domingo, 19 de febrero de 2017

Anécdotas de domingo

                                                                         

Anécdotas curiosas de escritores y personajes célebres. Que las disfruten.




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 Cuentan que Jean Cocteau (1889-1963) , el polifacético pintor, escritor y cineasta francés, se encontraba tomando un café en una tertulia. En plena discusión acerca de la naturaleza metafísica del cielo y el infierno del catolicismo. Por su parte, él asistía a aquella disputa bizantina como quien ve un  partido de tenis, mirando a un lado y otro y en apariencia ajeno a la refriega, sin decir palabra. Al final, un contertulio le animó a que aportase de una vez su opinión propia a la polémica. A lo cual Cocteau respondió con fría equidistancia. Es fácil imaginárselo aspirando largamente su cigarro, con una concentración serena en su semblante afilado cuando dijo:

-¿El cielo y el infierno? Me da igual ese tema. En realidad, tengo amigos en los dos lados...   





  


Mucho antes de la ley antitabaco

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William Maxwell Aitken (1879-1964) fue un escritor canadiense, ex-banquero y magnate de la prensa. Conocido por abandonar sin más la banca canadiense en la que era directivo  (y Canadá entera de paso, que es muy grande) para dedicarse a la política y al periodismo -las dos cosas- al otro lado del "charco", en Inglaterra. O sea: lo que se dice un tránsfuga de sí mismo, y todo un cúmulo de incompatibilidades. Y también una "puerta giratoria" del tamaño de las Columnas de Hércules (las que criticamos hoy día son un molinete cutre del metro, en comparación) 

Se cuenta de él una conocida historia, que algunos atribuyen a otros escritores, no obstante.
Al parecer, le preguntó a una actriz célebre si se acostaría con un hombre por seis millones de libras. Ella dijo "por supuesto". A lo que él replicó "¿y por solo seis libras?". La actriz respondió, ofendida: "Claro que no, ¿por quién me toma usted?". La réplica del magnate fue demoledora: "Ya se ha definido usted misma muy bien, se lo agradezco. Conocido el hecho, solo me restaba determinar el grado"     
                                                               
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El poeta y médico Rafael Duyos (1906-1983) tuvo un momento de nostalgia al recordad su tierra natal, Valencia. Al oirle suspirar con tanta morriña por "la tierra de las flores, de la luz y del amor"(para los despistados, eso no es un verso suyo), la bailaora Pastora Imperio le preguntó si de verdad él era de ahí. El asintió, orgulloso.

Y entonces la arcádica Pastora, que se hizo célebre por encandilar al público en los teatros y en films como "María de la O" (y no por deleitar con su planta-punta-tacón-golpe, a las ovejas), improvisó una réplica casi tan redonda como la "o" mayúscula de la tal María: 

"Ay hijo -le espetó al poeta- y yo que creí que tú eras de allí abajo, de donde nace la gente"

Por cierto, parece ser que Duyos dejó la medicina para dedicarse plenamente a la poesía (debía tener buenos ahorros). Así que quizá lo de “la gente que nace allá abajo” se lo dijo la Pastora justo por eso, porque pensó que él era ginecólogo. No sé.

   Aunque el gracejo inopinado de la bailaora, no está a la altura de la celebérrima ocurrencia de su cónyuge, el torero Rafael "El gallo". Aquella tan cacareada (nunca mejor dicho) de: "hay gente pa' to", durante su encuentro con el filósofo Ortega. Cuando le dijeron al torero que el tal Ortega era eso, un filósofo, y no un repartidor de butano (por decir algo). 

Aunque también hay un Ortega torero (vaya lío).

O quizá fue con Gasset la cosa, a fin de cuentas. No recuerdo bien cual era de los dos (este chiste malo es igual de viejo que la anécdota, disculpen)





El del puro es el filósofo. O no.



