viernes, 11 de noviembre de 2016

Bailemos y pensemos



Los imperios de antes eran expansión pura, y morían de hipertrofia. Los de ahora, son como dragones con narcolepsia. Que a ratos duermen y, a ratos, sueltan una llamarada (preparémonos)

Esa alternancia la deciden las urnas, hoy día. Y lo saturados que estén los arsenales.

Los colonos han vuelto a poner las caravanas en círculo, esta vez, para disparar a los "indios".

Cada cierto tiempo hacen eso. Y en el fondo, esa es su idiosincrasia.

Aunque no todos se atrincheran así, en círculo, en aquellas tierras del Oeste. Algunos toman el camino recto siguiendo la vía del tren, con el hatillo al hombro. Buscándose la vida, como en todas partes. Mientras en el horizonte el sol del imperio (del "sueño americano") se va poniendo poco a poco. O no.


Pero tienen cosas buenas "los americanos", que diría Berlanga con sutil condescendencia. Por ejemplo justo eso, el cine. Recuerdo vagamente la escena de una película, no sé cual fue en concreto. La típica, donde oficiales en impecable uniforme bailaban con sus novias antes de irse a la guerra. En un paréntesis ambiguo, idílico y tenso a la vez. O antes de volver a ella, no sé bien... (las lagunas de memoria pueden ser irónicas a veces)

Viene también a mi mente otra escena -nada ficticia ésta, aunque sí relacionada- de un telediario de hace ya dos décadas, durante la guerra de Bosnia. En un refugio antiaéreo, unos cristianos improvisaban un belén en una esquina, y ponían sencillísimos adornos navideños hechos con despojos. Inasequibles al desánimo, aunque les estuviese lloviendo el mundo encima.






Creo que, entre una cosa y otra, se me fraguó en la mente un aforismo, que se puede leer aquí con otros míos:

http://paraguascongoteras.blogspot.com.es/p/blog-page_30.html



 No todo se resuelve con ponerse a bailar, pero es mucho peor no hacerlo. Pues, mientras bailas, puedes pensar bien, si quieres. Pero, mientras piensas, bailar es imposible.
 

Pues eso mismo: bailad, bailad, malditos. Y pensad mucho, también. No dejéis nunca de hacer esas dos cosas. Ninguna de las dos. Aunque pinten bastos.



Gene Kelly, sin bailar (y sin paraguas)








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