el peso de sus vicios.  

-Tu basura interna no es un vómito, para dispararlo tú a los demás como golpe bajo, por mucho alivio que consigas con ello. Tu basura interna es tu trabajo, simplememte. Por mucho asco que te dé lidiar con ella y metabolizarla en tu organismo, tal como hacen (o deberían hacer) todos.

 

-Hay sapos diablillos que saben que las mariposas son un bocado dulce y fácil. Pero ignoran que también son un seco cadáver, que se les puede quedar trabado en la garganta.  



-Los policías sí son "perros del estado". Pero un estado necesita "perros" siempre, es decir: violentos pero nobles. Lo que ocurre con algunos policías de profesión (y matones de vocación, también, sean o no policías de veras), es que son, no fieles "perros", sino mayordomos agradecidos, más bien. Y tampoco del estado como tal, que, siendo mínimo, es necesario y sí es preciso protegerlo. Sino que lo son del sistema injusto entero, es decir: del mecánico conjunto de un rígido poder funcionarial ciego, sin alma, que de verdad asfixia al débil. Y al cual los mayordomos de diverso pelaje, y no los perros, saben imitar y defender muy bien en sus desmanes. 


-Lo que mata de verdad en la violencia, no es la violencia en sí (que no lo mata todo, ni a todos), sino la falta de amor que la alimenta siempre. Haciéndola más fuerte en sus desmanes, y dañando cuerpo y ánimo a la vez, con la desolación que eso conlleva. Y a veces solo daña (y más intensamente) el ánimo, cuando la violencia es "pasiva", es decir: más implícita que física, y está pensada para hacer mella en la autoestima de la víctima, la acompañe luego con una agresión física o no.    



-Aterrizaje de emergencia en un desierto, hay que arreglar rápido el avión. Uno de los dos pilotos es mecánico, y tiene ocho de nueve herramientas. El otro es aprendiz, y tiene justo la que falta de las nueve, imprescindibles todas para que el avión pueda volar. La décima herramienta significa perfección, y no es necesaria ni accesible para reparar una avería. Y además, esa no le pertenece ni al mañoso mecánico ni al aplicado aprendiz. Sino solo al omnisciente ingeniero, que en (la) realidad no existe. 



 -Un buen pianista puede ser un Mozart. O, en su defecto, el anónimo músico animador en un crucero. Por otro lado, un (entre comillas) "vulgar" tamborilero también puede ser un Mozart, sin duda. Sí puede serlo, y con las mismas (pero igual de escasas) probabilidades que tiene el pianista, además, en cuanto al excepcional nivel artístico adquirible. Y ello incluso con un pobre (sin comillas) instrumento como apoyo: su simplísimo tambor. El cual él mismo ha elegido de forma voluntaria, además, pues en el arte sí se puede escoger de forma libre la herramienta, al contrario que en cualquier otro trabajo. Pero en el caso del tamborilero, la opción alternativa a la máxima excelencia usando dicho escogido tambor (y no un piano), consiste en ser el (digno) camarero del barco, y no un músico en él. Y lo mismo vale para cualquier otro "arte" en la vida. Y para el resto de las bellas artes también, como por ejemplo el "ready made" (o sea: el "tambor" del arte posmoderno).   



 -O la democracia consigue la justicia, (o sea: un bien utópico) a cualquier precio, violencia incluida, o bien dicha democracia no sirve para nada si no logra mantener la paz, al menos, es decir: un bien no utópico, pero sí deseable. Ya que en realidad dicha democracia no aspira ni puede aspirar a la justicia (el bien mayor) con sus débiles medios. Pues ni siquiera la tiranía, con su poder absoluto, logra forzar la justicia tampoco, aunque lo intente con violencia (la paz forzosa o "pax romana" sí que la consigue  ella violentando, anque de forma temporal únicamente).



-La pureza es la cola del gran pez de la razón (y su timón, de hecho), y sobresale de la (candente) sartén siempre. Por eso no hay que forzarla dentro, pues así se rompe el pez y se destruye la pureza, cuyo lugar no es la razón en su epicentro mismo, sino sus límites creativos. Aunque sí que hay que tirar de la pureza fuera y por la cola, de manera suave. Para librar, de paso, de la quema el abdómen del pez, su entraña verdadera, en la que late el corazón... Dejando que repose en el interior de la sartén de la razón únicamente lo que sí debe cocinarse a fuego lento (o sea: sin quemarlo) dentro de ella: la cabeza.

 -El espíritu también es frágil (y voluble) aunque no posea un cuerpo fijo. Por eso, no hay razón para odiar de verdad a quien te daña (aunque sí rabies, y te defiendas fieramente) cuando la guerra es entre espíritus, al fin. Y por más que en ella intervengan la razón y el cuerpo activamente, y ello en mayor o menor grado.

 -Los relativistas morales, niegan que exista el mal (y el bien), pero suelen usar el mal que niegan como seductora "pose" estética. E incluso presumen de malicia activa y voluntaria, algunas veces. Disfrazándola de mundana virtud o de excusable vicio, positivo en el fondo... Y se contradicen por completo entonces, aunque de forma retorcida. Al admitir con dicha perspectiva moral turbia y ambigua, que sí existen mal y bien, en realidad. Aunque ellos le den la vuelta sibilinamente a ambos conceptos, en beneficio de sus propios intereses.



-El mayor peligro de negar que el mal existe de veras, como objetiva realidad, es que eso implica negar que se puede volver aún más dañino (y más corrupto), pues lo inexistente ni empeora ni mejora: no cambia, simplemente. Y al negar que el mal pueda empeorar, ni se evita bien en el presente, ni se actúa de forma preventiva para evitar que se desmadre en el futuro, cuando ya no tenga remedio.  

-Dos más dos sí que son cuatro para cualquiera, en realidad. Pero la razón (como la vida) no es simple aritmética, sino geometría más bien, es decir: aritmética empírica, aplicada en el espacio y en el tiempo (o sea: en la experiencia). Y el problema es que no todo el mundo es capaz de obtener el mismo número de cifras de pi. Y, además, la mayoría de personas no pueden pasar ni pasarán nunca por sí mismas (o al menos no sin mucha ayuda) de las consabidas cuatro cifras decimales (3,1416) que aprendieron en la escuela.  



-Lo más dramático de la tiranía, es que no solo es la opción más cruel (para los débiles), sino que también es la más fácil (para los poderosos), al liberar la (necesaria) autoridad de cualquier tipo de atadura. Como quien decidiese, más que "usar cañones para matar moscas" (que también), emplear aparte una (vital) señal de stop para aplastar con ella a las hormigas. Y tapiar, de paso, la salida al hormiguero, impidiendo que quienes lo habitan puedan respirar un aire libre de verad (o sea: puro).  



-Hay quien encuentra una bufanda en el suelo y la anuda en una rama, para evitar que alguien la pise si el dueño anda buscándola. Y hay quien la pisa ... o la ignora, lo cual viene a ser lo mismo. Y ni quien la protege de veras es un santo, ni quien la pisa (o desprecia) es un demonio, pues solo es una bufanda, a fin de cuentas. Pero protectores de verdad, con empatía, hay pocos, así que el mal (como estadística esencial) sí pisa fuerte.   



-Ambas, razón y fe, sirven tanto de esencia como de herramienta, en ciertos casos. Pero la fe (siendo una sublime esencia informe, a la que acrisola el pensamiento) es una mala herramienta tangible, pues, cuando se instrumentaliza, tiende a tomar la forma de un violento martillo dogmático, y no otra. Y, por su parte, la razón (siendo una excelente herramienta formal ella), es mala si se emplea como esencia dogmática. Pues, al idealizarla como sustento profundo, acaba siendo frágil ante el menor desliz mental o error de cálculo. Y se termina por desmenuzar como masa de pan con poca agua. Sin otro apoyo sustancial que el de ella misma con el que rellenar sus endémicos huecos.   

 -Hay maestros de esgrima arrabaleros, que sí saben dar una estocada fatal certera y necesaria, pero aprovechan para dejar tuerto al cadáver metiéndole un dedo en el ojo. Y si tiene que estar muerto, pues bien muerto que está. Pero un maestro que actúa así, no merece ser maestro de nadie. Sobre todo porque los alumnos que le imitan, como tales alumnos, no serán nunca tan certeros como lo es su lider a la hora de apuntar al corazón directamente. Y dejarán un rival herido, vivo y tuerto, es decir: dispuesto a la venganza. Con solo un ojo sano, nada más. Y con una espada también "tuerta", es decir: muy peligrosa.       



-Lo perfecto es inaccesible, así que nadie se puede (ni debe) sentir mal por no acercarse a ello siquiera. Simplemente no es posible aproximarse. Pues lo perfecto lo es del todo o no lo es: no cabe lo "parcialente  perfecto", ni lo "muy perfecto", tampoco. En cambio, la conciencia si nos hace sentir mal por no acercarnos a lo puro. Pues la pureza total también es imposible. Pero, al contrario que con la perfección, ella sí resulta viable como modelo al que acercarse un poco más. Y ello dentro de la posibilidad de cada uno, la cual no es muy flexible pero sí que es mejorable.   






-La maldición del provinciano (ya lo sea geográfico o mental, o las dos cosas) es que vive siempre atado a un hilo, aunque no quiera. Y su única manera de parecer cosmopolita es viajando mucho (si es que puede) para presumir de ello después. Como en un decimonónico teatrillo barato (el suyo propio), en el cual se cambian los trastos del escenario todo el tiempo y a la vista del público, sin esperar al entreacto. Para que parezca, así, que es el actor el que se mueve.



-La verdadera diferencia entre opresión y libertad, es que la opresión no necesita que la defiendan, aunque en realidad sí lo hagan muchos, incluso algunos libertarios. Pues, por lo demás, opresión y libertad son las dos (cíclicas) caras de la misma moneda. Ya que la opresión también libera, pues, a la larga, obliga a derribarla. Y la libertad también oprime, cuando lleva a los más débiles a ser esclavizados por quienes son igual de libres, pero más fuertes que ellos.

-La libertad es la opresión que está dormida. Y la opresión la libertad cuando despierta.   

-Te derriba y te aplasta, hasta dejarte sin aliento. Te liberas a duras penas, arrastrándote. Das cuatro pasos de pie y te ataca por la espalda entonces, para volver a derribarte y aplastarte. Y a eso lo llaman "libertad". Pero también lo llamas tú, cuando eres esclavo de ti mismo.

-Solo te escuchan cuando brillas. Solo te entienden si no hay ruido. Y solo te obedecen cuando generas confianza. 

-Una pared es una puerta, en realidad, aunque es tan frágil que, para abrirla, tienes que romperla. Y por eso se le añaden otras puertas, para poder cruzarla mucho sin destruirla por completo.

- Una pared es algo que te dice a la cara que no eres libre del todo. Y no para que la atravieses y “seas” libre, al fin. Sino para que no olvides que sí eres libre, simplemente.

-No te engañes: fue peor de lo que piensas. Si te dejaron en el suelo hecho un guiñapo, tuvisite suerte, sí. Pero no por "salir" vivo, sino porque de verdad querían matarte, aunque finalmente no lo hicieran. Y si pudieses escucharlos en ausencia tuya (entonces y ahora), temblarías. Y más de frío que de miedo, lo cual sí es desolador.  

-Los "duelos de honor" no desaparecieron. Simplemente dejaron de ser tan honorables. Pues ya no te dan a elegir entre una pistola y una espada, sino mas bien entre una (tosca) piedra y un (turbio) escupitajo. Así que lo mejor es evitar la tormenta de esputos. Y pulir la piedra bien, para convertirla en una lanza.

-Antes que escupirle, dale un tiro en la cabeza. Pero si de verdad vas a matarlo, no le escupas. Pues asesinarás tu dignidad, y serás tú el peor de los dos muertos. Es decir: un muerto en vida y sin honor alguno, por más que sigas respirando. 

-A Muñoz Seca le cortó el bello bigote engomado un miliciano, y otro (compasivo) le ofreció un cigarro, en cambio. Lo fusilaron los dos, así es la guerra. Pero quien lo humilló, murió en espíritu, aunque siguiera respirando.

-Quien empieza escupiendo, acaba por limitarse a tirar piedras. Y de ese modo es presa fácil de quien sí tiene una pistola. Tras haber (él sí) empezado con una simple piedra, y no con sucias flemas como arma. Es decir: sin malgastar el tiempo y la energía en hostilidades turbias, y empleándolo mejor en sofisticar sus armas.  

-Biología aparte, en realidad la infancia (como clasificación social) es solo una abstracción cultural aproximada, muy útil para proteger el halo de inocencia que brilla en la mayor parte de los niños biológicos, y solo en la menor de los adultos. De modo que se escoge clasificar como "infancia" al grupo más numeroso como tal grupo (individuos aparte) para protegerlo así mejor. Y no para que este no "pierda" su inocencia (pues quien de veras la posee en su persona, no la pierde, niño o no). Sino para que la inocencia, en sí misma, no se difumine por completo en una masiva realidad social corrupta en donde (aun siendo necesaria) la inocencia tiene difícil cabida, en la amalgama. Difícil sobre todo fuera, es cierto. Pero también difícil dentro de la infancia biológica (lo cual tiende a olvidarse).   



-Ni siquiera el más dotado puede meterse dentro de la tubería para poder ver qué corre por ella exactamente. Pero solo él puede modificar su forma (o la de su circuito), para que cualquiera (incluido él mismo), pueda sentir mejor la vibración. 



-Quien defiende la pureza suele ser dogmático. Y eso es pésimo para la pureza. Porque a quien de veras la desprecia y la combate abiertamente, defenderla le parece dogmático siempre, lo sea o no. De modo que, si el único defensor de ella se extrema haciendo escándalo, la pureza sufre doblemente. Pues ni es bien defendida (o sea, en su medida justa), ni tampoco es posible verla claramente. Ya que el propio dogmatismo la solapa con torpeza, cuando resultaría necesario señalarla a todo el mundo. Y ello por mucho que el dogmático sí la sepa "intuir" de forma clara él mismo. Pero sin lograr percibirla él correctamente, aunque la intuya, como lo demuestra su incapacidad para explicarla bien.

-El cientifismo tiró por el desague el agua turbia del dogma que ensuciaba la bañera racional, e hizo muy bien. Fue necesario. Pero, con ella, arrojó fuera también al "niño" de la irracionalidad creativa, es decir: al de la espiritualidad legítima de veras. Y ello tanto en la vida propiamente "espiritual" (o sea: en la devota), como en el arte propiamente dicho, el cual viene a ser una contrafigura de lo sacro digerible para los que son menos piadosos o incluso no lo son en absoluto. Pues dicha espiritualidad genuina es llamada "fe" por los devotos sinceros (pero tibios) de un credo religioso cualquiera. Pero es llamada "pasión", "ruptura", o "libertad" por los artistas verdaderos, sean o no piadosos ellos mismos, e incluso aunque no crean en divinidad alguna. Es decir: tengan dichos artistas devoción por su arte propio únicamente, o tambíen, incluso, por cualquier otro arte o credo ajeno legítimo de veras, o sea: realmente limpio de impurezas dogmáticas. 