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El director de orquesta Leopoldo Stokowski escuchó pacientemente el concierto de piano de una aficionada. Al terminar, comentó a su padre: "Enhorabuena. Su hija toca siguiendo los evangelios". El padre, le preguntó, emocionado "¿Quiere decir con espiritualidad?". A lo que el célebre director respondió con sorna "No.Quiero decir que su mano derecha no sabe lo que hace su mano izquierda"

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¿Por qué sigue usted soltero a sus años?, le preguntaron al actor Maurice Chevalier. "Bueno -contestó tranquilamente- me gusta poder escoger por qué lado de la cama levantarme"                                                                                                  
                                                            * * *  

Un periodista le dijo a Gandhi: “¿Qué opina de la civilización occidental?”. A lo que éste replicó: “Creo que es una buena idea”.

                  
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 El cómico de Broadway Eddie Cantor, envió un sarcástico telegrama a unos amigos judíos que acababan de tener un hijo varón: "Enhorabuena por su reciente producción. Estoy seguro que mejorará mucho después de haber sido cortada"                                                     
                                                     
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El dramaturgo Marcos Zapata se sometió a un examen de leyes, donde le acribillaban a preguntas. Con el nerviosismo, falló muchas de ellas. Así que el examinador le critió diciendo: « Ha dado usted una en el clavo y tres en la herradura ». A lo que Zapata respondió: «Si se hubiera estado usted un poco quieto...»

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Joseph Lieutaud, médico personal de Luis XVI, recibió un elogio del propio monarca: "Estoy seguro que con su conocimiento de la anatomía humana, podría usted curar cualquier enfermedad", le dijo el rey. 

El doctor, muy humilde, contestó: "Majestad, en realidad yo soy como un sereno. Conozco bien todas las calles, pero no sé lo que sucede dentro de las casas".

                                                          * * *
A punto de abandonar Argentina tras un breve viaje, el escritor Jacinto Benavente vio su foto en la sección de cultura de un diario local. Pero muy pequeña en una esquina, junto a otra enorme de un caballo de carreras que ocupaba media página. Un periodista de dicho diario le preguntó entonces: "¿Piensa volver pronto a Argentina?". El dramaturgo y premio Nobel le contestó, molesto: "Sí, claro que lo haré. Cuando sea caballo". 
                                                             

Joaquín Sorolla, pintando un jacinto.

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Cierta vez, José Zorrilla alquiló una casa de campo en una villa de las afueras de Madrid, para aislarse allí y buscar inspiración en su trabajo. Los vecinos del lugar estaban intrigados por saber quién era aquel nuevo y esquivo inquilino venido del mismo centro de la capital. Uno de ellos no aguantó la curiosidad por más tiempo, y abrió una carta lacrada destinada al escritor, para conseguir información.

La misiva decía (más o menos): "Querido José. Creo que es mejor que no mates al alcalde con veneno. Bastará que le administres un sedante. Atentamente, tu amigo JD"

 Horrorizado, el indiscreto lugareño acudió carta en mano al ayuntamiento, para alertar al alcalde del pueblo sobre la conspiración urdida en su contra.

Zorrilla fue detenido, y tuvo que demostrar que el alcalde de la carta no era uno de verdad. Sino un personaje de la obra que había ido allí a escribir, sobre el cual pidió consejo a su amigo.

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El pintor alemá Hans Thoma era conocido por su proverbial machismo. En un aula de arte, afirmó: "las mujeres pintoras quitan el trabajo a los hombres". Y añadió: "Además, ya desde que estudian arte, son un serio problema. Pues con su presencia distraen a los alumnos masculinos". Una joven alumna del aula allí presente, se indignó y protestó airadamente contra el exabrupto. A lo que Thoma, genio y figura, contestó tan friamente: "No se dé por aludida, señorita. Con lo de distraer, me refiero a las que son guapas"                                                  
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Hermann Von Stein, general y ministro de guerra prusiano durante la I Guerra Mundial, tenía la costumbre de supervisar personalmente el menú de sus tropas. Una vez vio a un par de cocineros cargando con una olla enorme y les detuvo. Sin dejarles hablar, tomo un cucharón para probar el contenido del recipiente, que escupió en el acto. "¿Qué porquería es esta? ¡Sabe a agua de fregar los platos!" exclamó, asqueado. A lo que uno de los cocineros contesto, lacónico: "Excelencia, efectivamente es agua de fregar los platos"                

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Un rival político le espetó a Abraham Lincoln: “Tiene usted dos caras”.  A lo que éste respondió: “¿En serio? ¿Cree que si tuviese dos caras usaría esta?"
                                                                                  
                                                                                   *  *  *

Un periodista le dijo a Stephen Hawking: "Afirma usted que puede haber millones de universos paralelos casi idénticos, con pequeñas diferencias. ¿Quiere decir que existe un universo donde yo soy más inteligente que usted?"