-La razón es necesaria en la vida y en el arte. La irracionalidad (la locura) no es necesaria en la vida, pero sí lo es en el arte. Pues sin irracionalidad creativa alguna, el arte muere y, de paso, la vida pierde su verdadera sustancia, es decir: su savia pasional, su sangre viva y su virtud emancipadora. Pues aunque no pierda la razón en apariencia, sí que pierde su sentido más profundo. Lo cual viene a ser lo mismo que perderla de verdad... Pues una razón carente de "sentido" (o sea: del sentido que le aporta lo simbólico), deja de ser una razón reveladora y, por tanto, útil como brújula en un contexto empírico. Y ello por mucho que sí resulte "inteligible" de manera instrumental y fría, es decir: en un sentido racional estricto sin dimensión práctica alguna.       

-Quien de veras escucha, pregunta cada palabra que no entiende. De modo que, quien se niega a responderle a todo con cualquier excusa ("Mejor lea usted mi libro") demuestra que quien no está dispuesto a escuchar es él, y no quien le interroga. Y ello por mucho que quien hace las preguntas sea persistente en exceso, o muy osado. Y por más que, quien recibe el cuestionario, sea más sabio que quien le interroga, es decir: aunque dicho sabio sea de verdad "un libro abierto". Pues, como tal, el sabio debería expresarse siempre justo así: de manera abierta y fluida, sin evasivas ni pretextos. Y sin tampoco irse por las ramas a la hora de exponer bien sus razones, amparándose para ello en lo ya escrito o lo ya dicho, lo cual viene a ser lo mismo.

-Érase una vez un mundo casi idílico, en donde nadie vivía en paz total, ni tampoco nadie deseaba dicho extremo. Pero todos habían dejado de crear y destruir fronteras, personales y políticas. Simplemente eso, las congelaron en el tiempo. Ni crearon una más, ni derribaron una sola de las que ya había. Y siguieron sin tener la paz completa (y sin quererla). Pero por fin vivieron bien, con un mutuo respeto frágil pero suficiente.



-Lo que de veras está mal en el mundo como tal sistema (es decir: hechos crueles concretos aparte), nadie lo decidió en persona, así tal cual, ni siquiera un dictador. Pero siempre hay quien lo defiende abiertamente. E incluso quien trabaja duro para que no cambie, aunque le perjudique a él mismo.



-Aquiles no precisa "alcanzar" a la tortuga, ni caminando ni corriendo. Solamente tiene que crecer más rápido que ella, aunque ella también crezca (un poco) en dirección a él.



-La peor enfermedad del ser humano es pensar que solo es digna la salud (la juventud). Y ello bajo el obvio y único argumento de que la enfermedad (la vejez) es peor que ella. 



-Quien idealiza el bienestar, corre el peligro de demonizar su ausencia cuando no pueda disfrutar de él. E incluso de demonizarse a sí mismo en dicho caso, sintiéndose culpable por no poder sostenero o alcanzarlo.      



-Quien te da un abrazo, también te aporta un mapa, si lo tiene. Quien te da un buen mapa, es como si te diera un gran abrazo. Y luego están los que te tiran cualquier mapa callejero a la cara, con gélido desprecio, para fingir delante de otros que están haciendo algo por ti. 



-El arte es una mosca en una rosa. No solo la mosca, pero menos aún la rosa sola, sin espinas. Si quitas al bicho de la flor, obtendrás un bonito azulejo de cocina. Pero el bicho solo, sin la rosa, resultará un feo cadáver en el suelo. O una vaca en formol, que viene a ser lo mismo... 



 -Lo mismo que la gran valentía consiste en superar un gran miedo, la gran pureza consiste en superar una corrupción grande. Y cuanto más se manifiesta dicha corrupción en uno mismo en vez de fuera (y mayor es la lucha interna, por tanto), más agotamiento crea y más llaga la piel, hasta que logras liberarte. 



-El amor no es solo sacrificio. Pero el sacrificio sí que es la herramienta más fuerte que el amor posee cuando todo falla, incluido el amor mismo.  


-La resignación no cabe nunca. Y el heroísmo solo cabe cuando todos se resignan.



-Donde la esencia es débil, la forma reina. Y donde la forma reina, obliga. Incluso fuera de la escuela o la academia, eso es lo malo.



-Si subrayar mucho la ley en la política ("ley y orden") ya asfixia, hacer eso en el arte, asesina la creatividad, directamente.   



-Los verdaderos milagros te sorprenden, pero no pueden darte miedo. Porque sí te los esperas, aunque no sepas cómo y dónde. Y además, te has preparado para ellos.



-Una época vacía de verdad (o de veras vacía, con la verdad ausente en ella), es aquella en la que sí que se idealiza la apariencia, la forma, la imagen... Pero ello no se hace por frivolidad, como despreciando "la esencia", que en realidad no existe o es muy débil. Sino porque no hay nada mejor que idealizar, sencillamente. Y ese es el problema.



-Vista muy de cerca, hasta la más fina pincelada es un brochazo. Y los hay que siempre miran todo pegando mucho la nariz al lienzo, hasta aplastarla en él. Olfato crítico, lo llaman. 


-Un buen discípulo sube a los hombros de su maestro. Pero también lo pisa fuerte, para alcanzar mejor su propia rama. Y con la normatividad, lo mismo. 


-El problema de la guerra es que da trabajo a todo el mundo. Y esa es la excusa perfecta para los que prefieren vender armas en vez de combatir el desempleo limpiamente.


-Hay que ser más fuerte que el odio que uno siente. Pero también hay que serlo más que la frialdad de otros, que es la que de verdad inspira el odio en uno (y la desolación), cuando, aparte de fría, nada bueno la acompaña.



-Pedir ayuda no es igual que mendigar, en principio. Pero si te la niegan con crudeza o te la entregan con reproches, entonces sí te sientes un mendigo. Y de hecho, los que así reaccionan a tu ruego, buscan eso mismo: que te sientas indigno, para que no insistas en pedirla. 



-Toda razón aislada es cierta en sí misma, como átomo auto-coherente. Todas lo son, hasta las que se contradicen entre sí. Pero solo son válidas como herramienta útil las razones que ponen el orden establecido en entredicho sin poner con ello en riesgo la justicia.  

-La luz de tu ventana es un lejano faro para alguien, mientras tú estás en tu cuarto absorto en un rompecabezas.


-Parece escandaloso ver a ciertos individuos marginales y "raros", que no logran encajar en el molde exigido por la masa social en la que viven. Pero deja de ser escandaloso en el preciso instante en el que los miras precisante así: como individuos, simplemente.   


-Si su caso es negativo, la única razón que explica eso, es que es culpable. Pero si, además, su caso es único, puede tener más culpa o menos culpa. Pero la causa de su excepcionalidad es otra.  


-La razón como estandarte, es una lucha confusa (y estéril) de mil estandartes distintos. La justicia, en cambio, es un estandarte único, cuyo mástil se puede sujetar de mil maneras, eso sí. De modo que también resulta enrevesada. Pero al menos sí que es una utopía única, más concreta y útil como referente colectivo. Y los que pugnan entre sí por sostener su mástil, la hacen ondear de paso, adrede o no.   


-Nunca es bueno menospreciar al enemigo, pero envanecerse uno mismo es suicida incluso, a la larga. Quien no "puede", también logra ofender bien (y mejor que nadie, de hecho) si de veras "quiere", es decir: si gasta suficiente energía en buscar un punto débil, o suficiente tiempo en esperar que surja uno, o las dos cosas.  



-Quien recurre a un reproche justo como arma, sabe que sí tiene razón. Pero también sabe que está usando un arma débil, sobre todo cuando jamás se ha planteado escoger otra. Porque un repoche, en sí, puede ser justo. Pero, por sí mismo, no ayuda en nada a la justicia. 

-No podrán quitarme "lo sentido" con el baile, más que el baile mismo. Pero no con la muerte, pues esa, al quitar todo, en realidad no quita nada. Sino en vida, donde sí se pueden disfrutar las cosas que te roban. Y donde hay muchos que se esfuerzan en dejarte en cueros, incluso, después de haberte cortado las alas. Y, a veces, te masacran precisamente con la cínica excusa cínica de que la muerte es peor que eso.

-La respuesta a un golpe recibido, es sentir odio. La respuesta al odio, es sentir paz, aunque golpees tú también como defensa.

-Tus enemigos, en realidad, son tus rivales en un mundo agresivo. De modo que debes defenderte un mínimo de ellos. Pero deja luego tu puerta entreabierta, por si alguno decide asomarse tras haber dejado su arma fuera. Aunque jamás sueltes la tuya, para tirar a matar si esconde algún cuchillo.  
   
-La verdadera nobleza es muy astuta: sabe pisar la cola a la serpiente, para impedir que avance mucho. Pero jamás le pisa la cabeza, para dejar que muerda bien a otras serpientes. Y que pueda enseñar bien toda la lengua, antes de pisársela también (o de anudársela a la cola, que viene a ser lo mismo).  



-El veneno de una serpiente humana está en la lengua, y es tan rápida al mostrarla como al esconderla. Por eso hay que anticiparse y amarrársela a la cola, es decir: a su cloaca, en donde no están ni su cerebro ni sus dientes, y, por tanto, ni  puede ofender ni morder tampoco seriamente.  

-Quien nace caído (corrupto), se levanta y avanza por el barro, que es su medio. Pero quien nace cojo (impuro pero noble), no se puede mover bien hasta que le salen alas para planear sobre el barro sin pisarlo, o se fabrica unas él mismo.  



-El que de verdad viaja es el espíritu. Lo haga el cuerpo o no lo haga, y se desplace mucho o poco. Viajar de veras, es cerrar fuerte los ojos y extender los brazos bien, para flotar con libertad total en el espacio libre, tratando de abarcar lo más posible un mundo puro esférico... Lo mismo que en un sueño, pero aunque no se esté soñando. Lo demás (lo más común) es dar ciegos saltos de rana dentro de una lata de sardinas.



-El ideal no hay que alcanzarlo (cosa imposible), ni perseguirlo (esfuerzo inútil). Hay que ir detrás de él caminando, sin precipitación alguna. Como quien avanza lentamente en pos de una estrella, que siempre estará un paso más allá de uno. Pero eso sí: no hay que confundirse de ideal. Pues poco a poco sí se llega lejos. Pero se tarda mucho, y el tiempo ya no se recobra.



-La salida a un laberinto verdadero (serio) no es visible: se huele, como la huele un ratón. Y si no se puede oler siquiera, entonces la salida es el laberinto mismo, es decir: hay que atravesarlo a mordiscos, sin más. Pues de un salto no es posible, tampoco. Ya que un laberinto verdadero es una cárcel. Así que, además de tener muros, tiene techo. 



-Si actuando por verdadero amor me hundo en el barro hasta los hombros, no importa: estiraré el cuello. Si me hundo hasta el cuello, levantaré la cabeza. Y si me hundo hasta la cabeza... cerraré los ojos.  



-El mejor guerrero es el peor discípulo. O, fuera de ese extremo, nunca es el mejor discípulo, tampoco. Pues el mejor guerrero algo sí que aprendió de su maestro. Pero su talento propio no se limita a la enseñanza.  



-Los orgullosos discípulos de un maestro, no suelen estar tan orgullosos de él como sí lo están de sí mismos. Lo que pasa es que también hay maestros de maestros, simplemente. Cuyo orgullo tiene más sentido, en realidad. 



 -Perdonar sin olvidar y tolerar sin comprender, son como dar dinero atado a un hilo. 



 -El mal solo da excusas (o las pide) donde no ha triunfado aún. Pues donde sí ha triunfado, ni pide excusas ni las necesita tampoco, por desgracia.



-La violencia corta muchas ramas, y hasta puede derribar un tronco entero, por la base. Pero lo que no puede dañar jamás son las raíces. Por eso, a lo más que puede aspirar un asesino (si es que lo consigue), es a estar libre, nada más.  


-En una guerra caliente (o sea: mutuamente uniformada) casi todo es terrorismo. En una guerra fría, solo es terrorismo la bajeza. La cual también se usa en la caliente (y con frecuencia), pero allí no "sorprende" a nadie.



-El progreso (colectivo y personal) ni puede ni debe ir marcha atrás. Pero sí se puede detener de vez en cuando un minuto, para recobrar las cosas buenas que ha extraviado en el camino. 



-La irreverencia cumple la sana función de derribar por su base cualquier caduco dogma (religioso o político). Pero el irreverente corre el riesgo de perder toda la razón (y volverse loco él mismo) si intenta profanar el ídolo (que algo de sagrado sí que tiene) de manera frontal, contra su cuerpo mismo. En vez de derribarlo con limpia astucia de un solo golpe certero en sus pies de barro, simplemente.  


-La ley limpia bien, pero limpia poco. La moral limpia mucho, pero limpia mal.





-El amor (cualquier amor) es como llamar al cerrajero: afuera hace frío, así que pagas cualquier precio.





-Si hay guerra, alguien mintió. Si hay paz, alguien fue valiente.



-Es peor el daño que se ignora que el daño que se hace. Porque, al ignorarlo, se olvida que se hizo. Y además, quitándole importancia, también se puede hacer más fácilmente.



-La justicia no es una “ciega”, es una tuerta con un parche. Y con él puesto, da miedo. Pero sin él puesto, da asco.



-Quien no sirve para el poder, sirve para la enseñanza, al menos. Aunque también es cierto que hay quien no es capaz de hacer bien ninguna de ambas cosas.  


-Si quieres aprender, escucha al sabio. Pero tampoco le obedezcas, si todo lo que puede hacer es enseñar.



-El cruel inquisidor de hoy, fue un torturado hereje ayer. Y ese es el problema: que a la (necesaria) punición suma la venganza.





-La empatía por el débil,cuando es sabia, busca reforzar su escasa fortaleza en lo posible, pero sin fortalecer su debilidad con ello. 



-El orden rígido (exterior) es un caos (interior) para la mente, cuando la mente no tiene el desahogo de un desorden mínimo externo, que le aporte creatividad, pasión o perspectiva. 

 

-Lo único que le pido al destino es que mis alas no se pudran, aunque yo no logre desplegarlas.  





 -El ser humano es un tuerto que se piensa cíclope. Como nació sin un ojo, cree que con tener uno tan solo (el de su imperfecto entendimiento), es suficiente.



-No hay "tuertos entre ciegos", pues tener tan solo un ojo no hace mucha diferencia. En realidad todos son ciegos, porque nadie tiene los dos ojos. Aunque, eso sí, unos ciegos poseen un bastón para guiarse a tientas, y otros no. 


 -Haz el bien, pero piensa mal. Piensa mal, pero haz el bien.


-Ética aparte, el arte solo es plagio cuando lo plagiado está obsoleto. Pues, no es que lo que tú haces lo haya hecho ya otro antes. Es que, en realidad, lo está haciendo ahora contigo.



-Los que dicen estar en paz "con su conciencia", suelen referirse a que están en paz con su criterio propio, simplemente. Pues pocos consideran que la conciencia personal pueda "corromperse", en un sentido metafísico. Aunque la mayoría admita que el individuo (como átomo social) sí que está en riesgo de ello, pero solo en su actuar político externo y común sujeto a leyes, conciencia íntima aparte.  


-El jinete es el jinete (el humano), y no el indómito caballo, en principio. Salvo que sea el caballo quien dome al jinete, convirtiéndolo en animal también a él. 


-No te arriesgues a actuar como exorcista (o "pacificador"), si no estás dispuesto a tragarte el vómito de otro. No "a que te salpique": a tragártelo de veras, porque te apuntará a la boca.  



-No se puede esperar que el bien sea bueno por completo. Y por eso mismo, del mal solo puede esperarse lo peor.

  

-La justicia es el mal (y no el bien) en las mejores manos. Pero solo en las mejores manos.



-Lo que hace extraordinario a un individuo es lo mismo que le hace inimitable. Es decir: la insólita manera de ser, sencillamente, él mismo. 



-Si te da una bofetada, pon la otra mejilla. Si te da un golpe bajo, túmbalo tú, sin más. Pues su siguiente golpe te lo dará para tumbarte a ti, sin más también. Y además, sin previo aviso.



-De un médico bueno, lo mínimo que puedes esperar es un diagnóstico acertado. De uno malo, lo máximo que puedes esperar es que su tratamiento no te dañe, acierte con el diagnóstico o no acierte.  


-La mentalidad funcionarial (y la capitalista, que la rige), ve a los individuos como simples átomos sociales. Como si fueran esos muñequitos de papel que se recortan formando una hilera. Con forma humana, sí, pero planos y sin identidad propia. Y lo peor es que su única e irónica manera de concebirlos como dignos seres únicos, es matándolos como tales individuos, es decir: eliminándolos del (plano) grupo con un tijeretazo seco, sin más. 



-O no eres (es decir: tu ser no existe), o eres uno menos, con un tajo. Pero nunca eres “uno más” tampoco, es decir: un humilde átomo del grupo, lo cual estaría bien. Pues solo te aceptan y te ven como tal individuo (humilde o no) cuando te eliminan de la suma, incluso matándote de hambre. 

-La tijera no te “convierte” en individuo: rompe el grupo, separándote de él. Y además, no eres tú quien la sostiene de veras: el mismo odio lo hace, aunque tú lo guíes con tu mano.   

-Los que viajan separados, se caen juntos del vagón si descarrila, hechos un bulto. Los que viajan sujetos de la mano, se caen fuera de forma independiente, cuando alguno se despista o pierde apoyo. Y es justo así, de manera excepcional y de uno en uno, como resulta más sencillo rescatarlos, pero siempre que estén juntos primero. Cuando, por azar, alguno queda fuera de la ciega e imparable noria. Y otro le extiende su mano salvadora entonces, con la seguridad de estar siendo sostenido firmemente él mismo, a su vez. O así debería ser, en realidad.



-A los “Titanic” del mundo los hunde un imprevisible iceberg siempre. Pero lo que ahoga a tantos pasajeros, no es la falta de botes salvavidas suficientes. Sino que el propio barco no sea un bote salvavidas gigantesco él mismo, es decir: unido y solidario de verdad.



-No existen absolutos “desalmados” (o sea: monstruos), sino gente de alma tibia, vegetal. Es decir: no espinas puras pero tampoco verdaderas rosas. Sino rígidos tallos sin floración alguna, que se alimentan de otros tallos en el jardín estéril de su espíritu.



-El alma de un niño es una ardiente jungla, llena de fieras y de flores exóticas. Y su lugar de juego (el mundo real) un tibio jardín zen, sin flor alguna. Con un adulto (salvo excepción) sucede justo lo contrario: solo juega con espinas, pero no con pétalos. Y su (tibio) espíritu es un estéril junco rígido sin flores, rodeado de arena y piedras secas, nada más.  



-El espacio sí oxigena cuerpo y mente, pero el viajar mucho se inventó para los de espíritu muy simple. Un purasangre no debe perder tiempo en un establo, es cierto, ya que nació para el  galope orgulloso, el rebelde corcoveo y el relincho libre. Pero sí es bueno dejar que las vacas (a las que sí les sobra el tiempo) tengan todo el campo abierto del mundo, también. Para que coman yerba en él muy tranquilitas, cabizbajas y mugiendo, que es lo suyo.



-Quien defiende la libertad con legítima pasión, puede equivocarse (o no) en cómo la defiende. Pero no puede equivocarse al defenderla. Pues la libertad no se puede defender tímidamente. Y cuando de veras hace falta hacerlo, son pocos los que (con pericia o no), se aventuran a ello.



-No hay mayor desprecio que no hacer aprecio... despreciando, pues, con respeto, también se puede ser frío. Y, de hecho, no cabe mayor aprecio (cuando el aprecio cabe) que mostrar respeto por lo que no se aprecia de verdad. Y si no cabe el aprecio, lo que sí sobra es el odio. Sobre todo, cuando se disimula con cinismo, fingiendo una distancia sobria para esconder mejor la puñalada. 



-Hay violentos que fingen una fría distancia aristocrática, que ni es fría (pues la inspira el rencor), ni distante (pues sí entra al trapo, a su manera sibilina), ni tampoco aristocrática (pues actúa con bajeza, aunque pretenda lo contrario).



-El mismo que no se opone a que le aten, se queja luego de que la cuerda mide poco. Y eso demuestra que no le afecta no ser libre él mismo. Ni la falta de libertad en sí, tampoco. Sino estar atado cuando la esclavitud (ya) no le conviene, simplemente. 



-Practica un poco lo fácil, hasta que te salga automático, sin pensarlo. Y practica mucho lo dificil, hasta que te salga fácil, aunque eso sí tengas que pensarlo cada vez que lo realizas.


-Un león herido se vuelve más sabio. Pero también se vuelve más violento. Así que solo hay que acercarse a él (y con cuidado) cuando ya ha comido o duerme. Incluso aunque, en vez de en la sabana, viva en una biblioteca.  



-El hábito no hace al monje, si es externo. Pero algunos fanáticos lo llevan por dentro sean o no monjes de verdad, y eso sí es dañino.



-El odio ajeno es la mayor fuerza del tirano. Pues quien lo dirige a él en su (culpable) persona, se olvida de odiar el verdadero mal: la tiranía. Y, al olvidar eso, se concentra en cambiar un tirano por otro, y no en erradicar la parte más dañina de la fórmula.



-La ignorancia se defiende de la enfermedad con talismanes o placebos, sin verdadara ciencia. Y del abuso, lapidando al primer supuesto abusador que tiene a tiro (y solo a ese). 



 -Los hay que encuentran un enemigo tan deprisa, que no se saben encarar con él sin encarar su espada.  



-Quien vive dentro de una jaula, solo ve barrotes, y se olvida de moverse (la precariedad embota mucho). Quien vive fuera de la jaula, olvida que hay barrotes, y se da de bruces con ellos, a la larga (el bienestar genera una falsa confianza).



  -El amor por los demás te defiende de ti mismo, cuando te dañas sin querer, al aislarte. El amor por ti mismo, te defiende de los demás, cuando te dañan ellos a ti al dejarte aislado. 



-Tirarse sin paracaídas sí es sensato cuando viajas en un avión que está cayendo. Lo malo está en que, estando dentro, resulta muy difícil ver si cae.  



-El peligro está en los lobos que se visten de zorro, y no de cordero. Porque fingen ser astutos pero nobles, cuando solo son astutos sin nobleza, es decir: ventajistas y mezquinos, a la larga. 



 -La diferencia entre un deprimido y un amargado, es que ambos se deprimen y se encierran en sí mismos (en “su casa”). Pero solo el amargado se niega a mirar por la ventana, al menos.



-Un triunfo fácil, sabe a poco. Una ambición pobre, es mediocre. Un sueño difícil, hace que soñar valga la pena.



-La mejor prosa acaba siendo verso, bien pausado y rítmico. Y el mejor verso, acaba rimando sin querer.



-Quien no tiene talento, vale más que barra el escenario. Precisamente porque, a quien lo barre, no se le exige ningún don especial, lo tenga o no.



-La lírica es prescindible, a veces. La pasión, nunca lo es. 



-Lo que huele bien, no sabe tan bien cuando lo pruebas. Y lo que

huele mal, ya lo probaste.



-Los tontos hacen un mundo de una tontería. Y es comprensible, porque su mundo está lleno de eso. 



-la malicia es como la libertad: un mínimo es mejor que nada. Pero un máximo es peor que todo. Y además, un mínimo de libertad (si de verdad es eso mismo: un mínimo), es bastante. Pues la verdadera opresión (la tiranía absoluta), asfixia la libertad de manera absoluta también, sin dejar resquicio alguno al voto o a la voz. 



-Es preferible no llegar al extremo de tener que aprender por medio del dolor, cuando dicha elección cabe siquiera. Pero sí que es cierto que del mayor dolor (humillación, traición, enfermedad, violencia o abandono), es de lo que más puede aprenderse, pero siempre que uno logre salir vivo (y lúcido) de ello.

 

-Un libro nuevo es una cama recién hecha para el alma.


-El látigo que no ata, golpea. Por eso, entre dos males, es mejor que te golpee y no te ate. Pues si te ata, además, también te golpeará más fácilmente.



-La pasión es una lava volcánica que solo se convierte en camino, en suelo firme, al enfriarse. Y eso sirve para la juventud y para la creatividad también.  



-A veces la violencia, además de agredir, sobreactúa. Como queriendo demostrar algo con ello. Cuando lo único que demuestra con dicha pantomima, es eso mismo: que es violenta a secas, sin matices, pues no logra encontrar mejor demostración que hacer teatro.



-El tonto mira el dedo. El "listo", la luna. Y el sabio mira el brillo de la luna en el dedo. 





-Solo los sabios indican el camino. Pero no son el camino.





-No somos polvo, pues nos arrastraría el viento, sin orden. Somos semilla, para que el viento nos lleve a buen lugar.





-Si un tigre te lame, no te ataca. Pero te está… probando.





-Amo el delito, porque la trampa anima el juego. Pero odio al delincuente, porque no sabe jugar sin hacer trampa.





-El mundo ya es un lobo, así que no hace falta añadir lobos (o sea: ciegamente violentos, sin matices). Con añadir lobeznos (agresivos, pero con nobleza) para volverlo emocionante, ya basta. Y, de hecho, gracias a los (pocos) lobeznos nobles que hay, el mundo-lobo en que vivimos no consiste en un infierno completo, pues los corderos (pacíficos del todo) ni siquiera existen ni hacen falta. 





-El agua es lo que a todos limpia (tú incluido). El veneno, lo que te ensucia solo a ti.



-Esforzarse en ser mejor que el mundo, es un reto difícil, simplemente. Esforzarse en ser mejor que uno mismo, es heróico.



-Lo que vuelve fría a la ignorancia, es lo mismo que vuelve ignorante a la frialdad. Y es precisamente el ignorar (tan friamente) que ignorancia y frialdad son la misma cosa, aunque en envases distintos.



-La excepción puede limitar las libertades, pero jamás debe limitar los derechos. El problema es que hay fanáticos de la libertad que creen que su derecho propio a ella consiste en que nadie la limite en lo más mínimo. Es decir: la suya únicamente (o la de su grupo ideológico), aunque se pisotee la del resto.   



-A las "almas de cántaro" les pesa mucho el cántaro, la ingenuidad que arrastran. Pero solo ellas pueden sentir dónde está el agua.






  -El mayor tesoro enterrado que podrías encontrar no sería el oro, sino unas buenas alas (las tuyas). Precisamente porque las alas, al contrario que las ruedas, ni pueden estar hechas de oro (pues pesarían demasiado), ni pueden comprarse con oro tampoco, pues no existe oro suficiente para comprar la libertad.



-Aunque las alas sean de plumas (o sea: ligeras) y no de oro, tampoco es posible volar alto con demasiado oro en los bolsillos.  



 -No hay "pan y circo". El propio pan es el circo, la distracción que te obliga a aferrarte a la precariedad presente para no arriesgarte a una peor, la de la miseria completa. 





-Que no te engañen los incrédulos, la espiritualidad sí existe. Pero, si vas a ponerte a encender velas, vigila que no haya cerca una cortina. 



-Los demasiado críticos, dicen amar la verdad más que a Platón. Pero terminan odiando a Platón más que a la mentira.





-Donde la ley es clara, la razón está en quien la respeta, simplemente. Pero donde es ambigua, la razón está en quien no pierde la razón. Y quien la pierde en ese caso, no siempre es el delincuente. Y el juez la pierde siempre cuando se excede en el castigo. 



 -La labor de un crítico estriba en señalar que la marioneta está hueca por dentro (si lo está). Pero muchos incurren en el vicio de subrayar también sus hilos, que, en realidad, intuye todo el mundo. Es decir: que además de criticar (con acierto o no), rompen la magia. 



-Los demonios no te piden ser amados: te piden ser libres, los ames o no tú. Por eso, si los atas, los vuelves más demonios todavía. 



 -La ley es el orden mínimo allí dode la justicia máxima fracasa.



-Sólo un espíritu que esté bien asentado, puede decodificar la realidad bien. Y ello incluso tratándose de un racionalista. 



-Las clases sí que luchan, pero por mantenerse a flote. Lo que pasa es que chocan entre sí en la bodega cuando zozobra el barco. Y el bulto que es más grande, empuja más. Y aplasta, a veces.



 -Lo puro no es lo que no cambia, porque, tarde o temprano, cambia todo (cosas y personas). Lo puro es lo que, al cambiar, no se corrompe. Y es justo el temor a que dicha corrupción suceda, lo que convierte a veces la pureza en dogma.



-Un arañazo no es un daño en la estructura, pero sí denota una estructura que se está dañando. 





-El arte es la sombra de su autor. Por eso quien le imita es solo la sombra de una sombra.



-Lo que se necesita, no es lo que se echa en falta, a secas. Lo que se necesita, es lo que se echa en falta...en el otro. Y por eso duele  tanto no tenerlo, porque sabes que sólo él podría dártelo.





-El nacionalismo es un patriotismo de salón. El problema viene cuando ensucia los muebles.



-Lo que suelen olvidar los impacientes, es que una puerta es una ventana a la que se trepa caminando.  



-La mala hierba ama ser libre, pero le roba el sol y el agua al trigo. Por eso, sí que debes cortarla cuando crece mucho (en ti mismo o en otros), salvo que te quieras quedar sin comer pan.



-Donde se subraya el dicho es donde se impuso el hecho y, por tanto, el derecho llega tarde. Decir lo obvio nada cambia, pero avisa de que algo (bueno o malo) está cambiando. 



-No mentes lo sagrado si estás en un tugurio. Pues seguro que le caerá algún que otro escupitajo, y serás tú el único culpable. 



-No se puede hablar bien donde no se habla del bien, aunque sea poco. Pues donde el mal hace su ruido, nada se escucha (bueno o malo). 



-La sabiduría es la razón que otorga la experiencia. Pero solo se puede llamar sabiduría a una razón sabia.



-Una bandera deja de ondear cuando se empapa en sangre. Pero eso solo ocurre cuando cae al suelo. De todos modos, lo que no hace el sacrificio, no lo puede hacer una bandera. Y menos cuando se sacrifica a otros. Pues amar la patria es amar al ser humano por debajo de la patria, pero por encima de uno mismo. 



-No se le llama a algunas mujeres "brujas" por machismo. Sino por su malicia sibilina. Si quieres matar a alguien, pide ayuda a un (violento) hombre. Si quieres ocultar el crimen luego, pregunta cómo a una (maliciosa) mujer. 