A lo que el científico respondió: "Sí, y también uno donde usted es gracioso". 

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Un joven poeta, le pidió una opinión sobre sus poemas al periodista y dramaturgo Tristán Bernard. Éste le dijo: «Mire joven, hay dos de sus poemas que ni un Baudelaire ni un Goethe hubieran podidio escribir». El poeta, emocionado, le preguntó: «¿Ah sí? ¿Y eso por qué?». A lo que Bernard respondió: «Pues porque uno trata sobre la radio y otro sobre el cine»

En otra ocasión, durante una tertulia literaria, se hablaba sobre el matemático Pascal. Alguien mencionó que éste recurría a inventar problemas matemáticos para aliviar sus dolores de cabeza. Entonces, Tristán Bernard dijo con sarcasmo: «Cuando yo iba a la escuela, hacía lo contrario. Me inventaba dolores de cabeza para olvidar los problemas matemáticos»

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El dramaturgo Bernard Shaw le dijo a Winston Churchill, con inquina: “Le reservaré dos entradas para el estreno de mi nueva obra. Así podrá ir con un amigo, si es que tiene alguno”. A lo que el célebre estadista, replicó: “Al estreno no puedo, tengo un compromiso. Iré a la segunda función, si es que existe”.

                                                                         
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El músico Jean Sibelius disfrutaba una excursión campestre acompañado de un viejo amigo. Animado por lo bucólico del ambiente, exclamó: «¡No hay mejor orquesta que el armonioso canto de los pájaros!». De repente pasó un cuervo, graznando. Sin inmutarse mucho, le comentó a su amigo: «Mira, ahí va un crítico».


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 A Alejandro Dumas (padre), alguien le felicitó erróneamente por una obra de su hijo. A lo que éste respondió, muy chusco: «Yo no soy el autor de esa obra, disculpe. Yo soy el autor del autor».

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Salvador Dalí y su esposa Gala disfrutaban una nueva y bonita mansión, a la que afeaba una caldera horrible. Ella le sugirió al célebre artista: «Oye, ¿no podrías pintar algo para disimularla?». A lo que él respondió pintando la caldera misma, que cubrió de brochazos.

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Cierto músico amateur le dijo a Mozart:
—Tengo pensado componer una sinfonía. ¿Qué me aconseja al respecto?
—Una sinfonía es algo muy complejo —le replicó Mozart—. Mejor empiece usted con algo más sencillo.
—Bueno, pero usted ya escribía sinfonías de niño —Insistió el músico aspirante.
—Sí, pero yo no le pregunté a nadie cómo hacerlo —Fue la demoledora respuesta.


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El escritor noruego y Premio Nobel de Literatura Bjornstjerne Bjornson (a quien ya nunca se le resistió su oficio una vez que aprendió a escribir su nombre bien), se encontraba en el antiguo y muy pequeño ducado alemán de Sajonia-Meiningen, trabajando en una obra de teatro. El Duque en persona discutió fuertemente con él. Y decidió expulsarle de su feudo, diciendo: «Tiene usted sólo 24 horas para abandonar mi territorio». A lo que el dramaturgo contestó, muy fríamente: «Descuide, en sólo media hora lo habré cruzado a pie».   
                 
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El filósofo Diógenes de Sinope, fue sorprendido masturbándose en público como si tal cosa. Alguien le afeó tan grosera actitud, diciendo: «¡Deje de hacer eso! ¡No está bien!" A lo que el filósofo contestó, muy pragmático: «Se equivoca, sí está bien. Ojalá me pudiese quitar el hambre frotándome la barriga»                                                           

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La esposa del escritor William D. Howells contrató a una empleada doméstica. Ésta veía que el buen señor se pasaba día tras día sin salir de casa, metido en su despacho escribiendo. Compadecida y sin entender bien, se acercó a quien la había contratado: «Señora, he observado que el señor se pasa en casa todo el día. Estoy dispuesta a que me bajen un poco el salario hasta que él encuentre empleo»