-Nunca es buena la injusticia como tal, pero cierta desigualdad sí es necesaria. Pues, si el ratón tuviese alas, el gato se comería al dueño. 



-Debes trabajar en un rincón, y no el el centro de la casa. Despacio y con pincel, y no deprisa a brochazos. Y dejar abierta tan solo una rendija de la puerta. para que quien lo desee pueda vislumbrar dentro, por curiosidad. O entrar del todo en tu rincón y contemplar tu obra de cerca en sus detalles, si es que tú le dejas. Y para que, de dicha rendija, se filtre fuera un poco de tu luz, sin que tú controles eso. Y pueda ser vista desde lejos también por algún que otro peregrino, como si fuera una estrella. 



-Si no concedes nada al que menos razón tiene, tú no podrás tener tanta razón como podrías, aunque jamás la tengas toda. Y acabarás perdiendo incluso la que tienes, aunque la tuya sí sea mucha. Y ello precisamente porque, si no escuchas lo poco, pensarás que lo mucho (o sea: lo tuyo) lo es todo en realidad, cuando no es así. Y acabarás lanzándote al vacío con paracaídas y viendo bien el suelo, sí. Pero sin altura (o perspectiva) suficiente, así que te estrellarás lo mismo.  



-Solo es razonable que el mal dé algunos coletazos, moribundo, cuando el bien descansa (o duerme) pero sin morir él mismo.



-El Joker sí "puede" reinar si Batman muere por una desgracia. Pero solo "debe" reinar si Batman duerme, sin morir. Hablar bien del mal es resbaladizo pero sostenible a veces, tanto en la realidad como (sobre todo) en la ficción. Pero hablar mal del bien es indeseable y nefasto siempre. En la realidad sin duda. Pero incluso en la ficción también.  



-Si el libertario hereje muere, el represivo inquisidor también debe morir, para no caer en el nihilismo. Si el hereje se salva, el inquisidor también debe quedar libre (y amenazante) para no caer en la utopía.



-Si de veras tu suerte es la peor, no es locura que intentes lo imposible. 



-Mejor arrastrado por un río que colgado de un árbol (aunque no sea por el cuello).



-Más, incluso, que en echarle valor a lo que llega, la madurez consiste en no esperar nada especial (aunque sí llegue). 





-Cuando estás en el infierno, tus alas son el suelo que los demás pisan caminando sobre ellas, con impunidad cruel. Así que vuela o mata o las dos cosas, pero no te quedes quieto.



-Los verdaderos sabios cambian ellos mismos "las" ideas, y para todo el mundo. Por eso, el cambiar ellos "de" ideas no implica incoherencia o falta de carácter, por su parte. Pues ellos cabalgan sobre el pensamiento mismo siempre, y van cambiando de caballo como artistas de circo, sobre la marcha y sin pisar el suelo.  



-No todo exceso es un abuso, pero todo abuso sí que es un exceso.



-Muere viejo, y deja un espíritu bonito. Y, a poder ser, un cadáver sonriente. 



-Aun habiendo leído menos libros de los que quisiera, he leído más libros de los que necesitaría haber leído. Lo que pasa es que tengo el vicio de leer poco. 



-A veces, en el silencio habla la duda. Y ese es un resquicio idóneo para que la sabiduría se pueda expresar ella, por fin. Pero existen dogmáticos lugares (y periodos) donde la duda no habla nunca, y la verdad no encuentra hueco. Porque en ellos nadie duda, incluso aunque todos se equivoquen. 



-La razón llama crédula a la fe. Pero en el fondo, la razón es más crédula que ella. Pues todo el mundo entiende más de lo que cree entender. Pero pocos logran creer lo que no entienden. Pues la mayoría es incapaz de creer siquiera un poco si primero no lo entiende todo, lo cual es imposible. 


-El único acento (como la mayor razón en un debate) se le debe asignar a la más fuerte de las sílabas. Pero las sílabas deben pronunciarse todas bien. Y sin las débiles (como sin las fuertes) no tiene sentido la palabra, es solo ruido. Y ello incluso cuando el acento (primordial) está bien puesto, cosa que no siempre sucede.



-Para sumarte a los que saben, hay que saber dónde encontrarlos. Y eso es más difícil de hallar que la sabiduría misma, incluso. 



-La libertad es una hierba buena, pero peligrosa. Jamás hay que arrancarla, pues no hay otra igual que ella. Y hay que regarla un mínimo, sí. Pero tampoco hay que abonarla en exceso. Pues ella sí se sabe única, y por ello tiende a envanecerse en demasía, como la rosa del Principito.   



-Mejor que la ternura ignorante es la brutalidad inteligente, en principio. Pero la brutalidad es bruta igual y, además, la sabiduría (como tal) nuca actúa brutalmente. La inteligencia, en cambio, sí "puede" ser cruel, como afilado bisturí de la razón que es. Pero tampoco necesita serlo siempre. Y, cuando se excede (en el tiempo o en la herida, por necesidad o no), entonces deja de ser sabia. 

 

-El espíritu es un curso subterráneo, inaprensible. La mayoría camina sobre él, pero ignorándolo. Y unos pocos se detienen un minuto. Y aproximan a él la oreja para escuchar el agua pura bajo el suelo. O para poner allí las manos, y sentir la vibración sutil.



-Reconocer el deshonor, es admitir que uno ha dejado de ser un ser humano, para convertirse en una bestia. Por eso ningún criminal reconoce su bajeza (y la disimula siempre, con excusas), aunque sí hay algunos que reconocen su delito.



-La razón siempre te dirá lo que no debes hacer, como hacen los maestros (y los padres) con los niños, y la ley con los adultos. Eso es igual para cualquiera, sea quien sea. Pero sólo el sentimiento (el tuyo propio) te dirá lo que sí debes hacer, si dicho sentimiento es el correcto. Y ello incluso contra la razón misma, a veces. O incluso contra la ley, también (puede ocurrir). Pues hay locos que saben muy bien lo que hacen. Pero ello únicamente si saben sentir bien. Aunque, por desgracia, pocos locos logran eso.


-Nada grande adoro, pero nada grande niego. No sea que, al negarlo, me vuelva yo pequeño.



-En un paseo rutinario por el campo, me encontré con un oxímoron: un milagro escéptico. Se trataba de una común tela de araña, pero con una palabra imposíble (aunque realmente) escrita en ella: "Desconfía"





-En una telaraña común y corriente, en pleno campo, vi tejidas en seda las siguientes palabras: "Esto no lo escribió una araña". Y al leerlas, se me cayó la pipa de la boca...



-Nunca lograremos ser empáticos del todo, mientras despreciemos (por excesivo moralismo) el sutil fleco que hay de humanidad en quienes no son lo bastante sensibles, pero sí que son lo bastante sinceros. 



-Nadie cuida las formas (las apariencias) tan perfectamente como quien lo reduce todo a ellas. 





- Para mirar la realidad bien, mejor un libro (abierto) que un microscopio (hipercrítico). Pero mejor un telescopio que ambos. Y mirando a través de él con solo un ojo cerrado (el del escepticismo). Y no con los dos cerrados del descreimiento nihilista (o el desengaño), ni los dos abiertos de la iluminación dogmática.





-Haz política si quieres, pero no te politices. O será la política la que te haga (y deshaga) a su capricho a ti.



-Todos los premios son política, en el fondo. Es decir: que no son malos en principio, pero sí están bajo sospecha. De modo que, si te los dan, es bueno. Y si no te los dan, es aún mejor.  



-Los desengañados, pasan de creer en unicornios (lo irreal) a negar que existan los ornitorrincos (lo real extraordinario) aunque les enseñes uno vivo. Los iluminados, pasan de negar que existan hadas, a tragarse a Campanilla con lucecita y todo, como si fuera un mosquito. Quedando con la boca abierta para siempre, y vomitando una falsa luz.



-Yo no soy lo más importante del mundo, pero sí soy más importante que el mundo. De modo que, si el mundo falla (y solo entonces), lo tengo todo teniéndome a mí mismo. 



-Si un virus reducido es una vacuna contra un virus grande, entonces es el desorden (y no el orden) el que resulta una vacuna idónea contra el caos. Sobre todo cuando el desorden es creativo.



-El humor sin una mínima empatía es como la cirugía sin una mínima anestesia. Al cirujano puede hacerle mucha gracia, pero solo a él.  



-No solo lo mejor es bueno. Y eso la (serena) necesidad lo sabe, pero la (ciega) ambición lo olvida siempre.



-El problema no está en la violencia, ni tampoco en el gobierno. El problema está en la violencia ingobernable. 



-Si abrimos mucho la mente a lo fantástico (es decir: si somos crédulos, que es el peor extremo) se nos puede desparramar el cerebro. Pero si la cerramos demasiado (lo que no es tan grave, pero sí nos quita perspectiva) se nos puede posar un duende en la cabeza sin que nos demos cuenta de ello.



-También se saca punta dejando quieto el lapicero. Pero de esa forma la cuchilla del afilador, al girar sobre algo inerte, hace más daño. 



-Nada hace más daño que la ignorancia instruida. Pero no porque le sobre la instrucción (que nunca sobra) sino porque le basta la ignorancia, es decir: porque no sabe ir más allá de lo que ya sabe, simplemente.



-Para actuar a tiempo, es mejor pedir perdón que pedir permiso. Para hablar a tiempo, es mejor pedir permiso que pedir perdón.



-Seguir los pasos de un lobo hasta su guarida, es suicida siempre. Seguirlos para salir de un laberinto, aunque arriesgado, es necesario a veces. Pues puede que solamente el lobo conozca ese camino.   



-Si en el humano sólo ves un animal, en el animal (humano o no) sólo verás la raza.





-Tan artístico es un Velázquez colgado en un museo, como el dibujo naif de un niño prendido de un imán de la nevera. Pero el dibujo infantil debe estar en la nevera y el Velázquez en el museo, y no al revés.



-No existe pseudo arte, sino mini arte. Ni existe pseudo ciencia, sino mini ciencia. Del mismo modo que la guinda nunca es el pastel, pero también es dulce y sirve de alimento. 



-Quizá tú tienes un pastel (algo sublime, mayestático), pero te sigue faltando una pequeña guinda, que solo te puede aportar otra persona. Y quizá tú "solo" tienes una humilde guinda. Pero esa es justo la que necesita el pastel magníco de alguien.



-El arte (como la elegancia) es espíritu y forma. Y el espíritu tiene que ser desmesurado cuando lo formal (lo material) es demasiado débil. De modo que es mejor cuidar la forma un poco.  



-Si jugar te parece poco serio, procura, al menos, no dejar de divertirte. 



-Si una mariposa se posa (¿por azar?) en el teclado de un piano, ¿cómo afirmar que no quiere tocarlo? Pues es cierto que el piano no suena al descansar ella en las teclas, pero ella tampoco tiene el peso suficiente para lograr eso.   



-"Si me lo pides bien, te daré un riñón. Si me lo pides mal, no te daré la hora". Y eso no significa, en absuluto: "por las buenas, todo". Sino más bien: "por las malas, nada". E incluso por las buenas, puede ser que no te quieran hacer caso enseguida. Así que, ante la duda, es mejor pedir la hora primero. 



 -Lo que sostiene al ser humano es la razón. Pero lo que brilla en él no es la razón, en realidad, sino el espíritu. Sin embargo, en un ambiente (o época) mediocre, un espíritu igualmente mediocre puede brillar bien, si la razón le asiste un poco.

 

 -“El no, ya lo tienes”, se suele decir. Y es cierto. El “no” es la muerte. Y a partir de ahí, todo es un regalo.

  

-Lo malo, es bueno (en parte, como mal ejemplo). Lo bueno, es mejor aún. Y lo mejor de todo, es que haya de todo.



-La ira nunca es buena. Así que, si de verdad eres consciente de que tendrías derecho a una revancha violenta en tu caso personal (por ser tú una gran víctima de veras), no saques la navaja tampoco, es decir: evita el odio. Pero saca pecho, al menos.   


-La política es astuta reclutando resentidos. Pues aborrega a cada uno (es decir: le quita su personalísimo objetivo, su ira justa), pero sí aprovecha la energía de muchos, como masa.



-El dominio de un arte, corre el riesgo de la vulgaridad por vía inversa. Un perfecto intérprete se aburre, y termina haciendo (o diciendo) payasadas. Por eso es importante cambiar de vez en cuando de instrumento, porque la partitura nunca cambia.



-Mejor bailar con una fea que con una guapa que dé muchos pisotones. En cualquier caso, bailar con una fea (o sea: a ras de suelo) es el mejor estímulo posible para aprender a volar solo.



-No sólo se silencia a quien revela una verdad incómoda. Se silencia, incluso más, a quien la repite cuando ya es sabida. Porque de esa forma impide que se olvide pronto.



-Hay que trabajar mucho para fracasar con elegancia. Pues el éxito (hoy por hoy) es pura inercia, una vez que das en la diana. 



-El racionalismo evita asomarse siquiera al jardín de la utopía. Y ni se arriesga un poquito ni aprende mucho, tampoco: es bastante racional (más que sensato), pero también resulta rígido, y es una opción segura aunque mediocre. El idealismo (la peor opción), se enreda en el jardín, absurdamente, pues pierde toda la razón al internarse de cabeza en él, de forma irreflexiva. El empirismo, finalmente, pone un solo pie dentro del jardín para explorar (para aprender), corriendo un riesgo obvio. Pero tampoco es temerario (como sí lo es el idealismo), porque él siempre deja fuera del jardín el otro pie, con sabia astucia.  



-Ni siquiera la mayor tecnología suaviza el trabajo más difícil. Por eso resulta vital facilitar el trabajo ajeno en lo posible. 



-Los megáfonos tienen forma de embudo para que sólo se escuche lo que interesa a quien recurre a ellos.



-Un mediocre que se ponga plumas, es ridículo. Un genio, sigue siendo un genio sin plumas. Aunque a él sí le podrían sentar bien.



-No lo digas hasta que lo puedas decir de forma breve. Pues, incluso si lo dices tarde, lo podrás decir mejor si lo piensas bien primero. Y además, incluso lo que ya es sabido, tampoco es sabido del todo hasta que alguien lo precisa bien.



-Te escuchen o no, habla siempre como si fuese tu última palabra. Y procura que de verdad sea la última.  



-Perder el control no es sinónimo de perder la humanidad. Pero sí es el primer paso para ello. Así que tener presente eso, ayuda a no perderlo del todo. 





-No hace falta sacar al “niño interior” fuera, pues se corre el riesgo de hacer el ridículo. Basta con dejar que juegue.



-No temas que te juzguen si lo ven. Pues seguro que mirarán algo peor. Y lo peor que mirarán, es justo lo que menos cuidas tú, sin darte cuenta.



-El cordero solo tiene algún respiro cuando los lobos se pelean entre ellos.



-El drama del poder no está en que no reine una idílica oveja, cosa tan ineficaz como imposible. El drama está en que reine un zorro en vez de una leona, es decir: alguien más pendiente de obtener la presa que de cuidar a la manada.



-Tentar al bien es peligroso, porque puede corromperse él, en tu contra. Tentar al mal es suicida, porque puede corromperte a ti, directamente. 



-Quien en vez de por un logro llora por un cetro, hará llorar a todos cuando logre algo con él. Pues un cetro no es un logro, sino una fuerte responsabilidad, a secas. Y, por sí misma, la responsabilidad no dispara la emoción en quien la asume con prudencia, sino al contrario: lo vuelve más sereno, para poder ejercitarla con mesura. 



-Cualquiera puede hacer política, pero no cualquiera puede hacer arte. Por eso, quien no sabe hacer arte, hace política. Incluso cuando trabaja en algo artístico. 



-No somos ángeles caídos pero sí ángeles cojos. Por eso tropezamos cuando no usamos las alas.



-El hereje "merece" ser quemado siempre. Pero solo hay que hacer eso de verdad, cuando se convierte en inquisidor él mismo, alcance dicho cargo literal o no. Porque hereje (como rebelde) es todo el mundo, en cierto modo. Pero solo es legítima la rebeldía de quien reniega de la corrupción sin corromperse (y corromper) él mismo.



-El rebelde tiene la razón mayor: la libertad. Pero el tirano, aunque menor, también tiene la suya: la prudencia.  



-Si quieres correr el (grave) riesgo de civilizar a una serpiente, déjale una rendija de paso tan estrecha, que se tenga que deshacer de su gruesa muda de piel corrupta, para acceder a ti. Pero tampoco tan angosta que ella no pueda asomarse en absoluto. Pues, en ese caso, la piel gruesa innoble que impedirá su paso (y la comunicación mutua) será la tuya. 



-Ni siquiera el tiempo hace toda la justicia. Por eso es imposible hacer justicia todo el tiempo.


-El sol de la razón derrite lentamente el gélido iceberg del dogma (religioso o político). Y el agua libre resultante es la fe (religiosa o política, también), sin atavismos.


-Los derechos humanos son como el arte religioso: solo los insensibles desprecian dicho arte (sean o no ateos). Pero solo los beatos se arrodillan ante él, reduciendo la obra de arte humana a un ídolo.



-La ciencia (como la tecnología) es una magia lenta. Por eso mismo es controlable y objetiva. Pero también por eso tiene poca "magia". Así que lo mejor (sin rechazar jamás la ciencia) es buscar la magia grande, pasional, en otro sitio. Como en el arte, por ejemplo.



-Si el tiempo lo cura (casi) todo, es porque con un poco de agua, el lodo crece. Pero con mucha, se diluye.



-La verdad es como una serpiente sin veneno. Resulta escurridiza, y hay que asirla con cuidado. Porque intoxicar no puede, pero sí puede morder.



 -A veces nos vemos a nosotros mismos como rudos guerreros enfrentados a las llamaradas de un dragón. Pero en realidad somos más como el soldadito de plomo del cuento. Aunque redivivo, saliendo de la hoguera a duras penas con los pies quemados. Pero en pie.



-El bueno, es el (sabio) que no actúa. El rebelde, es el (bueno) que no escucha. El revolucionario, es el (rebelde) que aprende.



-El humor, ayuda a digerir el vicio. El dogma, lo convierte en interesado escándalo.



-El arte es el grito del espíritu. Y ese grito (al contrario que la voz común) sí que habla más claro al convertirse en alarido. Y, luego, con el tiempo, se va debilitando. Por eso el rock le gusta más a los más jóvenes.



-Con buen humor, no hay vicio malo. Pero tampoco existe humor sensato allí donde la virtud no tiene hueco.



-Cuando simplemente "te superas", terminas teniendo algo que ofrecer. Pero cuando, además de superarte, luchas contra lo imposible, terminas por tener algo que ofrecer... y también algo que decir.



-Hay poderes que te ponen cadenas, y otros que, además, te quitan el cerebro. Y los segundos, más que los primeros, se centran en que les hagas tú el trabajo. 



-La historia (como la ciencia) se divide en tres porciones: lo que sí es verdad (los hechos), lo que nuestro prejuicio da por bueno, y lo que no sabremos nunca.



- El buen arte realista, enfoca la realidad desde las vísceras. Pero por eso no necesita mostrar vísceras nunca, porque sabe mirar de dentro a afuera, y no al revés.



-Dado que la santidad no existe, la mayor virtud posible es la honestidad del delincuente. Lo malo es que también es la más escasa. 



-Da igual que otro te crea, si es que no confía en ti también. Pues acabará por escuchar a quien ni cree lo que tú dices, ni confía.





-Da igual que le convenzas con razones, si ya otro le ha convencido con el miedo. De modo que procura llegar antes.





-El periodismo es a la información (y a la verdad) lo que el polen a las abejas. Se le pega la verdad en el cuerpo cuando va buscando otra cosa (el servicio a un partido). Y la reparte luego por ahí sin darse cuenta, para que florezca en quien sabe aprovecharla bien, leyendo entre líneas.



-Protestar es como decir "te amo": no hace falta, porque el contexto ya habla solo. Pero sí hace falta, para que el contexto hable más fuerte.



-Come mucha verdura, haz un mediano ejercicio y habla lo menos que puedas. Y aunque no cumplas dicha proporción exactamente, jamás dejes de hacer esas tres cosas.



-La soberbia es tan humilde en el fondo, que con tener la (relativa) razón, ya se conforma.



-En una guerra (y la paz nunca es completa) compadecerse consiste en no matar a quien de veras lo merece. De modo que, ni el compasivo es tan empático (pues sí contempla el crimen), ni quien recibe su compasión tan inocente (pues sí merece ser matado). 



-No hay nada mejor que lo sencillo (como una simple taza), pero sólo cuando está bien hecho. Y hacer bien lo sencillo es muy difícil, pues sólo tiene un asa por la que aferrarlo (si la tiene). 



-El mundo (la vida) no es una realidad ni una ficción. El mundo es una "no ficción", más bien. Es decir: una realidad palpable, sangrante, pertinaz, pero de sustancia mítica. Como una lámpara de Aladino realmente existente, pero de la que el genio tan solo puede asomar la cabeza y dar consejos hablando en un susurro, incapaz de usar sus propias manos (su poder) de forma expeditiva. Libre albedrío, lo llaman...  



 -La inteligencia escribe mil libros iguales. La sabiduría lee el mismo libro en mil distintos.



-Para un muro, siempre hay una escalera. El muro sólo frena de verdad al que está dentro, de modo que es mejor no hacerlo alto.



-Si te haces amigo de un demonio, domestícale, para que no te embista. Si de un ángel, embrutécele, para que no te domestique a ti.



-No es que los ángeles no tengan sexo: es que te deslumbra su belleza cuando están desnudos. Y, si te tocan, dejan de ser ángeles, pero te llevan al cielo en un segundo.



-El verdadero infierno para un ángel, sería (y es) tener las alas rotas y no poder morir. Por eso todos los ángeles las cuidan. Y si algo las atrapa, lo destruyen.



-Quien no es sirviente del espíritu (de la esencia, de la palabra) se hace esclavo del cuerpo (de la forma, de la imagen) aunque no lo idolatre.



-La cuerda del arnés se rompió, y el pintor de fachadas cayó al vacío. En un instante, vio pasar ante él las vidas de todos los vecinos.



-Confía en el espíritu: encontrará la forma. Aunque no se fundirá jamás con ella. 



-No solo quiero ser el único a quien le hagas el amor. También (y sobre todo) quiero ser el único a quien le des la mano para bajar del carruaje (o salir del automóvil, siendo más contemporáneos).



-Mejor un chiste malo, con el que no te ríes mucho, que un miedo truculento, que te hace llorar mal.



-Si un borracho ve un fantasma, lo ve doble. Pero, en su inconsciencia, también tiene la mitad de miedo.



-Un peso ligero golpea flojo. Pero el pesado, cuando cae, ya no se levanta.  



-Para el extremista, incluso el moderado de la facción contraria es un fanático. Y el moderado de la propia, es un traidor. Quien no está con él en todo, está en su contra. Y quien está en su contra (aunque sea levemente) no solo es un discrepante sino que, además, es un demonio.  



 -Un optimista es un escéptico sensato, que sólo ve lo malo en lo peor. Es decir: ni lo malo en lo mejor, ni lo peor (lo más dramático) en lo malo.



-Donde cabe la política, no cabe nada más. Por eso lo contamina todo si no es buena. 



-El nihilista les dice, con amargura: "es un engaño". El escéptico, les ordena enérgico: "¡desengáñate!". El optimista (en este instante) les avisa, dulcemente: "no te dejes engañar".



-La confianza llega donde no llega la razón. Y la razón vuelve a llegar donde la confianza ya no puede. 





-Cuánto amor hay en la mirada de quien quiere rescatarte, pero no lo puede hacer. Y cuánta sabiduría hay en las manos de quien logra hacerlo sin hacerte daño. 



-Todo golpe, lo da más de una mano. Toda caricia, la da un solo corazón.



-Hasta el más exaltado puede entrar en razón. Pero no intentes que razone, intenta que se calme.



-Cuando un sabio se sonríe, es que ha dejado de escuchar. O sea, que ya es sabio, pero tú puedes saber más.



-Quien ataca al sabio, se hace enemigo de él. Quien ataca a la sabiduría, se hace enemigo de sí mismo.





-La risa es lo primero que entra en la cabeza de un idiota, aunque esté instruido. Y eso le hace responder de forma frívola a todo lo que va entrando después, incluso lo más serio.



-No hace falta pedir tanto como“ser feliz” allí donde de verdad puedes ser libre, es decir: sin imposiciones ni complejos.



-A veces, quien defiende lo peor (la opción más cruel) es como un cirujano perezoso, que sí lamenta amputar, pero tampoco ha estudiado otro remedio.



  -Cuando lo mejor se pone en las peores manos, se convierte en lo peor, como un cetro en poder de un ignorante. Por eso es vital que lo peor esté en las mejores manos, como una espada (y no un cetro) blandida por un sabio, aunque eso es más difícil.



-Lo malo no es que un tonto se crea listo. Lo malo es que se crea fuerte sin serlo. Porque aplasta a todos con la carga (o con el cargo) que no es capaz de sostener. Y eso es aún peor que la ignorancia, aunque va unido habitualmente. 



-A veces se hace el mal "hasta que" se puede hacer el bien, por fin. Pero nunca se hace el mal poque el bien no pueda hacerse. Y viceversa: incluso si está claro el bien que debe hacerse, no siempre es el momento idóneo para hacerlo. Trigo y cizaña.   

 

-La política ni es noble ni es un arte. Es más como el póker: un juego con dinero donde el dinero no lo es todo. Y donde abundan los advenedizos y tramposos, aunque también hay quien se lo toma en serio y juega limpio (cosa excepcional).



- "¿A quién salvarías antes la vida, a un perro o a un humano corrupto o asesino?"  "Pues salvaría antes a MI perro que a un santo" 



-No cabe mayor provincianismo en un artista, que la nostalgia por un imperio ajeno.



-Aunque se ejemplifica siempre mal (con el “veneno”), los malos críticos sí que son como serpientes: lo que tragan no lo mastican, y les hincha. Y lo que no pueden tragar, les vence.



-Con batuta, es mejor que si improvisas, en principio. Pero, si la batuta rompe el ritmo, mejor rompe la batuta.



-Por fortuna, hay gente más cuerda que el mundo. Pero el mundo está loco igualmente, así que no se puede exigir cordura a todo el mundo.



-La cultura y la política son la vestimenta contra la intemperie. Pero debajo está siempre el cuerpo humano (o animal) y se tiende a olvidar eso. 



-El poder, como pasión que es, sólo adquiere razón cuando lo humillan. Y, armado de razón, se desmesura, para mayor mal de los más débiles.



 -A quien vende bien alguna cosa, se le pide que lo venda todo, hasta lo ajeno. Y a veces, se termina por vender él mismo.



-Si de veras tienes alas, no busques carreteras, ni siquiera autopistas. Busca pistas de despegue, por las que también se puede rodar un trecho largo (y veloz) antes de volar.



-Para un idealista, hasta una piedra tiene vida. Para un materialista, la vida sólo es una piedra. 



-A veces olvido que soy un soñador. Y siento que me falta algo concreto. Cuando lo que me falta es desearlo, simplemente.



-Quien no te escucha, no es quien te contradice. Quien no te escucha, es quien piensa que le estás dando la razón, cuando le contradices tú.



-El peligro del populismo estriba en que no siempre se escucha a quien no acierta, pero siempre se obedece a quien habla bien, acierte o no. 



-David no vence al gigante Goliat con una piedra, sino subido a un montículo de rocas. Aunque al final sí use una piedra nada más, para tumbarlo. 



-La única guerra perdida de antemano, es aquella en la que a uno le bloquea el miedo de perder el miedo cuando ya lo perdió todo.



 -Yo soy y, al mismo tiempo, deseo: para los dogmáticos, un hereje. Para los escépticos, un crédulo. Para los sabios, un amigo. 



-Si no logras alegrarles, dales lástima. Si les das lástima, consigue que se rían. Pues mientras tú ríes, sospechan que te burlas. Y mientras tú lloras, se burlan de ti ellos.  



-La auténtica verdad le deja a uno callado. Por eso mismo no se esfuerza en silenciar a nadie.



-La mediocridad es como los topos: se mueve por debajo, pero siempre encuentra hueco.



-Quien afirma que la libertad es palabrería, es el primero en silenciar a quien la exige sólo con palabras.



-Tan importante como saber dónde poner el acento, es saber dónde poner el escándalo. Por eso, quien pone el acento en el escándalo, yerra doblemente. Pues ni ve el acento donde debe estar, ni digiere bien el escándalo, que se le atraganta cuando lo acentúa en exceso.





 La política es un ajedrez en el que todos son peones, incluso los reyes, en el fondo. Lo que ocurre es que únicamente los peones (y no los reyes) tienen que jugar a ciegas siempre, o viendo a medias el tablero.


-Lo peor del perro flaco, no es que las pulgas lo piquen, que ya es malo. Lo peor es que las pulgas lo usan de caballo. Y le clavan las espuelas para empujarlo a trompicones, impidiéndole llevar su propio rumbo.



-No toques el instrumento que más dominas, sino el que más disfrutas tocando, pues tu espíritu hablará a través de él.

  

-Nada evita el desgarro de la ausencia. Pero los que amamos, viven en nosotros siempre. Lo hacen de veras, aunque mueran. Porque no mueren del todo mientras no muera, no ya el amor que les tenemos, sino el amor mismo en nosotros.   



 -La nostalgia es una flor seca en un libro: recuerda la primavera que fue, pero la auténtica ciencia (la sabiduría) está debajo.



-Si logras encararles, los malos dañan mal. Pero intenta no ofenderles, porque se vengan bien, no obstante. 



-Nada puede contra la enfermedad aquél que se recrea en la tortura. Pues sólo en el dolor se halla verdad. Pero sólo en la verdad está la cura.



-La verdad es como un cristal pulverizado: está un poco en todos los fragmentos de ese "polvo". Pero al ser todos diminutos, es difícil saber cual es el más grande entre dos (o más) de ellos.
Y ni la más lúcida razón tiene un microscopio perfecto para eso. Así que tiene que confiar (y solo eso: confiar) en el que tiene.   



-El individuo honrado (como el beato) es un santo sucedáneo, que no hace mucho bien ni mucho mal, igual que un niño.



-Los niños buenos, no saben jugar. Los niños malos, rompen el juguete. Los primeros, necesitan ambición. Los segundos, disciplina.  