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En 1955, Willian Faulkner viajó a Japón para dar unas conferencias. En un momento de relajo, se explayó contando una larguísima anécdota al auditorio nativo. El traductor local, redujo ésta a una sola frase escueta en japonés... Extrañado, Faulkner le preguntó: «¿Cómo lo ha podido abreviar tanto?». A lo que el otro contestó:«Lo que yo he dicho es: El señor Faulkner acaba de contar algo muy gracioso. Ríanse por cortesía, por favor»

«En este blog es verdadera devoción lo que hay por Faulkner»



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A Pío Baroja una señora le contó la grave enfermedad de su marido: «¿Debería tener esperanza?», concluyó ésta, tras exponer el caso. «Bueno, eso depende de lo que espere usted», le contestó el (siempre escéptico) escritor.
                 
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El actor germano Joseph Giampietro era conocido por sus multitud de amantes. En una ocasión, un amigo le vio muy angustiado y le preguntó qué le pasaba. «Pues que he recibido la carta de un marido celoso, amenazándome de muerte si no me alejo de su mujer», replicó él. El amigo respondió: «Siendo así, es mejor que le hagas caso». A lo que Giampietro replicó, con zozobra: «Claro, pero ¿de qué mujer me alejo? ¡La maldita carta es anónima!»

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A la actriz Celia Gámez le robaron sus efectos más personales en el camerino: joyas, fotos, maquillaje... Un policía comentó: «Creo que este robo no es obra de un profesional». A lo que ella replicó, con serena ironía: «Un profesional no sé. Pero seguro que es un gran aficionado».

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El conde de Sandwich, famoso por el emparedado que nadie llama emparedado, le dijo a su oponente, el parlamentario John Wilks: “Está claro que usted morirá en el patíbulo o de sífilis”. A lo que su rival político replicó: “Eso depende de si abrazo sus principios o a su amante”.

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Thomas Alba Edison tenía una forma curiosa de seleccionar a sus empleados. Les invitaba a comer, y dejaba siempre un salero junto al plato del aspirante al puesto. Si éste se servía sal sin probar antes el guiso, Edison le descartaba de inmediato. Razonando que, alguien que presuponía las cosas sin comprobarlas antes, no era idóneo para trabajar bajo su mando.

Faltaría saber si les dejaba terminar antes la comida, al menos...


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El filósofo Aristipo de Cirene se encontraba a bordo de un barco que zozobraba en medio de una terrible tormenta. Un marinero advirtió su pánico y le dijo: «¿Cómo un hombre tan sabio como usted teme morir, y yo que soy un ignorante mantengo la calma?» A lo que él respondió cínicamente: «Usted mismo lo ha dicho. No todas las vidas son iguales. Si mi vida fuera tan insignificante como la suya, tampoco me importaría perderla»

                                         
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Ana de Austria decidió expulsar de la corte a una dama conocida por su promiscuidad. Así que le sugirió elegir convento. Con toda su malicia, ella respondió: «Envíeme a uno de hermanos franciscanos»






 


4 comentarios:

  1. Grande, Bonifacio, menuda colección de anécdotas de lo más delirantes. He viajado al pasado, tan enriquecedor siempre, aunque sea por unos momentos ( y no es un juego de palabras).

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  2. Gracias Sergio. Nunca se sabe si ese tipo de anécdotas (que voy recopilando) son apócrifas o no. Aunque sospecho que una buena parte sí es verídica, porque muchas cuadran bien con la personalidad particular de quien las protagoniza. Como la de Dalí (hablando de delirios) pintando a brochazos la caldera literalmente.

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  3. Por continuar en tu blogs,me ha encantado el anecdotario y los aforismos,que utilizaré con tu venía y citandote en alguna entradilla de mi Blog.Las otras secciones son muy interesantes.Un placer leerte,Bonifacio.

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  4. Puedes utilizar y citar lo que desees, será un honor. Al contrario que las anécdotas ajenas (que son recopiladas de memoria y de diversas fuentes),los aforismos son de cuño propio, y voy formando un libro con ellos poco a poco. Me alegra que te gusten. El placer es mutuo.

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