-Puede haber obras concretas mediocres, incluso hechas por un genio. Pero ningún autor es "mediocre" como tal (aunque no destaque mucho) si conoce bien su oficio.



-No necesito amigos para nada. Pero por suerte sí los tengo. 



-Los cambios tienden a aplastar como una rama muerta a quien los teme. Precisamente porque, por temor, les da la espalda. 



-Ser pobre no consiste en no tener ninguna bala. Consiste en tener una tan solo y, por tanto, no poder errar el tiro.



-Cuando Agamenón yerra, lo masacran, como si fuera su porquero. Cuando el porquero acierta, lo ignoran, y ello únicamente porque él no es Agamenón.  



-Lo clásico, en sí, no es anticuado. Pues, si está bien hecho, resulta intemporal, más bien. Lo único anacrónico de veras es lo que fracasa al intentar ser novedoso, ignorando que ya se hizo más veces. 



-Los malos no siempre son “tan malos", es verdad, porque algunos tienen cosas buenas. Pero los buenos sí que son “tan buenos” siempre. Es decir, que lo son lo suficiente. Pues si fuesen buenos del todo, serían santos. Y la santidad ni existe ni hace falta.



-Si quieres castigar, no te parezcas tú al castigo. Si quieres perdonar, no seas mezquino en el perdón.



-Cuando me topo con el talento, pienso:“interesante”. Cuando me topo con el genio, pienso: “gracias”.



-Los muros, por muy altos que sean, se construyen todos en el suelo. Por eso cualquier “ala” fuerte los supera, aunque pierda algunas plumas.



-Quien de verdad protege al débil, no le castra: le disfraza de fuerte, para confundir a la violencia miope. Y eso sólo lo puede hacer bien el amor.



-Donde estás en minoría, no rompas tú el silencio. Pues nadie va a escucharte, salvo que la duda hable primero.   


-Algunos infiernos en realidad son purgatorios, que solamente se vuelven infernales para quien tiene mucho que purgar.

 

-Cuando el dotado se cree “puro”, es cuando empieza a contaminar a los demás sin darse cuenta.



-La razón debe brillar con fuerza, en cualquier caso. Pero es el espíritu el que hace brillar a la razón, y no la razón la que hace brillar al espíritu. Pues la razón busca la luz siempre, la halle o no. Pero el espíritu (aunque sutil) ya tiene una luz propia.



-Un mago del montón, tiene pánico a que descubran sus trucos, pues solo tiene eso. Un buen mago, los confiesa con socarronería, incluso. Pues sabe que el verdadero encanto está en el mago, y no en los trucos (aunque sí los use, a veces).



 -La esencia de la disciplina, estriba en que, si la voz dice poco, el cuerpo la completa. Y si el cuerpo dice poco, la voz lo resucita.    



-Hay que escuchar sólo con el sentimiento y hablar (y actuar) sólo con la razón. Y no al revés, como hacen los fanáticos.



 -La prisión del sabio es la libertad del ignorante. Pero el sabio sabe eso, así que la prisión no le hace daño.



-La sopa sólo es sosa para el sabio que sólo sabe de sabores. Pues, el sabio que sabe de sopas, sabe que la sopa es sopa, aunque sea sosa.



-La imagen “dice” más que la palabra, pero sólo con la palabra andan los ciegos.



-Las fiestas del exceso, acaban mal. Las de la virtud, no empiezan nunca. Las de la pasión, jamás acaban. 





-La prostitución (literal o metafórica) es como las castañas: cuesta poco para el (mucho) calor que da, pero mucho para la (poca)  hambre que quita.



-La inmadurez, insulta cuando aplaude ella. El rencor, aplaude cuando insulta otro. La madurez, sabe aplaudir sin insultar. 



-Hay mundos utópicos innecesarios y mundos utópicos que sí se necesitan. En uno utópico pero innecesario (indeseable) ningún niño rompería un cristal de una pedrada. En uno utópico pero necesario (deseable) un niño rompería de una pedrada un solo cristal, no más que eso. Y en respuesta, recibiría un castigo inexorable y severo, pero proporcionado y sin maltrato. 



-La verdadera vejez es el cansancio. Pues no es la vida la que se consume en el cuerpo, sino el cuerpo el que se consume en la vida.



-La mayor fe (como el amor) no necesita pruebas, aunque las haya. El mayor escepticismo (como el prejuicio) las rechaza, aunque sean buenas.



-Ni el lacrimógeno Cristo del madero, ni el exhibicionista que caminó en el mar. Mejor el que repartió en Galilea el pan, como hay que hacerlo: para todos, en abundancia y sin hacer teatro.



-Separarse no es “morir de pena”. Pero se parece tanto a eso, que te mueres de pena.



-La nuez que se resiste excita el hambre, pero la impaciencia come el fruto con la cáscara.



-Si, tomados en conjunto, los niños parecen más inocentes que los adultos, es porque a todos ellos (tanto a los que sí son puros como a los que no lo son) les falta la experiencia, y todavía no han afilado bien las garras.



-Ni los pobres son tan pobres como su frustración pretende, ni los ricos tan ricos como su saciedad quisiera.



-La paz es lo más parecido a un terremoto, pues con el temblor nadie se atreve a disparar.



-Lo peor de la maldad (que no siempre es tan mala) es que suele ser una chapuza. Por eso, resulta que hay malvados tan pulcros y metódicos, que no pasan por buenos, pero sí logran ser bien vistos. E incluso tener (pocos y breves) amigos.



-El trigo sucio no es cizaña del todo. Pero tampoco hace buen pan, así que es mejor dárselo a las bestias.



-En la vida y en el arte, la razón te dirá (a lo sumo) lo que no debes hacer, como la ley. Pero solo el sentimiento te dirá lo que sí debes hacer, y ello siempre que dicho sentimiento sea el correcto.





-El exceso de dulzura empalaga a cualquiera, hasta a los golosos. Pero sólo a un amargado le da un asco literal lo dulce. Y, de hecho, sacar un azucarero a una reunión es la mejor manera de detectar a uno de ellos.



-Si supiésemos escuchar bien el silencio, hasta la voz más tímida nos parecería un alarido. 





-El idealismo es una estupidez inmoderada. Pero el racionalismo es moderadamente estúpido. La razón, inaprensible, cabalga entre los dos.  



-Solo los mejores logran ser respetados allí donde no son admirados claramente. Y ello es porque la mayoría solo respeta lo que valora de manera extrema. Pues no es capaz de valorar lo que respeta a no ser bajo la condición de idealizarlo. 





-Quien respeta, trabaja, aunque no aparente trabajar. Pues, donde hay respeto, no hay abuso, aunque el trabajo esté mal repartido.



-La pataleta no es el “último” recurso. Es el peor, porque se rompe el suelo.



-Los que odian a los niños o a los perros, tienen cierta razón, pero no son de confianza.



-Hay quien repeina a un perro como si el perro lo apreciase. Y hay quien lo abandona porque suelta pelos.



-Aceptar al otro, es aceptarle como alumno. Pues sólo el que sabe, acepta. Y sólo el que no sabe, es aceptado.



-Quienes se empeñan en tener la razón a toda costa, lo hacen porque saben que la razón es lo único sólido que tienen. Y al ceder siquiera un palmo de ella, la perderían toda (y lo perderían todo).



-Inteligencia con racionalismo puro, es un gran globo de acero. Brillante y homogéneo, pero que no puede flotar.



 -La verdadera estafa no consiste en dar “gato por liebre”, pues, a veces, la diferencia no es tan obvia. La verdadera estafa consiste en convencer a otro de que lo que le das es bueno, cuando no es así. Y, de hecho, lo único que de verdad te pide él, es eso: que lo que le des sea bueno, simplemente. Sobre todo, cuando del amor se trata.



-Sólo el que es limítrofe es revolucionario de verdad. Pues vive en la frontera, y, al vivir en ella, la termina transformando, como un hábitat.



-Sin saber hacerlo, no lo haces. Pero, hacerlo, es saber hacerlo, nada más. Pues siempre lo puedes hacer mejor que otro (o que tú mismo). Pero el otro, si sabe hacerlo, lo hace bien. Aunque lo puede hacer mejor, si tú le enseñas. Pero no debes forzarle, y, además, es raro que se deje.     



-Por fortuna, no todo el mundo lee libros, pues sería embrutecedora tanta ciencia. Pero, por suerte, hay algunos brutos que lo hacen, pues esa es la única forma de que no haya tantos brutos.



-No te fíes de quien no quiere bailar, aunque no sepa. Pues, cuando de verdad existe el ánimo, el baile se aprende, o se improvisa.



-No todo se resuelve con “ponerse a bailar", pero es mucho peor no hacerlo. Pues, mientras bailas, puedes pensar bien, si quieres. Pero, mientras piensas, bailar es imposible. 



-Para que la justicia tenga alas, la libertad necesita cerebro. Pues a la justicia le sobra el cerebro (la normatividad) que a la libertad le falta. Y a la libertad le sobran las alas (la creatividad) que la justicia necesita. 



-El vagón debe ir delante de la máquina, pues le falta empuje. Y la máquina detrás del vagón, pues le sobra la energía.



-No es que todo “vuelva”, con las modas, tal cual era. Es que todo se retira un tiempo, para mejorar y regresar luego ya evolucionado, y con más fuerza. Salvo lo muy sencillo, como el folklore, por ejemplo. Pues eso nunca se retira (y apenas cambia), pero no suele ser bueno.



-Nadie sabe lo bastante como para hablar mucho y “hacer” bien, aunque hable bien, de hecho. Pero poco bien puede esperarse de quien teme hablar, aunque hable poco.



-El que, a veces, no sepamos concretar lo que está bien (la perspectiva condiciona mucho, es cierto), no implica que no podamos distinguir el mal de la vileza. La pobreza de la miseria intolerable. Y hasta la misma (inevitable) muerte de la infamia que la acompaña muchas veces.  


-La crítica (como su hermana: la censura) es un globo hinchado y sucio. Sucio por el mero prejucio subjetivo, arbitrario. E hinchado por la exageración de las auténticas carencias. De modo que, una vez bien limpio y desinflado dicho globo (cuando vale la pena el esfuerzo), el envoltorio pulcro y flácido que queda es lo censurable de verdad (o sea: el vicio real en el objeto).



  -Si el hábito de leer es tan vital, es porque una mente lúcida (sea más o menos racional) es aquella metafóricamente estructurada, aunque no recurra todo el tiempo a la metáfora en sus juicios.



-Si para pensar hiciera falta mucho tiempo, los presos serían todos premios Nobel.



-Qué pobre es el campeón cuando le dan un premio, y qué rico el aspirante cuando quiere sumar otro a los que tiene ya. Pues, el campeón, siempre aspira a más, pero el aspirante es siempre quien más ilusión tiene.  



-El que sube a un trono de hurtadillas, no se mantiene en él por mucho tiempo. Y no porque se caiga del trono, sino porque el trono (endeble en sí) se cae con él. Pues hay tontos que ocupan tronos falsos, pero ningún trono verdadero admite tontos. 



-Quien aprende, abandona la escoba. Y, quien es sabio, no la coge. Por eso, hacer que una princesa barra, es humillarla. Pues princesas hay que barren, pero no las ves barrer. 



-Uno no ama cuando se compadece. Uno se compadece cuando ama, que es distinto. Pues el amor hay que entenderlo y hay que ganárselo, también.



-Yo no creo en ningún dios: ni con la cruz al hombro ni con el maletín en una mano. Aunque algunos (políticos y clérigos) cargan ambas cosas, para mejorar el rendimiento... 


-La política, cuando es noble (cosa excepcional) sí es un arte: el de la diplomacia, que diluye el conflicto. Pero cuando la política es un "arte", nunca es noble, pues su arte propio es mezquino: el artificio, la triquiñuela interesada del tahúr.



-Todos los azucarillos se deshacen, pero uno grande endulza más que uno pequeño. Un azucarillo grande endulza más, pero todos los azucarillos se deshacen.  



-A la realidad (sea extraordinaria o común) le importa poco que creamos o no en ella. La cuestión es delimitarla bien. Y en ese esfuerzo, la luz deslumbra al crédulo, la oscuridad rinde al escéptico, y la penumbra confunde (temporalmente) al estudioso. 





-El no querer, nunca es “odiar”, cuando, lo que no se quiere, no es “al otro”, sino al odio. Pues, donde el odio habita, todos odian, y resulta odioso querer a todo el mundo.



-La peor foto de la serie, es siempre la que difunde el enemigo. Así que procura posar bien, es decir: no posar mucho. Pues, posando mucho, acaban saliendo fotos pésimas.



-Cuando la política es el caballo, puede que te lleve muy lento o muy rápido, según, y no siempre a donde quieres. Pero cuando la política es el jinete, te llevará a un precipicio a la larga. 


-Un caballo furioso (como el del poder) solo le parece bello a quien no está bajo sus patas. Y solo dócil a quien no tiene que domarlo.



-Posible es todo, en teoría. Por eso, creo en los milagros que ocurren, pero no en los milagros que se cuentan. Pues, aunque los milagros son posibles, lo que no es posible es creérselos. 



-La razón no necesita el sentimiento, estrictamente. Pero, quien se precipita en sus acciones, tiende a razonar las cosas sin sentir, y eso no es bueno.



-Quien bien te quiere, no te hará llorar ni reír. Quien bien te quiere, te apartará la cebolla de los ojos.



-Hay quien piensa que el amor es como un timbre, que, tan sólo con que suene bien, ya es bueno. Y que, sólo con tocarlo, ya te abren la puerta. Y lo mismo vale para el arte (como la poesía, por ejemplo)



-Por definición, la izquierda es ácrata y la derecha inmovilista. Y en caso extremo, lo ácrata se vuelve endófobo y lo inmovilista rancio. 



-El artista habla a través de su locura, convirtiendo en arte su pasión para que no le dañe.



-Prefiero la fealdad útil del cerdo, a la belleza inútil de la margarita. Pero prefiero la margarita al cerdo, si el cerdo se quiere comer la margarita. Y la base de toda auténtica sensibilidad, es esa. Por ejemplo, la de la sensibilidad hacia el diálogo.



-El ignorante llama al sabio "listo", como si saber sólo consistiese en darse cuenta.



-Parafraseando lo que se dice de los tontos, no hables de política con los que ya están politizados. O te acabarán politizando a ti, y en eso te llevarán ventaja.



-La utopía se logra civilizando a la locura. Porque la razón consigue mucho, es cierto. Pero, por definición, sólo la locura es capaz de todo.



-La realidad es la mejor novela. Salvo cuando se parece demasiado a una novela, pues entonces se vuelve imposible de creer.



-Hay dos formas de no haber estado allí. Y la peor de ambas es creer a quien tampoco ha estado.



-Para acusar mucho, hay que tener muchas pruebas. Para acusar de lo peor, hay que tener todas las pruebas o, en su defecto, no estar dispuesto a creérselas del todo. 


-El principal error de un escritor es escribir lo que la gente quiere leer. El secundario, es no saber lo que la gente quiere leer, aunque él no escriba exactamente eso.



-La infidelidad no necesita muchas pruebas. La traición las necesita todas.  



-Cuando en la guillotina hay mucha sangre, es porque el verdugo también ha perdido la cabeza.



-A la razón le basta una palabra. Pero la persuasión requiere algunas más. Y ahí está el riesgo, pues la razón también se pierde hablando mucho.



-En la guerra no vale todo (salvo por voluntad de los peores), aunque al final sí ocurra todo (lo peor).



-No te enamores demasiado de lo que estás haciendo. Porque quizá sí lo concluyas bien si te enamoras. Pero seguro que te excederás un poco en ello. 



-A la muerte sí le gustan tus planes. Pero a veces anda ciega, y, además, ella tampoco tiene todo el tiempo. 

 

-Decir "lo dudo" para negar rotundamente, es paradójico: la afirmación incluye duda, pero la duda también incluye afirmación. Pues si, cuando dudamos algo, no lo creyésemos en el fondo un poco, entonces no lo “dudaríamos”: lo descartaríamos, simplemente.



 -El intolerante se cree muy generoso cuando tolera, por condescendencia, alguna vez. Y lo más grave es que piensa que la tolerancia es eso.



-El “sentido de la vida” se resume en que somos una golosina para nosotros mismos, y un trozo de mapa para los demás (no el mapa entero).





-Todavía más irracional que la utopia, es ponerle uno mismo límites a un sueño.



-Parir, es sufrir por algo bueno. Estreñirse, sufrir por una mierda.



 -De nada se puede aprender más que de los prejuicios de un sabio, si los consigues ver. Y no porque contradigan su sabiduría (que no siempre lo hacen), sino porque indican hasta dónde su sabiduría llega, para poder indagar tú a partir de ahí. Y, de hecho, el conocimiento avanza de esa forma exactamente.



-La sabiduría deshace nudos en el hilo de Ariadna para hacerlo más largo y poder salir del laberinto. 



-Entre tu zarpa y mi zarpa, una reja, que deje pasar el pan y la mirada.



-Me gustas, porque busco a alguien imperfecto como (lo soy) yo, y perfecto como (lo eres) tú.



-Está bien ser roble y resistir, pero también hay que ser flor y florecer.



-El reaccionario tiene toda la razón, pero la pierde toda al reaccionar.



-Es cierto que hay escándalos morales más graves que algunas injusticias. Pero no hay colmos del escándalo, sino colmos de la injusticia, y eso lo olvida el moralista siempre.



-El que pobre se ve, su pobreza no sabe. Y, de pobre, no sale. Y, al que pobre lo ves, menos pobre que tú, es.



-A veces el diseño es poco útil. Pero la utilidad tiene un diseño penoso, si no se pule un poco.



-La belleza no es un salvoconducto para todo. Pero nunca hay que maltratar a la belleza, si es belleza. Y, de hecho, quien la sabe ver, no la maltrata.



-Siempre hay mucha fealdad donde hay poca belleza. Pero nunca hay mucha belleza donde no hay un poco de fealdad, al menos. Pues la belleza mucha asquea, ya que el adorno la empobrece. Y la belleza poca es pobre, pero es perfecta con adornos.



-La elegancia no está en llevar corbata. La elegancia está en darte cuenta de que no la llevas. Y como corbata, sirven muchas cosas (como un pañuelo, por ejemplo).



-Quien hace pasar el veneno por agua (como los libertinos) se arriesga a que alguien muera envenenado. Pero quien hace pasar el agua por veneno (como los represores) se arriesga a que se muera de sed. Y es peor lo segundo, pues para el veneno hay antídotos, pero para la sed no.



-Lo que ignora quien defiende la mortificación como virtud, es que una rosa (la del exceso, que no es tan malo) es una espina demasiado grande para despreciarla, y una espina (la de la contención, que no es tan buena) es una rosa demasiado pequeña para tenerle aprecio.



-El intelectual medio (el profesor, el periodista, el burgués) disfruta un cómodo privilegio estético que le da distancia crítica, pero limita su perspectiva al mismo tiempo: aquel que consiste en no estar bajo los cascos del caballo (como el pueblo llano), pero tampoco tenerlo que domesticar montado en él (como quien sí tiene poder real, y no solo teórico).   



-El poder ilegítimo es una flecha de ventosa, que, a la postre, cede por su peso aunque acierte en la diana. 



-Si hay que renunciar a algo, se renuncia, pues, con un motor de menos, un avión sigue volando. Pero vuela peor, así que procura que te paguen bien por la acrobacia. 



-El linchamiento es siempre una bajeza, pues abusa del castigo o rebusca en la culpa, o las dos cosas. Pero el linchado solo merece simpatía cuando se muestra humilde y/o comete un leve error.



 -El “abogado del diablo” es necesario para que la esperanza no se estrelle, si es ingenua. Pero hay que ser muy amargado o muy mediocre para escoger ese papel, habiendo otros.



-Me gusta tanto todo, que hasta me gustan las serpientes. Lo que pasa es que no me gusta estar con ellas. 



-Escribo para oxigenar mi espíritu, y que no se quede sin aliento en un mundo sin alma.



-La corrupción desborda, pero la santidad no llega. Y vale más pisar charcos que cavar pozos, siempre que no sean charcos de sangre.



-El placer conlleva dolor. Pero el dolor, si de veras es dolor, no conlleva placer. Por eso, negar el placer porque conlleva dolor, es negar el único placer posible.



-No basta coger una guitarra para saber tocarla, pero tocarla es saber cogerla, a fin de cuentas. Pues, en lo demás, es el instrumento el que obedece a quien lo usa, y no al revés.



-Lo bueno es tan humilde, que una y otra vez se olvida en un cajón. Pero lo humilde es tan bueno, que una y otra vez lo rescata de allí alguien. Y eso ocurre con la amistad, a veces. Pero, sobre todo, ocurre con el arte, que conmueve siempre si es profundo, resistiéndose a las modas.



-El aguafiestas no es un “amargado”, pues disfruta mucho, precisamente aguando fiestas. Pero, para eso, es mejor el masoquista, pues al menos deja que los demás disfruten.



-Ponle al lacayo una corona para siempre, y quítale la suya al rey por un minuto únicamente. Pues la crítica al poder, si no es fanática, consiste precisamente en eso.



-Afine mucho o poco, el cantante siempre afina un mínimo. La que no afina nada es la canción en él, si no le corresponde. Y, si no sabe escogerla, es que no sabe cantar.



-En realidad, no se aprueba al que “vale”, pues, con ganas, vale todo el mundo, aunque no sepa. Al que se aprueba es al que “ya” vale, porque, aparte de las ganas, ya ha aprendido. 



-Nadador no es quien sabe nadar, ni tampoco quien nada mejor. Nadador es quien sale del mar nadando.



-La verdadera civilización, usa el tenedor para comer, y no las manos. Pero hay quien come con las manos y sabe lo que come, y hay quien usa el tenedor para envenenarse.  



-Lo “normal” no tiene espinas (y no existe, pues la normalidad es convención). Lo real (lo sí existente) tiene espinas, pero menores que la rosa. Lo subjetivo, tiene espinas mayores que la rosa, o no ve las espinas que hay (grandes o no).



-Sólo se aplaude a quien manda, pero sólo se obedece a quien libera. Salvo que los dos sean el mismo, lo que es el caso de los héroes.



-La guerra sólo es limpia hasta que se ataca por la espalda. Y, como eso ocurre siempre, la guerra es sucia igual.



-No quiero que me vean levantar la cabeza, ni quiero que no me vean agacharla. Quiero que me vean no agacharla.



-La estupidez sonríe hasta cuando está seria. La inteligencia, es seria incluso al sonreír.



-Pisé un prejuicio propio sin querer. Y me sentí bien por pisarlo, y mal por no haberlo visto antes. 


-El soberbio (sobre todo el poderoso, y más cuando es tirano) no aspira a que los demás le "den" la razón, pues cree tenerla ya por ciencia infusa, incluso sin que se la otorgue nadie. Aspira a que los demás piensen que la tiene siempre, sin excepción alguna. Lo mismo que un gurú, aunque ni él mismo crea eso. Pues solo si le consideran infalible se siente él menos vulnerable.





-El tirano sólo ve la rebeldía en el noble, y sólo la nobleza en el rebelde. Y por eso no perdona a ninguno de ambos: pues el individuo noble, en su tímida rebelión, no le da miedo, y él lo aplasta pese a toda su nobleza (que el tirano ignora). Y el individuo rebelde no le parece lo bastante noble como para renunciar a aplastar su rebeldía, aunque solo vea la (escasa) nobleza en él y no en el otro (quien sí que la posee en demasía).   



-Al tirano, no se le vence sin ayuda, y al castrador no se le vence sin odio. Por eso, debes amar a quien te agrede pero no te castra. Y odiar a quien te castra, para que no te agreda.



-Represor no es quien prohíbe siempre, pues nadie prohíbe siempre. Represor es quien prohíbe ante la duda, y la duda abunda por desgracia. 



-Muchos son los temerarios que apedrean a un león, pues basta con no pensárselo dos veces. Pero pocos son los valientes que lo acarician, pues, para eso, primero hay que acercarse.



-Para unos, el mundo entero es su casa. Y para otros su casa es el mundo entero. A los primeros, no les importa que se ensucie. Y los segundos la limpian demasiado.



-El mal no está en quien dispara a lo que ve. El mal está en quien no sabe lo que ve, y dispara. 



-No es que yo te quiera sólo para el sexo. Es que te quiero tanto, que no quiero que te escapes. Y, ya de sujetarte, lo hago bien. 



-Si el sexo sin amor es como bailar sin música, el amor sin sexo es como tocar la guitarra sin usar las manos.



-No es el verano sino el invierno el que es promiscuo: cuando llueve mucho, a nadie le importa el sexo del paraguas.



-El buen gusto (el erotismo) es la cerveza, y el malo (la pornografía) la espuma que está arriba. De todos modos, nadie puede ser tan exquisito como para apurar el vaso sin mancharse un poco la nariz.



-La masturbación sigue el “principio del brindis”, a saber: si quieres brindar, brinda conmigo. Si yo no estoy, espérate a que venga. Y, si brindas solo, mejor no me lo cuentes.



-Para el sexo solo hay cinco normas, como los dedos de una (inocente) mano. Que sea entre adultos. De forma mutuamente consentida. Con higiene. Con anticoncepción (salvo por decisión común). Y que no termine en el hospital.



-Si un político, en el fondo, es un ladrón, entonces un ladrón, en el fondo, es un político. Así que no hay que exigirle al ladrón tanto como que llegue a gobernar, pero al menos debería encontrar empleo fácilmente.



-El pacifismo es cosa de políticos. A mí, con ser pacífico me basta.



-Ley con orden, castra. Ley sin orden, destruye. Orden sin ley no existe, porque la autoridad siempre se improvisa.



-El verdadero riesgo para Caperucita no es el lobo en sí, sino que el bosque que tiene que cruzar sea pequeño.



-Para hacer un buen espectáculo, no hace falta sacar a escena un elefante: con que asome la trompa, es suficiente.



-La utopía es lo mismo que las novias, que se visten de blanco sean o no “puras”. Pues la ilusión nunca es “la verdad”, pero ilusionarse siempre es verdadero.



  -El paraíso no es un lugar donde las flores te rodean, como piensa el idealismo más banal. El paraíso es un lugar donde las flores brotan a tu paso. Y una flor sólo hace eso cuando sabe que no van a pisarla. Y, además, si la planta un jardinero, nunca lo hará en un sitio por donde pasa mucha gente. 





-No es que los tontos tengan suerte. Es que ser tonto es estar ciego. Y hay gente tan ciega, que hasta el azar se compadece.





-Hazte amigo del humilde, pero no del provinciano. Pues tan mala es la soberbia como la cortedad de miras, por no decir que son la misma cosa.



-Cuesta mucho conseguir que no te odien. Pero cuesta mucho más conseguir que te amen bien. Por eso, si van a amarte mal (y el amor siempre es esclavo) es mejor que te odien bien, es decir: que te maltraten, pero que te dejen libre luego. 



-Para quien lo tiene, un hijo no deseado es como un cuarto trastero: descarga toda su basura en él, y se avergüenza de enseñarlo a las visitas.



-Hay quien ve a los niños como si fueran monos. Así que sólo les da un plátano, y, ya con eso, espera que hagan piruetas.



-La fama es la santidad sin la pureza. Y eso es muy humano, pero como modelo para seguir, es pobre. 



-Mejor anonimato con alas que fama con alas, pero mejor fama con alas que anonimato sin ellas.



-La sardina en lata, sueña con abandonar la lata, pero no sabe la lata que le espera.



-Cada cual merece una recompensa diferente: el obrero un salario, el artista un aplauso y el valiente un trono. Pero, la única forma de recompensar a un sabio sin menospreciarle, es dándole las gracias, simplemente. Porque, allí donde está un sabio, el único tesoro que de verdad existe, es él.  



-Desnudarse es como moverse: no todo el mundo puede hacerlo sin ponerse a tiro.





-Hay cosas que ni siquiera llegan (ni llegarán) a saberse. Pero nada es bien sabido (aunque se conozca) hasta que alguien logra explicarlo bien.   



-No es que al sabio no le gusten los aplausos, en razón de su humildad característica. Lo que ocurre es que los prefiere oír en su cabeza, cuando tiene una buena idea. 



-Las mujeres me gustan tanto como a un payaso un saxofón. Y además, las toco igual de mal, pero con gracia.



-El vuelo no es lo que sólo se eleva (pues eso lo hace el humo) sino lo que también avanza. Aunque nada puede desplazarse de su sitio, si primero no se despega de la tierra un poco, incluso para avanzar rodando y no volando. Y eso es, precisamente, lo que dignifica la pasión.



-El obrero se parece tanto a su herramienta que, para hablar con él, hay que saber usarla un poco.





-Si hay mujeres que parecen floreros, es porque son bellas, pero se mueven poco, y arrastrándose. Y si hay hombres que parecen perritos falderos, es porque mueven bien la cola, pero no saben ladrar cuando hace falta. 





-Es triste nacer siendo el último cerdito, porque te quedas sin teta, que es como quedarse sin amor. Pero es peor nacer siendo el último lobezno, porque te acosan y te muerden los mayores. Y si, por un azar, naces lobezno y sin teta al mismo tiempo, una de dos: o te vuelves loco, o te crecen alas. 



-Siente como si fueras un guerrero, aunque no mates. Vive como si fueras un mendigo, aunque seas rico.



-La verdad, si la descubres, te hará libre, pero saberla te dejará hecho polvo. Sobre todo, si no creíste nunca en ella.





-Volar, se vuela, pero no tan alto. Pero, caer, sí que se cae muy bajo, a veces. Así que hay que cuidar el colchón más que las alas.



-No es cierto que al poeta le ate en tierra el peso excesivo de sus alas. Un trapecista cojo, es cojo apenas, pues la mayor parte del tiempo está en el aire.



-Los locos saben demasiado de medicina. Por eso, es peligroso dejarles cerca el bisturí.



- Ni los pies en la tierra ni la cabeza en las nubes. Mejor los pies en las nubes, para caminar por ellas (siempre que no camines boca abajo).



-El ambicioso es cruel, pero no loco. Pues el ambicioso mira siempre donde pisa, sobre todo cuando pisa a alguien.



-El arte (sobre todo el escénico) consiste en algo tan dificultoso como saber poner el patetismo allí donde mejor encaja, ya sea para que excite el humor o la conciencia (o las dos cosas)



-El mayor miedo de un obrero es que no le paguen. Y el mayor miedo de un artista, es usar el cielo como lienzo y que nadie mire arriba.



-El artista es un obrero capaz de entusiasmar cuando improvisa, y eso sí que es tener arte.



-El arte adocenado es una mariposa en una flor. El arte pretencioso es un diamante en una flor. El arte verdadero es una mosca en una flor. 



-El verdadero arte fabrica ramos nuevos con flores viejas. Pero nunca ramos viejos, ni tampoco ramos nuevos con flores de plástico.



-De nadie se puede aprender más que de los ángeles caídos, pues conocen bien el cielo y el infierno. Pero resulta complicado encontrar uno, porque los suelen linchar apenas caen. 



-Tu mejor arma debe ser tu oficio, pues sólo de esa forma encontrarás la vocación. Pero tu oficio no debe ser tu mejor arma, pues sólo así evitarás encasillarte.



-Lo malo de la Historia, no es que se repita. Lo malo es que hay que pagar impuestos por ella.



-Quemar un libro es fanático, sin más. Pero, disparar contra un reloj, tiene mucho de poesía, si nadie sale herido. 



-Ser famoso consiste en serlo más que alguien, y eso vale para el campeón de dominó de una taberna.



-Como ocurre con todo lo que es bueno, el progreso es necesario, pero es impertinente como dogma. Nunca viajé en avión, pero tampoco en burro. Y, sin embargo,lo del burro nadie lo pregunta.



-Con tiempo, todo tiene arreglo. Pero no hay tiempo para arreglarlo todo.



-El que calla, no otorga: disimula, porque está en minoría. Pues, estar en minoría, no sólo es tener a dos enfrente. Sino también tener a uno tan sólo, pero necesitar a otro contigo.



-Cuando no puede soportar su propio olor, el sucio obliga a limpiarse a los demás con una lija.



-El placebo es el arma del curandero mejor, es decir, del médico mediocre.



-El conservador siempre lee menos, porque encaja en la realidad mejor. Pero en eso estriba su debilidad precisamente: en que piensa que no necesita aprender nada.



-En principio, es mejor quien cuida que quien sana, pero siempre que la enfermedad no le enamore.



-A veces es mejor un demagogo con sentido del humor, que un ecuánime soso al que limitan sus prejuicios.



-Para ser feliz con una tiza, hay que ser muy tonto...o muy listo.   



 -No es cierto que todo el mundo tenga un precio. Pues siempre hay un portero para un soborno, pero no siempre hay un soborno para un portero.



-El que hace "lo peor" (lo deleznable) es el verdugo, sin excepción alguna. Punto. Pero el que "lo hace peor", suele ser la víctima, cuando contribuye torpemente a su martirio, ya sea de modo activo o no.



-Un águila es una gallina (origen vulgar) con genes de gaviota (vuelo bajo) que se vio obligada a superarse (porque, si no, no volaría alto ahora). La educación convierte gallinas en gaviotas, y la dificultad gaviotas en águilas.



-Siente como águila, vive como gallina y vuela como gaviota. 



-El orden evita que el desorden se desmadre. Pero orden y desorden son lo mismo, en el fondo. No ensuciar, significa no hacerlo en exceso. Y nadie va peinado igual, así que nadie va peinado del todo.



-La mala ortografía (como la mala apariencia) es similar a ir despeinado: es mejor usar un peine, en principio. Pero si eres calvo, tampoco hay diferencia. 



-No des la espalda a la Bestia (al horror), pues te atacaría. Ni la mires de frente, pues te convertiría en sal. Mírala de reojo, y coge la rosa con cuidado.



-Siempre hay dos sillas para dos sabios, pero siempre hay sentado un necio en una. Y eso es bueno, pues sólo así se distingue al sabio bien, para escucharle.



-No confío en el respeto estricto por la vida de quienes creen en la resurrección, ni en la confianza en el progreso personal de quienes piensan que, para mejorar, primero hay que morirse.



-Sólo la ambición vence la apatía, y eso el seductor lo sabe.



 -Si alguien te insinúa que los matices son retórica, dale la razón, porque la tiene. Pero no le des la espalda.



-La razón no es la lupa ni el marco. Es la lupa sobre el marco.



-Quien busca una filosofía para todos, acaba por encontrar una filosofía para él mismo. Y quien busca una filosofía para él mismo, acaba por encontrar una filosofía para todos. Por eso, si de verdad quiere ser útil, es mejor que el filósofo esté solo, en el sentido de evitar las sectas.



-Un sibarita no es quien sólo se conforma con lo bueno, sino quien prefiere lo malo a lo bueno mal hecho. Porque, para el sibarita, todo es bueno (hasta lo malo) cuando se hace bien.



-El bien es la medida en el exceso, y el mal es el exceso en la medida.



-Hay víctimas que agreden al bombero, porque no esperan que, entre tanto mal, les pueda sobrevenir un bien.



-No prestes tu reloj a un pobre al que no conozcas, ni a un rico que no te firme un recibo.



-Con el trabajo que cuesta domesticar a un monstruo, y cuando casi lo has logrado, siempre aparece un tonto con una antorcha, y lo encabrita.



-Nadie sabe abstenerse. Pocos saben medirse. Y muy pocos saben excederse bien, que es lo mejor.



-La diferencia es la distinción de los que no tienen otra.



-Toda identidad que subraya la pureza, se acaba convirtiendo en polvo o en veneno.



-El matiz es lo que está de más en el acuerdo. Por eso es tan dañino el sectarismo.



-El que no lee, filosofa lo mismo, y por tanto filosofa mal.



-Sólo vemos el retraso en los cimientos, y sólo la ruina en el edificio ya acabado. 



-Al tirano le asombra la rebeldía del bueno, porque no espera hallar orgullo en la debilidad.



-Decir hola a la plaga es decir adiós a la cosecha.



-Díjole a la niña el cerdo, mientras la lamía: "Tú llámame cerdo, pero yo ya lo sabía". Y entonces le contestó la niña al cerdo: "No lo tienes tan claro, cuando te lo recuerdo"



-Dentro de cada persona hay un rico ignorante y un sabio mendigo, así que ninguno de los dos puede llegar lejos sin ayuda.



-Quien desprecia la ciencia, no es que prefiera los milagros. Lo que ocurre es que teme saber cómo funcionan. 



-Ámalo si no puedes tener otro, pero nunca porque no puedes tenerlo.



-La filosofía comparte evolución con cualquier credo, religioso o político incluidos: nace como razón, madura como dogma y muere como prejuicio. Y, una vez muerto, se fosiliza en código legal, para ser útil de veras.



-Hay represores tan metódicos que, después de quitarte el volante, te llevan en línea recta a empujones, con la disculpa de que no sabes girar.



-Quien nace en cuna de oro, lo hace en un pozo, y quien nace en cuna de madera, lo hace a ras de suelo. Por eso, el que no va en pos de una escalera (para su beneficio), va detrás de un beneficio (para su carencia), pero todo el mundo nace disminuido de algún modo.



-Hay dos tipos de mujeres, las románticas y las fatales. Las románticas sólo abren las piernas para ti, si primero les abres tú su corazón, con palabras. Y las fatales sólo te abren su corazón, si primero les abres tú las piernas, con hechos. Y, en realidad, ambas mujeres son la misma.



-A quien le basta la materia, puede ponerle ruedas fácilmente. Pero el espíritu necesita el vuelo, pues lo que vuela en un avión es el diseño, y no el metal.



-En realidad no es que se mate, es que se acaba matando. Y el que acaba matando es como el que acaba perdiendo: no pierde porque apuesta, sino porque apuesta torpemente.



-El nihilista desengaña a muchos, con una lucidez insana. Pero no todos le hacen caso, con una sana ceguera. 



-El problema con el consumismo es que, donde más recursos hay, también hay más basura. Y donde la basura se amontona, se ve basura más que nada, aunque se vislumbre también (con dificultad) alguna perla. Y lo mismo sirve para la vulgarización del arte y otras cosas (como el exceso de información por vía digital).



-Si por una simple pepita de oro necesitas enfangarte hasta el cuello, no dejes de trabajar duro: eso no. Pero mejor busca el oro en otra parte.   



-Es sensato evitar lo que uno no desea, pero es humano desear lo que a uno no le daña.



-Dura más un ídolo moral (un santo, un héroe) que uno de otro tipo. Pero al final, aunque la histora los siga mencionando, todos los ídolos se olvidan como tales ídolos. Y no porque todos sean falsos, sino porque, en el fondo, todos son el mismo. Ya que su misión no estriba en perdurar en la memoria, sino en contribuir a que la memoria perdure.

  

-En el fondo, hay tanta razón en el escéptico como en el esperanzado. Pero el escéptico tiene menos imaginación. Y eso le pierde, porque le quita perspectiva.



-Es cierto que el crimen (como cualquier mal) es un problema de autoestima. Pues, quien no se sabe amar a sí mismo de otra forma, se tiende a amar como verdugo (incluso de sí propio), y lo practica.



 -Si lo truculento tiene tanto público (en la ficción, en los diarios) es porque siempre resultará más llevadero anticiparse al miedo, que esperar a que te asalte por sorpresa. Y por eso el horror ficticio (novelesco) gusta más a los más jóvenes, porque todavía no han pasado miedo de verdad.



-Si el sentido común tropieza con el dogma religioso, es porque se supone que el "pecador" sí es imperfecto. Pero ocurre que el imperfecto sólo es pecador para el creyente. Y lo malo es que el creyente considera pecador (o sea: corrupto endémico) a cualquiera, ya sea su imperfección leve o enorme. Olvidando que la corrupción está dentro de uno, sí. Pero también está fuera, y no se puede separar una corrupción de otra, ya que se (retro) alimentan entre sí.



-¿El ser humano? Ni Rousseau ni Hobbes: los dos mezclados, pero con mayor dosis del segundo. Ni inocente cordero ni violento lobo: lobezno agresivo, no tan fiero siempre. O escurridizo zorro, que agrede por hambre y huye luego.  



-Las adicciones son tan necesarias como todo, lo que pasa es que es aún más necesario abandonarlas.



-Lo que caracteriza a la sangre es que alimenta, no que se herede o que circule, o que sea sucia o no. Y lo peor es que se derroche. Y todo eso se puede decir también sobre el dinero.



-Es difícil saber quién tiene la razón. Pero es más fácil saber quién no la tiene. Pues éste se delata cuando dibuja mal al enemigo, improvisando sobre la marcha los defectos que no sabe ver en él, aunque sí tenga defectos (como todo el mundo)



-Si no fuera ruinoso en vidas y dinero, lo mejor sería una catástrofe continua: desempleo nulo y solidaridad ciega a pico y pala.



-El ser humano es una fiera herida: peligroso, débil y curable.



-La unión hace la fuerza, y la desunión hace la fuerza en vano.



-Un pobre material, es un rico espiritual que no está muy convencido, que digamos.



-Lo natural no es quedarse ni irse. Lo natural es intentar quedarse.



-Sólo la paciencia estéril debilita, y la de los sabios no es estéril.



-El que se autodestruye a posta (por ejemplo, alcoholizándose) lo hace pensando en recobrarse alguna vez, aunque se suele olvidar de ello en el camino.



-La mejor manera de evitar la estafa, es rechazar todo lo que lo parezca, aunque sea honrado.



-Hay tres errores con la ideología política: el burgués de pensar que ya no existe, el pusilánime de avergonzarse de ella, y el fanático de convertirla en fetiche.



-El desengaño gradual es comprensible. Pero, quien se queda sin ilusión de pronto, es porque, primero, era un iluso.



-Como sabe cualquier educador, la persuasión nunca es inmediata, pues la razón es lo que sale por la boca cuando la sensatez entra en la cabeza. Pero nunca es lo que entra en la cabeza cuando la sensatez sale por la boca. Pues, por sí misma, la razón nunca convence. 



-En cada cucharada de realidad, hay algo de ficción. Y en cada cucharada de ficción, hay algo de realidad tambien. El reto es distinguir de qué materia está hecha la cuchara.



-Nadie va en silla de ruedas por capricho, aunque sentado vaya  cómodo. La comodidad no justifica el artificio, a no ser que la naturaleza falle. 



-La especulación atiborra librerías en épocas en que la ciencia se estanca.



-Las mujeres son como las medicinas: cuando eres niño, te dan asco. Pero de mayor, descubres que te salvan la vida. 



-Tres, sí son compañía, a veces. Y  otras veces la "multitud" son dos únicamente, cuando uno de ellos no para de hablar.



-La evidencia nunca miente, pero sólo tiene dos dimensiones, como un cuadro. Así que, para profundizar en ella, hay que atravesar paredes cual fantasma, aunque te rompas la cabeza.



-El miedo es la derrota de la imaginación, cuando la imaginación ya sólo sabe anticipar lo más terrible.



-El trabajo es la acción que progresa poco, y el progreso la acción que trabaja mucho.



-Cuando el trabajo (incluido el intelectual) se apila, lo primordial queda debajo a la larga. Y,  por fortuna, siempre hay algo o alguien que lo rescata incólume de allí.



-El dinero es necesario, pero trabajar no sólo es ganar dinero. Y, sin embargo, sólo se llama “trabajador” a quien lo gana, y sólo “obrero” a quien cobra poco, cuando el obrero siempre es quien más trabaja.



 -La filosofía es el resto de razón que sobrevive a su inclusión en el catecismo de una secta.



-Pese a la convicción común en contra (y los "sabios" consejos paternos) la de artista es la profesión más segura para sobrevivir en caso extremo. Un violinista en paro puede tocar en la calle, por monedas, mientras encuentra trabajo en una orquesta. Pero un albañil desempleado no se pude poner con la paleta y el cemento en una esquina (salvo que la quiera arreglar gratis).



-Quien tiene garras de crítico, no puede tener alas de poeta. Aunque (por fría imitación) escriba algunos buenos versos. 



-El loco es un actor que vive encadenado a su papel, y el actor es un loco que únicamente se libera de su locura al actuar.



-Un crítico inmisericorde, sí que podría hacer él la misma obra que critica crudamente, y con sus propias manos, de hecho. Pero la haría tan perfecta (plana, fría) que dejaría de ser arte.



-La “estrategia punitiva” (imperialista) es la “fundamentada en” la fuerza del castigo, lo use legalmente o no. Y tiene como resultado la imposición, la tiranía. La “estrategia normativa” (revolucionaria) es la “fundamentada en” la fuerza de la ley, la imponga con ayuda del castigo o no. Y tiene como resultado el aprendizaje, la pedagogía social. 





-La mentira siempre se defendió desde los púlpitos. Lo que pasa es que, por fortuna, siempre ha habido más sacerdotes fuera de los periódicos que dentro. (Sacerdotes de sotana, sin comillas. Pero también de vocación política sectaria, con ellas). 





-La razón alcanza la verdad muy pronto, pero, por eso mismo, nunca profundiza. El que evita irse por las ramas, ahorra tiempo, pero lo pierde si no cambia de tronco. Pues, a veces, es mejor irse por las ramas si es que en ellas está el fruto, aunque no sepas volver.









© Bonifacio Álvarez Gutiérrez. 








 





 













































 

















      





























































































































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